La Oración
El secreto de la verdadera oración es olvidarte de las cosas que crees que necesitas. ²Pedir algo específico es igual que ver el pecado primero y luego perdonarlo. ³Del mismo modo, al orar pasas por alto tus necesidades específicas tal como las ves, y las dejas en Manos de Dios. ⁴Ahí se convierten en los regalos que Le haces, pues Le dicen que no antepondrás otros dioses a Él y que no quieres otro amor que el Suyo. ⁵¿Cuál podría ser Su respuesta sino tu recuerdo de Él? ⁶¿Puede esto cambiarse por un insignificante consejillo para un problema de apenas un instante de duración? ⁷La respuesta de Dios es para toda la eternidad. ⁸Sin embargo, todas las pequeñas respuestas están contenidas en ella.
O.I.4:1-8
La oración no tiene principio ni fin. ²Es parte de la vida. ³Pero cambia de forma y crece a medida que uno va aprendiendo, hasta que alcanza su estado amorfo y se funde en una comunicación total con Dios. ⁴En su aspecto peticionario no necesita apelar a Dios -que de hecho rara vez lo hace- y ni siquiera entraña creencia alguna en Él. ⁵En estos niveles la oración es un simple desear, que surge de un sentido de carencia y escasez.
O.II.1:1-5
La culpa se debe abandonar, no ocultar.
O.III.4:1
Así pues, en estos niveles la meta del aprendizaje no es otra que reconocer que la respuesta a cualquier oración será idéntica a la forma en que la oración se hizo. ²Eso es suficiente. ³A partir de ahí el paso a los siguientes niveles será fácil. ⁴El próximo ascenso comienza con esto:
⁵Lo que he pedido para mi hermano no lo querría para mí.
⁶Por lo tanto, lo he convertido en mi enemigo.
⁷Es evidente que este paso no lo puede dar quien no ve la liberación de otros como algo ventajoso y de valor para sí mismo. ⁸Puede aplazarse por largo tiempo porque puede parecer peligroso en lugar de compasivo. ⁹Para los culpables ciertamente parece una ventaja tener enemigos, y este imaginado beneficio debe desaparecer si es que se ha de liberar a los enemigos.
O.III.3