Pregunta 8 ¿Qué es el mundo real?

“Con lentitud, constancia y amabilidad se gana esta carrera” Ken Wapnick
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PREGUNTA 8

¿Qué es el mundo real?


1. El mundo real es un símbolo, como todo lo demás que la percepción ofrece. ²No obstante, es lo opuesto a lo que tú fabricaste. ³Ves tu mundo a través de los ojos del miedo, lo cual te trae a la mente los testigos del terror. ⁴El mundo real sólo lo pueden percibir los ojos que han sido bendecidos por el perdón, los cuales, por consiguiente, ven un mundo donde el terror es imposible y donde no se puede encontrar ningún testigo del miedo.


2. El mundo real te ofrece una contrapartida para cada pensamiento de infelicidad que se ve reflejado en tu mundo, una corrección segura para las escenas de miedo y los clamores de batalla que lo pueblan. ²El mundo real muestra un mundo que se contempla de otra manera: a través de ojos serenos y de una mente en paz. ³Allí sólo hay reposo. ⁴No se oyen gritos de dolor o de pesar, pues allí nada está excluido del perdón. ⁵Y las escenas que se ven son apacibles, ⁶puesto que sólo escenas y sonidos felices pueden llegar hasta la mente que se ha perdonado a sí misma.


3. ¿Qué necesidad tiene dicha mente de pensamientos de muerte, asesinato o ataque? ²¿De qué puede sentirse rodeada sino de seguridad, amor y dicha? ³¿Qué podría haber que ella quisiese condenar? ⁴¿Y contra qué querría juzgar? ⁵El mundo que ve emana de una mente que está en paz consigo misma. ⁶No ve peligro en nada de lo que contempla, pues es bondadosa, y lo único que ve es bondad.


4. El mundo real es el símbolo de que al sueño de pecado y culpabilidad le ha llegado su fin y de que el Hijo de Dios ha despertado. ²Y sus ojos, abiertos ahora, perciben el inequívoco reflejo del Amor de su Padre, la infalible promesa de que ha sido redimido. ³El mundo real representa el final del tiempo, pues cuando se percibe, el tiempo no tiene razón de ser.


5. El Espíritu Santo no tiene necesidad del tiempo una vez que éste ha servido el propósito que Él le había asignado. ²Ahora espera un solo instante más para que Dios dé el paso final y el tiempo desaparezca llevándose consigo la percepción y dejando solamente a la verdad para que sea tal como es. ³Ese instante es nuestro objetivo, pues en él yace el recuerdo de Dios. ⁴Y según contemplamos un mundo perdonado, Él es Quien nos llama y nos viene a buscar para llevarnos a casa, recordándonos nuestra Identidad, la cual nos ha sido restaurada mediante nuestro perdón.


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Lectura por Mariano Noé

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Comentario por Jorge Luis Álvarez Castañeda

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Comentario por Jorge Luis Álvarez Castañeda

Jesús, nos dice en el tema de especial relevancia 8. ¿Qué es el mundo real?: “El mundo real es un símbolo, como todo lo demás que la percepción ofrece. No obstante, es lo opuesto a lo que tú fabricaste. Ves tu mundo a través de los ojos del miedo, lo cual te trae a la mente los testigos del terror”.

El mundo real es un símbolo, como todos los símbolos que surgen con la percepción que implican separación, donde hay un sujeto que percibe y un objeto percibido. En el Conocimiento, no hay símbolos, sólo existe la perfecta Unidad del Cielo. El Conocimiento es el mundo de Dios y Su Creación. Es no-dualista. El conocimiento para el mundo del ego implica la percepción donde hay un sujeto que percibe y un objeto que es percibido, es decir, implica separación.

El mundo real, como símbolo, refleja la realidad del Cielo, la perfecta santidad que no tiene nada que ver con el mundo de conflicto que hemos fabricado con el ego. En el instante santo podemos acercarnos a dicha santidad para no seguir viendo este mundo del ego con los ojos del terror y de la culpa del ego. Con la visión de Cristo podremos acercarnos al mundo real de tal manera que podamos decir como en la lección 291 Éste es un día de sosiego y de paz.

Continúa Jesús: ”El mundo real sólo lo pueden percibir los ojos que han sido bendecidos por el perdón, los cuales, por consiguiente, ven un mundo donde el terror es imposible y donde no se puede encontrar ningún testigo del miedo”.

Cuando perdonamos, sanamos nuestra mente. Aceptamos que no hay nada que perdonar sino nuestras propias interpretaciones con las cuales nos separamos de nuestros hermanos: nos aferramos al pasado; a los resentimientos; exageramos, los supuestos, errores del hermano y no vemos al hermano en el presente. El Espíritu Santo y Jesús, nos ayudan a ver en las, supuestas, agresiones del hermano, únicamente peticiones de ayuda que requieren de nosotros expresiones de amor, de bondad, de amabilidad, de unidad. Esto se logra mediante el perdón.

Se trata, no de cambiar el mundo, sino de adquirir una manera diferente de verlo basada en la paz, el amor, la bondad, la unidad, en la confianza, en la certeza de que Dios siempre nos acompaña. Esto se logra mediante el completo perdón del mundo que contemplo sin perdonar.

Continúa Jesús diciéndonos: ”El mundo real te ofrece una contrapartida para cada pensamiento de infelicidad que se ve reflejado en tu mundo, una corrección segura para las escenas de miedo y los clamores de batalla que lo pueblan”.

Cuando creímos separarnos de Dios, Él creo al Espíritu Santo, para que nos ayude a encontrar una contrapartida a todos los pensamientos de conflicto del ego y lo transforme en pensamientos amorosos. Podemos eliminar, con su ayuda, los pensamientos que nos limitan y estar seguros de que El miedo ya se acabó y lo único que hay aquí es amor, como vimos en la lección 293. Esto nos llevará a la felicidad que da el mundo real al aceptar la Voluntad de Dios que quiere para nosotros perfecta felicidad. Es lo que obtenemos cuando aceptamos nuestra verdadera identidad como Hijos de Dios.

Continúa Jesús: ”El mundo real muestra un mundo que se contempla de otra manera: a través de ojos serenos y de una mente en paz. Allí sólo hay reposo. No se oyen gritos de dolor o de pesar, pues allí nada está excluido del perdón. Y las escenas que se ven son apacibles, puesto que sólo escenas y sonidos felices pueden llegar hasta la mente que se ha perdonado a sí misma”.

En el mundo real no hay conflicto, nadie sufre ningún tipo de pérdida, nadie es excluido del perdón porque has perdonado a todo el mundo. No hay resentimientos ni juicios. Las escenas que se ven en el mundo real son apacibles, nos dice, Jesús, porque la mente, únicamente, tiene pensamientos amorosos y, con base en ellos, es como se ve al mundo y a sus hermanos. Si en sus hermanos hay gritos de dolor o de ataque los considera como peticiones de ayuda que se apresta a perdonar y a ayudar desde la paz y el amor.

Continúa Jesús: ”¿Qué necesidad tiene dicha mente de pensamientos de muerte, asesinato o ataque? ¿De qué puede sentirse rodeada sino de seguridad, amor y dicha? ¿Qué podría haber que ella quisiese condenar? ¿Y contra qué querría juzgar?”

La mente que está en el mundo real, que ha perdonado, que se ha sanado con la visión de Cristo no ve odio por ninguna parte porque el odio es una ilusión. Es un miedo al amor y, por lo tanto, a Dios. Si camina con la visión de Cristo no hay nada que temer, no ve sino, en los, supuestos, ataques de sus hermanos peticiones de ayuda y de amor, peticiones a las que responde con expresiones de amor y de ayuda.

En el mundo real no hay nada que condenar ni juzgar, nos dice Jesús. Si veo en mis hermanos al Hijo de Dios no veré sino unidad. No necesito juzgar para mantener la separación y causar dolor. Sólo habrá todas las bondades de la Paz y del Amor de Dios: respeto, tolerancia, bondad, no habrá culpa ni miedo, ni sacrificio y sufrimiento sólo unidad, confianza, honestidad, fe... Todas las cualidades que el Espíritu Santo nos está ayudando a recordar por nuestra condición de Hijos de Dios y esto lo hacemos con nuestros hermanos como Jesús nos ha enseñado en la lección 266: ”Padre, me diste todos Tus Hijos para que fuesen mis salvadores y mis consejeros de visión”. L-266. 1:1

Continúa Jesús: ”El mundo que ve emana de una mente que está en paz consigo misma. No ve peligro en nada de lo que contempla, pues es bondadosa, y lo único que ve es bondad”.

Cuando se está en el mundo real se está en paz porque se ha perdonado la culpa de la creencia en la separación de Dios y lo que prima es la visión de la inocencia suya, y, de sus hermanos. Se ve inocente y, por lo tanto, no hay nada que temer: puede mirar a sus hermanos y al mundo desde la perspectiva de un mundo perdonado. Admite al Espíritu Santo y a Jesús como los guías que lo orientan en la nueva percepción que lo acompaña, expresión de los cambios a favor de Dios que se han experimentado en su mente, por eso, su nueva percepción le muestra un mundo perdonado, en el cual no hay nada que temer.

Nos dice Jesús: ”El mundo real es el símbolo de que al sueño de pecado y culpabilidad le ha llegado su fin y de que el Hijo de Dios ha despertado. Y sus ojos, abiertos ahora, perciben el inequívoco reflejo del Amor de su Padre, la infalible promesa de que ha sido redimido”.

En el mundo real se abandona la culpabilidad que busca conservar el pasado y el futuro en tu mente, al igual que la condenación así misma, para que el ego siga persistiendo. El Espíritu Santo te ayudará a escapar de la culpabilidad y dicho escape no es otra cosa que la salvación. El pecado no es sino una falta de amor. Es una equivocación que nos negamos a corregir, una petición de ayuda que no queremos oír. El pecado se ataca con el castigo y, de esa manera, se perpetúa. Para el ego, cometemos pecados que merecen castigos. Para el Espíritu Santo, cometemos errores que pueden ser corregidos con el Espíritu Santo. El mundo real es el regalo del Espíritu Santo con el cual sanamos nuestra mente y reconocemos que el pecado y la culpabilidad son sólo ilusiones que se superan aceptando la verdad de lo que somos como Hijos de Dios.

Nos dice Jesús: ”El mundo real representa el final del tiempo, pues cuando se percibe, el tiempo no tiene razón de ser”.

El tiempo, como invención del ego para mantener la creencia en la separación de Dios, en el mundo real, deja de percibirse. Hay una unión con Dios y nuestros hermanos, dejando el pasado y el futuro y centrándose en el ahora. Esto lo aclara Jesús en el capítulo 5 sección III: ”El tiempo es una creencia del ego, por lo tanto, la mente inferior – el dominio del ego – la acepta sin reservas. El único aspecto del tiempo que es eterno es el ahora.” T-5.III.6:4-5. Estando en el ahora, con la guía del Espíritu Santo y de Jesús, y, valiéndonos del perdón, se producen los milagros en el ahora y dejamos de preocuparnos por la culpabilidad del pasado y el miedo del futuro.

Nos dice Jesús: ”El Espíritu Santo no tiene necesidad del tiempo una vez que éste ha servido el propósito que Él le había asignado. Ahora espera un solo instante más para que Dios dé el paso final y el tiempo desaparezca llevándose consigo la percepción y dejando solamente a la verdad para que sea tal como es”.

Este mundo es un aula de aprendizaje para aprender a perdonar, a deshacer la creencia en el ego. El tiempo desaparecerá cuando ya no facilite dicho aprendizaje y el Hijo de Dios haya avanzado en el proceso de perdón y de la aceptación de la Expiación para sí mismo. En ese último paso, el mundo real desaparece, Dios nos eleva al Cielo porque se ha recuperado el recuerdo de Dios. Esto implica que todas las resistencias al Amor de Dios hayan desaparecido y acepte plenamente que la santidad eterna mora en el Hijo de Dios, como se vio en la lección 299 La santidad eterna mora en mí.

Finalmente nos dice Jesús: ”Ese instante es nuestro objetivo, pues en él yace el recuerdo de Dios. Y según contemplamos un mundo perdonado, Él es Quien nos llama y nos viene a buscar para llevarnos a casa, recordándonos nuestra Identidad, la cual nos ha sido restaurada mediante nuestro perdón”.

Para llegar a este último paso que da Dios para llevarnos al Cielo necesitamos haber avanzado, con la ayuda del Espíritu Santo y de Jesús, en el proceso de perdón y aceptación de la Expiación para nosotros mismos. Estaremos en nuestra mente recta y Dios nos conducirá al Cielo cuando no tengamos resistencias a la salvación.


Jorge Luis Álvarez Castañeda L-pII.8 www.celebrandoelmilagro.com

Pregunta 8 Comentada por Kenneth Wapnick

¿Qué es el mundo real?

El objetivo final de Un Curso de Milagros es el logro del mundo real, donde todo aprendizaje conduce y termina a medida que el sistema de pensamiento del ego se desvanece en la nada. En el mundo real no hay nada más que aprender, porque el verdadero aprendizaje es desaprender todo lo que el ego nos había enseñado:

... La función de los maestros de Dios es llevar al mundo el verdadero aprendizaje. Propiamente dicho, lo que llevan es un desaprendizaje, que es a lo único que se le puede llamar "verdadero aprendizaje" en este mundo. (M-4.X.3: 6-7).

Cuando hemos completado este proceso de desaprender o deshacer, el sistema de pensamiento del ego simplemente desaparece, y lo que queda es el estado mental que llamamos el mundo real.

(1: 1-2) «El mundo real es un símbolo, como todo lo demás que la percepción ofrece. No obstante, es lo opuesto a lo que tú fabricaste.»

En el texto, Jesús explica que el término «mundo real» es, en efecto, un oxímoron, porque «no» es real:

...hay una contradicción en esto, en el sentido de que las palabras implican la idea de una realidad limitada, una verdad parcial, un segmento del universo hecho realidad. (T-26.III.3: 3).

El mundo, visto a través de los ojos de perdón, refleja la realidad del Cielo. De manera similar, Jesús nos dice que la santidad no es posible aquí, sin embargo, se nos pide que elijamos un instante «santo» y que permitamos que nuestras relaciones se transformen en «santas», que luego reflejan la santidad de nuestra relación con Dios, un proceso descrito en “El reflejo de la santidad”:

En este mundo puedes convertirte en un espejo inmaculado, en el que la santidad de tu Creador se refleje desde ti hacia todo lo que te rodea. Puedes ser el reflejo del Cielo aquí. Pero el espejo que desee reflejar a Dios no puede albergar imágenes de otros dioses que lo empañen. La tierra puede reflejar el Cielo o el infierno; a Dios o al ego. Lo único que necesitas hacer es mantener el espejo limpio y libre de toda imagen en la que se oculta la obscuridad que jamás hayas superpuesto sobre él. Dios brillará en él por Su cuenta. Sólo el claro reflejo de Dios puede ser percibido en dicho espejo. (T-14.IX.5).

Por lo tanto, se nos pide que seamos un reflejo de la santidad o la realidad en este mundo. Aunque el mundo real no existe en realidad, puede pensarse que es real en la medida en que "es lo opuesto a lo que tú fabricaste" - lo opuesto a todo lo que el ego nos ha dicho que es real. Es, pues, un estado mental que no contradice ni se opone a la verdad, sino que la refleja gentilmente.

(1: 3) «Ves tu mundo a través de los ojos del miedo, lo cual te trae a la mente los testigos del terror.»

Esto es obvio para nosotros a estas alturas. Nuestro mundo proviene de la culpa, que exige castigo - proyectamos la culpa y, por lo tanto, creemos que merecemos ser castigados por nuestro pecado:

La culpabilidad clama por castigo, y se le concede su petición. No en la realidad, sino en el mundo de ilusiones y sombras que se erige sobre el pecado. El Hijo de Dios percibió lo que quería ver porque la percepción es un deseo colmado. (T-26.VII.3: 1-3).

(1: 4) «El mundo real sólo lo pueden percibir los ojos que han sido bendecidos por el perdón, los cuales, consecuentemente, ven un mundo donde el terror es imposible y donde no se puede encontrar ningún testigo del miedo.»

Para subrayar lo que he dicho a lo largo de la última serie de lecciones, descubrir que nos hemos aferrado a los resentimientos indica que queremos el objetivo que trae la falta de perdón: impedirnos estar con Jesús, entrar en el mundo real, y darnos cuenta de que todo esto -incluyendo nuestras identidades individuales- es un sueño. Para proteger a nuestros yoes especiales, inventamos historias sobre las personas - las cosas terribles que nos han hecho a nosotros o a otros inocentes. Hacemos que otros compartan esa creencia, y cuantos más lo hagan, más acertados creemos que somos a medida que solidificamos nuestra defensa contra Jesús y sus enseñanzas. Nunca debemos perder de vista este propósito subyacente de nuestros juicios y enfermedades. Si lo hacemos, nunca podremos cambiarlo. Por lo tanto, un enfoque central de Un Curso de Milagros es que veamos el propósito del ego para todo - un propósito erróneo porque no nos hará felices. Por encima de todo, el objetivo del Curso es enseñarnos que hay un Maestro que nos ayudará a cambiar ese propósito de hacer daño a la curación.

(2: 1) «El mundo real te ofrece una contrapartida para cada pensamiento de infelicidad que se ve reflejado en tu mundo, una corrección segura para las escenas de miedo y los clamores de batalla que pueblan tu mundo.»

La corrección es el Espíritu Santo, Cuya Presencia representa la verdad de que la separación de Dios nunca ocurrió. Como el Espíritu Santo y Jesús representan el Amor de Dios en nuestros sueños, tampoco podemos separarnos de Ellos. Además, si la separación de Dios nunca sucedió, la dinámica de la mente separada no podría haber ocurrido. Por lo tanto, no es como si tuviéramos miles de millones de pensamientos infelices y felices en nuestras mentes. Hay una ilusión de miles de millones, pero en verdad la mente contiene solo un pensamiento infeliz y un pensamiento feliz. Mientras tengamos la ilusión de miles de millones de errores, sin embargo, tendremos la ilusión de miles de millones de correcciones. Una vez más, hay un solo error y una sola corrección, como leemos en este importante pasaje:

Dios te dio Su Maestro para que reemplazase al que tú inventaste, no para que estuviese en conflicto con él. Y lo que Él ha dispuesto reemplazar ya ha sido reemplazado. El tiempo tan solo duró un instante en tu mente, y no afectó a la eternidad en absoluto. Y así es con todo el tiempo que ha pasado; y todo permanece exactamente como era antes de que se construyese el camino que no lleva a ninguna parte. El brevísimo lapso de tiempo en el que se cometió el primer error -en el que todos los demás errores están contenidos- encerraba también la Corrección de ese primer error y de todos los demás que partieron de él. Y en ese breve instante el tiempo desapareció, pues eso es lo que jamás fue. Aquello a lo que Dios dio respuesta ha sido resuelto y ha desaparecido. (T-26.V.3).

(2: 2-6) «El mundo real muestra un mundo que se contempla de otra manera: a través de ojos serenos y de una mente en paz. Allí sólo hay reposo. No se oyen gritos de dolor o de pesar, pues allí nada está excluido del perdón. Y las escenas que se ven son apacibles, pues sólo escenas y sonidos felices pueden llegar hasta la mente que se ha perdonado a sí misma.»

Este es un estado mental que percibe el mundo desde fuera del sueño. Vemos el sueño, pero desde la perspectiva del hogar de Jesús por encima del campo de batalla. Sin embargo, el mundo lo ha arrastrado al sueño como su propia imagen, en lugar de hacer que las figuras del sueño se rehagan en su imagen de luz y amor. Cuando nos reunimos con él en el mundo real, no oímos gritos de dolor y tristeza porque siguen siendo parte del sueño. Fuera del sueño oímos a la gente hablar, pero no hay sonidos que escuchar. En cambio, "oímos" que la gente sigue optando por permanecer dormida, su dolor proviene de la decisión de soñar aparte del mundo real.

(3: 1) «¿Qué necesidad tiene dicha mente de pensamientos de muerte, asesinato o ataque?»

Este es el mismo punto hecho en la serie anterior de lecciones. Hay un propósito detrás de nuestros pensamientos y experiencias de ataque, asesinato y muerte. Continuamente ocurren en nuestros sueños porque los necesitamos. Si el ataque, el asesinato y la muerte son reales, también lo es el pensamiento subyacente de que asesinamos a Dios para que pudiéramos vivir. Todo esto prueba nuestra existencia, porque el pecado de destruir el Cielo es la forma en que llegamos a ser en primer lugar. Nuestros sueños personales de ataque y muerte son fragmentos sombríos de los pensamientos originales de ataque y muerte. Necesitamos que sean reales porque nos hacen reales, y por eso tantas películas populares contienen escenas horripilantes de ataques y asesinatos porque todos compartimos la necesidad de que el ataque sea una realidad. Sin embargo, cuando nos damos cuenta de que el odio y el ataque no valen la pena, la necesidad de ellos desaparece; así también, la necesidad de tener razón como ego. Así nuestras mentes pueden estar tranquilas al fin, permitiendo que el recuerdo del Amor de Dios se eleve suavemente a la superficie de nuestra conciencia:

El recuerdo de Dios aflora en la mente que está serena. No puede venir allí donde hay conflicto, pues una mente en pugna consigo misma no puede recordar la mansedumbre eterna. Los medios de la guerra no son los medios de la paz, y lo que recuerda el belicoso no es amor. (T-23.I.1: 1-3).

(3: 2) «¿De qué puede sentirse rodeada sino de seguridad, amor y dicha?»

Al identificarnos con el amor de Jesús y la Expiación del Espíritu Santo, todo lo que conocemos es la seguridad, el amor y la dicha. Experimentamos lo que hacemos realidad en nuestras mentes y, por lo tanto, si solo experimentamos seguridad, amor y dicha, es porque elegimos la fortaleza del amor para nuestra identidad. Recordemos las palabras que aclaran esta distinción:

... Siempre eliges entre tu debilidad y la fortaleza de Cristo en ti. Y lo que eliges es lo que crees que es real. Sólo con que te negases a dejar que la debilidad guiase tus actos, dejarías de otorgarle poder. Y la luz de Cristo en ti estaría entonces a cargo de todo cuanto hicieses. Pues habrías llevado tu debilidad ante Él, y, a cambio de ella, Él te habría dado Su fortaleza.(T-31.VIII.2: 3-7).

(3: 3) «¿Qué podría haber que ella quisiese condenar? ¿Y contra qué querría juzgar?»

Contra lo que elegimos condenar y juzgar es un aspecto del Hijo de Dios que queremos ver como algo distinto a nosotros mismos. Esto se hace solo para preservar nuestra propia imagen fragmentada de separación. Cuando esa necesidad ha desaparecido, ya no hay más odio para juzgar y proyectar en los demás. Hemos aceptado en cambio el juicio amoroso de Dios, y en Su santo Nombre bendecimos al mundo - nuestra función dentro del sueño:

... El tiempo se detiene a medida que la eternidad se aproxima, y el silencio envuelve al mundo para que todos puedan oír este juicio acerca del Hijo de Dios: Santo eres, eterno, libre e íntegro, y te encuentras para siempre en paz en el Corazón de Dios». ¿Dónde está el mundo ahora? ¿Y dónde el pesar? ... No juzgues, pues sólo te juzgas a ti mismo, y así, no haces sino demorar el Juicio Final... Sus promesas son seguras…[y] garantizan Su Juicio, y sólo éste será aceptado al final. Tu función es hacer que este final llegue cuanto antes. Tu función es mantener Su juicio en tu corazón y ofrecérselo a todo el mundo para así mantenerlo a salvo. (M-15.1: 10-12; 2: 5,8; 3: 7,9-11).

(3: 4-5) «El mundo que ve [la mente que ha perdonado] emana de una mente que está en paz consigo misma. No ve peligro en nada de lo que contempla, pues es bondadosa, y lo único que ve es bondad.»

La bondad es fundamental para aplicar los principios de Un Curso de Milagros. Sigue siendo un ideal imposible mientras crea que existo debido a mi falta de bondad hacia Dios. Por lo tanto, practico la bondad conductualmente como un reflejo de la decisión de mi mente de ser bondadoso. Una lección anterior decía: “La Bondad me creó bondadoso.” (WpI.67.2: 4), y al negar la bondad a otro, afirmo: “No soy un hijo de la bondad, porque tal hijo no puede existir aquí y quiero probar que es así. Ya que lo semejante engendra lo semejante, y «las ideas no abandonan su fuente», todo lo que necesito hacer para probar que soy un hijo de la crueldad del ego es no ser bondadoso con todos los demás.”

Este, entonces, es el origen de todos los pensamientos crueles, que buscamos justificar afirmando que alguien más fue cruel con nosotros primero. Sin embargo, con qué facilidad se deja de lado todo esto cuando perdonamos, como leemos en este pasaje familiar y encantador del texto:

La gracia de Dios descansa dulcemente sobre los ojos que perdonan, y todo lo que éstos contemplan le habla de Dios al espectador. Él no ve maldad, ni nada que temer en el mundo o nadie que sea diferente de él. Y de la misma manera en que ama a otros con amor y con dulzura, así se contempla a sí mismo. Él no se condenaría a sí mismo por sus propios errores tal como tampoco condenaría a otro. No es un árbitro de venganzas ni un castigador de pecadores. La dulzura de su mirada descansa sobre sí mismo con toda la ternura que les ofrece a los demás. Pues sólo quiere curar y bendecir. (T-25.VI.1).

(4: 1) «El mundo real es el símbolo de que al sueño de pecado y culpabilidad le ha llegado su fin y de que el Hijo de Dios ha despertado.»

Jesús enfatiza la naturaleza simbólica del mundo real por segunda vez en este resumen. No es inherentemente real; tampoco lo es el perdón, nuestro maestro del perdón, y su curso que enseña que todo esto no es real. Por lo tanto, venerar a Un Curso de Milagros o a Jesús sería totalmente inapropiado, ya que deberíamos venerar sólo al Dios no simbólico Quien nos dio la vida:

La reverencia se debe reservar sólo para la revelación [es decir, Dios] a la que se puede aplicar perfecta y correctamente. No es una reacción apropiada hacia los milagros porque un estado de reverencia es un estado de veneración, lo cual implica que uno de rango inferior se encuentra ante su Creador. Tú eres una creación perfecta y deberías sentir reverencia solamente en presencia del Creador de la perfección. El milagro es, por lo tanto, un gesto de amor entre iguales. Los que son iguales no deben sentir reverencia los unos por los otros, pues la reverencia implica desigualdad. Por consiguiente, no es una reacción apropiada hacia mí [Jesús].(T-1.II.3: 1-6).

La reverencia le dice a Dios: no soy como Tú - Tú eres el creador, yo el creado; no soy Dios, sino una parte de Ti que «es» Dios. Esta es la única verdad, y todo lo demás es un símbolo. Así, de nuevo, Jesús podría estar hablando de Un Curso de Milagros, diciéndonos que no pongamos su forma simbólica en un pedestal. Más bien, demostramos nuestro amor por él a través de la práctica de la bondad.

(4: 2-3) «Y sus ojos, abiertos ahora, perciben el inequívoco reflejo del Amor de su Padre, la infalible promesa de que ha sido redimido. El mundo real representa el final del tiempo, pues cuando se percibe, el tiempo deja de tener objeto.»

El mundo real es la culminación de nuestro desaprendizaje y, por lo tanto, refleja el Amor de Dios. Nuevamente, el mundo real no es ese Amor, porque en el mundo real todavía somos conscientes de que hay un sueño del cual Dios no sabe nada. Sin embargo, al mismo tiempo, sabemos que nuestra realidad está fuera del sueño, que desaparece de la conciencia cuando realmente sabemos que somos parte del Amor de Dios:

... El mundo real es la contrapartida a la alucinación de que el tiempo y la muerte son reales, y de que tienen una existencia que puede ser percibida. Esta terrible ilusión fue negada en el mismo lapso de tiempo que Dios tardó en responder a ella para siempre y en toda circunstancia. Y entonces desapareció y dejó de experimentarse como algo que estaba ahí. (T-26.V.12: 3-5).

(5: 1) «El Espíritu Santo no tiene necesidad del tiempo una vez que éste ha servido el propósito que Él le había asignado.»

El propósito del Espíritu Santo para el tiempo es enseñar que no hay tiempo. Él no lo hizo, nosotros lo hicimos - para hacer daño - y ahora Él utiliza el tiempo para sanar, al ayudarnos a elegir el instante santo que pone fin a todo el tiempo:

... Para el Espíritu Santo el propósito del tiempo es que éste finalmente se haga innecesario. El Espíritu Santo considera que la función del tiempo es temporal, al estar únicamente al servicio de Su función docente, que, por definición, es temporal. Hace hincapié, por lo tanto, en el único aspecto del tiempo que se puede extender hasta el infinito, ya que el «ahora» es lo que más se aproxima a la eternidad en este mundo. (T-13.IV.7: 3-5).

(5: 2-3) «Ahora espera un sólo instante más para que Dios dé el paso final y el tiempo desaparezca llevándose consigo la percepción y dejando solamente a la verdad para que sea tal como es. Ese instante es nuestro objetivo, pues en él yace el recuerdo de Dios.»

En ese paso final, el mundo real mismo desaparece; las mentes erradas y correctas se han ido - de hecho, toda la mente dividida se ha ido. Todo lo que queda es la verdad, ya que estamos en el mundo real pero sólo un instante más, y luego Dios se inclina hasta nosotros y nos eleva de nuevo hacia Él Mismo:

... ¿Qué mejor modo hay de cerrar la diminuta brecha entre las ilusiones y la realidad, que dejar que el recuerdo de Dios fluya a través suyo, y la convierta en un puente en el que sólo un instante es suficiente para transponerla? Pues Dios la ha cerrado Consigo Mismo... Su Padre ha dispuesto que él sea elevado y llevado dulcemente hasta ella. Él ha construido el puente, y es Él Quien transportará a Su Hijo a través de él. No temas que Él vaya a dejar de hacer lo que es Su Voluntad, ni que vayas a ser excluido de lo que Ésta dispone para ti.(T-28.I.15: 3-4,6-9).

(5: 4) «Y al contemplar un mundo perdonado, Él es Quien nos llama y nos viene a buscar para llevarnos a casa, recordándonos nuestra Identidad, la cual nos ha sido restituida mediante nuestro perdón.»

Para volver a enfatizar este punto - si te encuentras aferrado a los resentimientos, es porque no quieres volver a casa, sino que deseas en cambio afirmar tu identidad como un hijo de la crueldad y el odio, en lugar de la bondad y el amor. Esta elección se refleja en tu comportamiento aquí. Ser consciente de tus pensamientos y acciones crueles te permite así reconocer que realmente no estás siendo cruel con los demás, sino sólo contigo mismo al negarte a ti mismo tu legítimo lugar en el Reino unificado de Dios y Su Hijo.

La conclusión del Prefacio del Curso concluye muy bien nuestro resumen del mundo real - la puerta del perdón total a través de la cual pasamos junto con Jesús al Cielo:

El perdón es el medio que nos permitirá recordar. Mediante el perdón cambiamos la manera de pensar del mundo. El mundo perdonado se convierte en el umbral del Cielo, porque mediante su misericordia podemos finalmente perdonarnos a nosotros mismos. Al no mantener a nadie prisionero de la culpabilidad, nos liberamos. Al reconocer a Cristo en todos nuestros hermanos, reconocemos Su Presencia en nosotros mismos. Al olvidar todas nuestras percepciones erróneas, y al no permitir que nada del pasado nos detenga, podemos recordar a Dios. El aprendizaje no nos puede llevar más allá. Cuando estemos listos, Dios Mismo dará el último paso que nos conducirá de regreso a Él. (p. Xiii).


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Comentario por Oscar Gómez Díez

8. ¿QUÉ ES EL MUNDO REAL?

Recordemos que Un Curso de Milagros está escrito en lenguaje cristiano. Así que el Curso utiliza temas y conceptos del Cristianismo, que son reinterpretados o revalidados según sea el caso. Temas como los milagros, el perdón, la Expiación, el Hijo de Dios, el Cristo, la resurrección, el Espíritu Santo, la culpa, etc. Igualmente el Curso utiliza términos de la psicología o de la filosofía, como percepción, proyección, o de la filosofía y de la lógica, como el discernimiento, la razón, los silogismos.

El Curso no introduce muchos conceptos nuevos, pues la mayoría de los conceptos que él Curso utiliza son reinterpretaciones de la tradición cristiana, de la psicología y de la filosofía, con algunas excepciones, como es el caso del concepto "mundo real", con lo que nos surge la pregunta: ¿conque propósito el Curso crea la categoría el "mundo real"? Trataremos de dar respuesta a esta inquietud.

DEFINICIONES DE MUNDO

Definiciones de mundo hay muchas, sólo vamos a mencionar dos que nos son bien comunes, la que definen nuestros diccionarios y la que se define en el cristianismo.

EL MUNDO SEGÚN EL MUNDO: El mundo es: "el espacio y los fenómenos que nos son accesibles por los sentidos, la experiencia o la razón."

EL MUNDO SEGÚN LA TEOLOGÍA CRISTIANA: "El mundo es para el Catecismo de la Iglesia católica uno de los tres "enemigos del alma": mundo, demonio y carne. Esta conceptualización negativa del mundo contrasta con el concepto grecolatino positivo de mundus 'todo ordenado, organizado, limpio'. Para la concepción teológica judeocristiana el mundo representa lo "material" o la esfera de la "vida profana", como lo opuesto a lo celestial, espiritual, trascendental o sacro. Así, los monjes y monjas de clausura que se encierran en los monasterios renuncian al "mundo". El "fin del mundo" se refiere a los escenarios de la culminación de la historia humana, a menudo en contextos religiosos." Wikipedia.

EL MUNDO SEGÚN UN CURSO DE MILAGROS: El Curso define este mundo como ilusorio, como irreal o falso, como una creación falsa del Hijo de Dios que se cree separado de su Padre. Esta definición presupone un mundo que es real, que sería la antípoda de este mundo de conflictos y sufrimientos. Este mundo ilusorio el Curso lo define como aquel que nos inventamos para huir del amor, para hacer real la creencia en la separación. Es el mundo de la percepción, de las interpretaciones y juicios que hacemos de nuestras experiencias. Es el escenario en el que proyectamos nuestras culpas, juicios y condenas. Es el telón en el que se desenvuelve el drama humano con todos sus conflictos, enfermedades, sufrimientos, carencias y ataques. Es el infierno que nos inventamos, pero que se lo adjudicamos a Dios, como castigo por nuestros pecados y ofensas.

EL MUNDO REAL COMO SÍMBOLO

"El mundo real es un símbolo, como todo lo demás que la percepción ofrece. No obstante, es lo opuesto a lo que tú fabricaste." (L-PII.8.1:1-2) Lo primero que nos dice es que el mundo real es un símbolo, no es la Realidad, no es el Cielo, también es ilusorio, pues es perceptual, es simbólico, pero "es lo opuesto a lo que tú fabricaste." Recordemos que la lógica re-interpretativa del Curso se basa en pares de opuestos: miedo-amor, culpa-perdón, conflicto-paz, sufrimiento-felicidad, pecado-error, mundo ilusorio-mundo real. El Curso utiliza los opuestos como parte de su pedagogía, hasta llevarnos a un estado en que no hay opuestos, un estado de no-dualidad, a la total unidad de toda la Creación.

"Ves tu mundo a través de los ojos del miedo, lo cual te trae a la mente los testigos del terror." (L-PII.8.1:3) vemos y sentimos este mundo con los órganos de la percepción, principalmente los ojos, pero lo que perciben nuestros ojos son los testigos de miedo y ataque que nuestras culpas han proyectado sobre el mundo. El mundo que percibimos es el mundo de nuestros juicios y condenas.

EL MUNDO REAL ES UN ESTADO MENTAL

"El mundo real sólo lo pueden percibir los ojos que han sido bendecidos por el perdón, los cuales, por consiguiente, ven un mundo donde el terror es imposible y donde no se puede encontrar ningún testigo del miedo." (L-PII.8.1:4) El mundo real no es una condición física o material, es un estado mental al que llegamos después de perdonar todas nuestras culpas y miedos, que una vez perdonados nos reflejan el amor y la paz. Esa es la visión de Cristo.

LA CONTRAPARTIDA A TODAS LAS ILUSIONES

"El mundo real te ofrece una contrapartida para cada pensamiento de infelicidad que se ve reflejado en tu mundo, una corrección segura para las escenas de miedo y los clamores de batalla que pueblan tu mundo." (L-PII.8.2:1) Este párrafo nos señala que el mundo real no sólo es lo opuesto al mundo ilusorio, sino la fuente donde emana la "contrapartida para cada pensamiento de infelicidad que se ve reflejado en tu mundo." desde el mundo real se nos ofrece amor en lugar de miedo, plenitud en lugar de carencia, paz en lugar de conflicto, felicidad en lugar sufrimiento, y así sucesivamente.

EL MUNDO DE LA PAZ

"El mundo real muestra un mundo que se contempla de otra manera: a través de ojos serenos y de una mente en paz." (L-PII.8.2:2) Si hemos hecho bien nuestro trabajo de perdón, podremos ver el mundo de otra manera, "a través de ojos serenos y de una mente en paz." pues el mundo está en nuestra mente, cambiamos nuestra manera de pensar y cambia nuestro mundo.

"Allí sólo hay reposo. No se oyen gritos de dolor o de pesar, pues allí nada está excluido del perdón." (L-PII.8.2:3-4) En el mundo real sólo hay sosiego y paz, pues todo lo que parecía perturbarnos y preocuparnos ha sido perdonado. En el mundo real sólo contemplamos escenas que "son apacibles, puesto que sólo escenas y sonidos felices pueden llegar hasta la mente que se ha perdonado a sí misma." (L-PII.8.2:5-6) La consecuencia lógica de poner fin al miedo, el conflicto y el sufrimiento es un estado de paz y felicidad.

EL FIN DE LOS JUICIOS

Cuando perdonamos dejamos de juzgar, en esas condiciones nos podemos preguntar: "¿Qué necesidad tiene dicha mente de pensamientos de muerte, asesinato o ataque? ¿De qué puede sentirse rodeada sino de seguridad, amor y dicha? ¿Qué podría haber que ella quisiese condenar? ¿Y contra qué querría juzgar?"(L-PII.8.3:1-3) El mundo real pone fin a toda necesidad de juicio, condena y ataque. Estamos totalmente protegidos por la fortaleza del Amor que envuelve todo lo que vemos, ese es nuestro mundo real.

"El mundo que ve emana de una mente que está en paz consigo misma. No ve peligro en nada de lo que contempla, pues es bondadosa, y lo único que ve es bondad." (L-PII.8.3:4-5) Una mente que ha perdonado, "está en paz consigo misma." por lo tanto, todo lo contempla desde su paz y su amor, pues sabe que sólo la paz y el amor son reales, son la única verdad, lo demás, solo son ilusiones.

EL MUNDO REAL Y EL DESPERTAR

"El mundo real es el símbolo de que al sueño de pecado y culpabilidad le ha llegado su fin y de que el Hijo de Dios ha despertado." (L-PII.8.4:1) Aquí tenemos otra característica importante del mundo real: ser el símbolo de que "al sueño de pecado y culpabilidad le ha llegado su fin" El mundo real es el símbolo de que a este mundo ilusorio le ha llegado su fin. Pues el Hijo de Dios ha despertado del sueño de separación. Nos hemos sanado, nos hemos iluminado, no como resultado de un cambio, sino como resultado de un reconocimiento. El reconocimiento de nuestra condición inmortal de seres de luz y amor.

"Y sus ojos, abiertos ahora, perciben el inequívoco reflejo del Amor de su Padre, la infalible promesa de que ha sido redimido." (L-PII.8.4:2) "Los ojos abiertos", son la representación de quien ha despertado espiritualmente, de quien se ha iluminado, ahora percibe a través de la visión de Cristo, a través de los ojos del amor, que refleja el Amor eterno de nuestro Padre.

EL MUNDO REAL Y EL FINAL DEL TIEMPO

"El mundo real representa el final del tiempo, pues cuando se percibe, el tiempo deja de tener objeto.". (L-PII.8.4:3) Cuando juzgamos a un hermano, lo estamos viendo desde el pasado, desde lo que creímos que él era, desde nuestros juicios, desde lo que creímos nos hizo. Cuando me perdono esa falsa percepción, veo a mi hermano desde el presente, tal como él es ahora, como el inocente Hijo de Dios. "A menos que el pasado se haya borrado de mi mente, no podré contemplar el mundo real." (L-289.1-1) Si sigo anclado en el pasado, viendo culpas o pecados en mis hermanos, no podré ver el mundo real, el mundo perdonado. "Pues en ese caso no estaría contemplando nada, sino viendo lo que no está ahí." (L-289.1-2)

El pasado no existe. Lo que creo ver como pasado, no son más que las imágenes de culpa que proyecté sobre mis hermanos. Al traer el pasado al presente pareciera que lo hago real, pero en realidad estoy viendo algo que no está ahí. Si perdono el pasado y pongo el futuro en Manos de Dios, lo único que queda es el momento presente, el ahora, nuestra ventana hacia la eternidad, en ese momento al tiempo le ha llegado su fin.

"El Espíritu Santo no tiene necesidad del tiempo una vez que éste ha servido el propósito que Él le había asignado." (L-PII.8.5:1) El Espíritu Santo sabe que el tiempo es ilusorio, como todo en este mundo, pero lo utiliza como un recurso de aprendizaje. Una vez finalizado el aprendizaje, el tiempo desaparece junto con el mundo del que hizo parte.

LA FUNCIÓN DEL PASADO

EL mundo real no lo podremos contemplar si creemos estar viendo el pasado. El pasado tiene un propósito: ocultar nuestra realidad como perfectos Hijos de Dios. El pasado tiene como propósito ocupar nuestra mente con pensamientos que no existen, que al aceptarlos en nuestra mente pareciera que son reales. La función del pasado es ocultar la verdad de lo que somos, el pasado extiende un velo oscuro de resentimientos y sufrimiento que nos impide ver la luz de la verdad y el amor. "El propósito del pasado fue precisamente ocultarlo,” (el mundo real) ”pues dicho mundo sólo se puede ver en el ahora." (L - 289.1.4)

EL MUNDO REAL Y EL AHORA

El mundo real sólo existe en el momento presente, en el ahora, en el instante santo, pues el mundo real "No tiene pasado." (L 289.1.5) todo es ahora, es la antesala de la eternidad, donde solo existe lo inmutable lo que nunca cambia, como el amor, la dicha, la paz, la plenitud, etc.

LA ANTESALA DEL CIELO

"Ahora espera un solo instante más para que Dios dé el paso final y el tiempo desaparezca llevándose consigo la percepción y dejando solamente a la verdad para que sea tal como es." (L-PII.8.5:1-2) Esta es quizás la función más importante del mundo real, la de ser la antesala del Cielo, después de haber perdonado todas las falsas creencias que sustentaban este mundo, solo queda mi mente santa, mi mente amorosa, todo lo contemplo con la visión de Cristo, con la visión del amor. El aprendizaje ha concluido, el mundo ilusorio ha desaparecido, sólo queda un último paso, ingresar al Cielo en los Brazos eternos del Amor. Es el feliz momento en que el Amor se reconoce en el Amor.

El mundo real también desaparece pues ya no estaríamos en el mundo de la percepción ilusoria, sino en la antesala del estado del Conocimiento, la visión todo abarcante del Amor. "Ese instante es nuestro objetivo, pues en él yace el recuerdo de Dios."(L-PII.8.5:3)

EL ÚLTIMO PASO

"Y según contemplamos un mundo perdonado, Él es Quien nos llama y nos viene a buscar para llevarnos a casa, recordándonos nuestra Identidad, la cual nos ha sido restaurada mediante nuestro perdón." (L-PII.8.5:4) Hemos regresado a nuestro Hogar. Hemos despertado en el Amor, una sonrisa eterna que irradiamos sobre toda la Creación, en un canto de Amor y gratitud a nuestro Padre eterno que nos contempla con su Amor.

Este octavo tema especial, introduce el concepto del mundo real, como aquel mundo que contemplaremos después de perdonar nuestras ilusiones. El mundo real es la sustitución del mundo ilusorio, irreal o falso que nos venia enseñando el ego a través de nuestros juicios, condenas, conflictos y ataques.

La creación de este concepto era necesario para mostrarnos a donde nos podría conducir las enseñanzas de perdón del Espíritu Santo. Al sanar nuestras mentes, necesariamente tendríamos que contemplar otro mundo, el mundo real, el mundo perdonado y feliz, el mundo que acepta ser gobernado por la ley del amor, y que nos lleva a contemplar todo desde el amor.

El mundo real es el final de los sueños de separación, es la antesala de las puertas del Cielo, pero todavía no es el Cielo, de ahí que se le defina como un símbolo y lo que experimentamos allí tampoco es el Amor y la paz del Cielo sino su reflejo.

En el mundo real esperamos por un momento, mientras Dios da el último paso y nos acoge en sus amorosos Brazos dándonos la bienvenida por despertar en nuestro Hogar eterno.


Oscar Gómez Díez L-pII.8 www.celebrandoelmilagro.com

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 Pregunta 8 ¿Qué es el mundo real?





AUDIOS de la Pregunta 8
de CELEBRANDO EL MILAGRO


Lectura de la Pregunta 8
A través de Mariano Noé 


Ocurrir de la Pregunta 8
a través de Martin Musarra


Tema de especial relevancia 8
comentada por Jorge Luis Álvarez Castañeda

 

Pregunta 8 ¿Qué es el mundo real?

1. El mundo real es un símbolo, como todo lo demás que la percepción ofrece. 2 No obstante, es lo opuesto a lo que tú fabricaste. 3 Ves tu mundo a través de los ojos del miedo, lo cual te trae a la mente los testigos del terror. 4 El mundo real sólo lo pueden percibir los ojos que han sido bendecidos por el perdón, los cuales, por consiguiente, ven un mundo donde el terror es imposible y donde no se puede encontrar ningún testigo del miedo.

2. El mundo real te ofrece una contrapartida para cada pensamiento de infelicidad que se ve reflejado en tu mundo, una corrección segura para las escenas de miedo y los clamores de batalla que lo pueblan. 2 El mundo real muestra un mundo que se contempla de otra manera: a través de ojos serenos y de una mente en paz. 3 Allí sólo hay reposo. 4 No se oyen gritos de dolor o de pesar, pues allí nada está excluido del perdón. 5 Y las escenas que se ven son apacibles, 6 puesto que sólo escenas y sonidos felices pueden llegar hasta la mente que se ha perdonado a sí misma.

3. ¿Qué necesidad tiene dicha mente de pensamientos de muerte, asesinato o ataque? 2 ¿De qué puede sentirse rodeada sino de seguridad, amor y dicha? 3 ¿Qué podría haber que ella quisiese condenar? a ¿Y contra qué querría juzgar? 4 El mundo que ve emana de una mente que está en paz consigo misma. 5 No ve peligro en nada de lo que contempla, pues es bondadosa, y lo único que ve es bondad.

4. El mundo real es el símbolo de que al sueño de pecado y culpabilidad le ha llegado su fin y de que el Hijo de Dios ha despertado. 2 Y sus ojos, abiertos ahora, perciben el inequívoco reflejo del Amor de su Padre, la infalible promesa de que ha sido redimido. 3 El mundo real representa el final del tiempo, pues cuando se percibe, el tiempo no tiene razón de ser.

5. El Espíritu Santo no tiene necesidad del tiempo una vez que éste ha servido el propósito que Él le había asignado. 2 Ahora espera un solo instante más para que Dios dé el paso final y el tiempo desaparezca llevándose consigo la percepción y dejando solamente a la verdad para que sea tal como es. 3 Ese instante es nuestro objetivo, pues en él yace el recuerdo de Dios. 4 Y según contemplamos un mundo perdonado, Él es Quien nos llama y nos viene a buscar para llevarnos a casa, recordándonos nuestra Identidad, la cual nos ha sido restaurada mediante nuestro perdón.














TEMA DE ESPECIAL RELEVANCIA
LIBRO DE EJERCICIOS 
8. ¿Qué es el mundo real?

Presentado por:
Jorge Luis Álvarez Castañeda

Jesús, nos dice en el tema de especial relevancia 8. ¿Qué es el mundo real?:


“El mundo real es un símbolo, como todo lo demás que la percepción ofrece. No obstante, es lo opuesto a lo que tú fabricaste. Ves tu mundo a través de los ojos del miedo, lo cual te trae a la mente los testigos del terror”. 


El mundo real es un símbolo, como todos los símbolos que surgen con la percepción que implican separación, donde hay un sujeto que percibe y un objeto percibido. En el Conocimiento, no hay símbolos, sólo existe la perfecta Unidad del Cielo. El Conocimiento es el mundo de Dios y Su Creación. Es no-dualista. El conocimiento para el mundo del ego implica la percepción donde hay un sujeto que percibe y un objeto que es percibido, es decir, implica separación.


El mundo real, como símbolo, refleja la realidad del Cielo, la perfecta santidad que no tiene nada que ver con el mundo de conflicto que hemos fabricado con el ego. En el instante santo podemos acercarnos a dicha santidad para no seguir viendo este mundo del ego con los ojos del terror y de la culpa del ego. Con la visión de Cristo podremos acercarnos al mundo real de tal manera que podamos decir como en la lección 291 Éste es un día de sosiego y de paz.

Continúa Jesús:


”El mundo real sólo lo pueden percibir los ojos que han sido bendecidos por el perdón, los cuales, por consiguiente, ven un mundo donde el terror es imposible y donde no se puede encontrar ningún testigo del miedo”.


Cuando perdonamos, sanamos nuestra mente. Aceptamos que no hay nada que perdonar sino nuestras propias interpretaciones con las cuales nos separamos de nuestros hermanos: nos aferramos al pasado; a los resentimientos; exageramos, los supuestos, errores del hermano y no vemos al hermano en el presente. El Espíritu Santo y Jesús, nos ayudan a ver en las, supuestas, agresiones del hermano, únicamente peticiones de ayuda que requieren de nosotros expresiones de amor, de bondad, de amabilidad, de unidad. Esto se logra mediante el perdón.


Se trata, no de cambiar el mundo, sino de adquirir una manera diferente de verlo basada en la paz, el amor, la bondad, la unidad, en la confianza, en la certeza de que Dios siempre nos acompaña. Esto se logra mediante el completo perdón del mundo que contemplo sin perdonar.

Continúa Jesús diciéndonos:


”El mundo real te ofrece una contrapartida para cada pensamiento de infelicidad que se ve reflejado en tu mundo, una corrección segura para las escenas de miedo y los clamores de batalla que lo pueblan”.


Cuando creímos separarnos de Dios, Él creo al Espíritu Santo, para que nos ayude a encontrar una contrapartida a todos los pensamientos de conflicto del ego y lo transforme en pensamientos amorosos. Podemos eliminar, con su ayuda, los pensamientos que nos limitan y estar seguros de que El miedo ya se acabó y lo único que hay aquí es amor, como vimos en la lección 293.


Esto nos llevará a la felicidad que da el mundo real al aceptar la Voluntad de Dios que quiere para nosotros perfecta felicidad. Es lo que obtenemos cuando aceptamos nuestra verdadera identidad como Hijos de Dios.

Continúa Jesús:

”El mundo real muestra un mundo que se contempla de otra manera: a través de ojos serenos y de una mente en paz. Allí sólo hay reposo. No se oyen gritos de dolor o de pesar, pues allí nada está excluido del perdón. Y las escenas que se ven son apacibles, puesto que sólo escenas y sonidos felices pueden llegar hasta la mente que se ha perdonado a sí misma”.


 En el mundo real no hay conflicto, nadie sufre ningún tipo de pérdida, nadie es excluido del perdón porque has perdonado a todo el mundo. No hay resentimientos ni juicios. Las escenas que se ven en el mundo real son apacibles, nos dice, Jesús, porque la mente, únicamente, tiene pensamientos amorosos y, con base en ellos, es como se ve al mundo y a sus hermanos. Si en sus hermanos hay gritos de dolor o de ataque los considera como peticiones de ayuda que se apresta a perdonar y a ayudar desde la paz y el amor.


Continúa Jesús:


”¿Qué necesidad tiene dicha mente de pensamientos de muerte, asesinato o ataque? ¿De qué puede sentirse rodeada sino de seguridad, amor y dicha? ¿Qué podría haber que ella quisiese condenar? ¿Y contra qué querría juzgar?” 


 La mente que está en el mundo real, que ha perdonado, que se ha sanado con la visión de Cristo no ve odio por ninguna parte porque el odio es una ilusión. Es un miedo al amor y, por lo tanto, a Dios. Si camina con la visión de Cristo no hay nada que temer, no ve sino, en los, supuestos, ataques de sus hermanos peticiones de ayuda y de amor, peticiones a las que responde con expresiones de amor y de ayuda.


 En el mundo real no hay nada que condenar ni juzgar, nos dice Jesús. Si veo en mis hermanos al Hijo de Dios no veré sino unidad. No necesito juzgar para mantener la separación y causar dolor. Sólo habrá todas las bondades de la Paz y del Amor de Dios: respeto, tolerancia, bondad, no habrá culpa ni miedo, ni sacrificio y sufrimiento sólo unidad, confianza, honestidad, fe... Todas las cualidades que el Espíritu Santo nos está ayudando a recordar por nuestra condición de Hijos de Dios y esto lo hacemos con nuestros hermanos como Jesús nos ha enseñado en la lección 266:


”Padre, me diste todos Tus Hijos para que fuesen mis salvadores y mis consejeros de visión”. L-266. 1:1  


Continúa Jesús
”El mundo que ve emana de una mente que está en paz consigo misma. No ve peligro en nada de lo que contempla, pues es bondadosa, y lo único que ve es bondad”.


Cuando se está en el mundo real se está en paz porque se ha perdonado la culpa de la creencia en la separación de Dios y lo que prima es la visión de la inocencia suya, y, de sus hermanos. Se ve inocente y, por lo tanto, no hay nada que temer: puede mirar a sus hermanos y al mundo desde la perspectiva de un mundo perdonado. Admite al Espíritu Santo y a Jesús como los guías que lo orientan en la nueva percepción que lo acompaña, expresión de los cambios a favor de Dios que se han experimentado en su mente, por eso, su nueva percepción le muestra un mundo perdonado, en el cual no hay nada que temer.


Nos dice Jesús:


”El mundo real es el símbolo de que al sueño de pecado y culpabilidad le ha llegado su fin y de que el Hijo de Dios ha despertado. Y sus ojos, abiertos ahora, perciben el inequívoco reflejo del Amor de su Padre, la infalible promesa de que ha sido redimido”.


En el mundo real se abandona la culpabilidad que busca conservar el pasado y el futuro en tu mente, al igual que la condenación así misma, para que el ego siga persistiendo. El Espíritu Santo te ayudará a escapar de la culpabilidad y dicho escape no es otra cosa que la salvación. 


El pecado no es sino una falta de amor. Es una equivocación que nos negamos a corregir, una petición de ayuda que no queremos oír. El pecado se ataca con el castigo y, de esa manera, se perpetúa. Para el ego, cometemos pecados que merecen castigos. Para el Espíritu Santo, cometemos errores que pueden ser corregidos con el Espíritu Santo. El mundo real es el regalo del Espíritu Santo con el cual sanamos nuestra mente y reconocemos que el pecado y la culpabilidad son sólo ilusiones que se superan aceptando la verdad de lo que somos como Hijos de Dios.
 
Nos dice Jesús: 


”El mundo real representa el final del tiempo, pues cuando se percibe, el tiempo no tiene razón de ser”.


El tiempo, como invención del ego para mantener la creencia en la separación de Dios, en el mundo real, deja de percibirse. Hay una unión con Dios y nuestros hermanos, dejando el pasado y el futuro y centrándose en el ahora. 


Esto lo aclara Jesús en el capítulo 5 sección III:


”El tiempo es una creencia del ego, por lo tanto, la mente inferior – el dominio del ego – la acepta sin reservas. El único aspecto del tiempo que es eterno es el ahora. T-5.III.6:4-5 


Estando en el ahora, con la guía del Espíritu Santo y de Jesús, y, valiéndonos del perdón, se producen los milagros en el ahora y dejamos de preocuparnos por la culpabilidad del pasado y el miedo del futuro. 


  Nos dice Jesús:

”El Espíritu Santo no tiene necesidad del tiempo una vez que éste ha servido el propósito que Él le había asignado. Ahora espera un solo instante más para que Dios dé el paso final y el tiempo desaparezca llevándose consigo la percepción y dejando solamente a la verdad para que sea tal como es”.


Este mundo es un aula de aprendizaje para aprender a perdonar, a deshacer la creencia en el ego. El tiempo desaparecerá cuando ya no facilite dicho aprendizaje y el Hijo de Dios haya avanzado en el proceso de perdón y de la aceptación de la Expiación para sí mismo. En ese último paso, el mundo real desaparece, Dios nos eleva al Cielo porque se ha recuperado el recuerdo de Dios. Esto implica que todas las resistencias al Amor de Dios hayan desaparecido y acepte plenamente que la santidad eterna mora en el Hijo de Dios, como se vio en la lección 299 La santidad eterna mora en mí.


Finalmente nos dice Jesús:

”Ese instante es nuestro objetivo, pues en él yace el recuerdo de Dios. Y según contemplamos un mundo perdonado, Él es Quien nos llama y nos viene a buscar para llevarnos a casa, recordándonos nuestra Identidad, la cual nos ha sido restaurada mediante nuestro perdón”.

 Para llegar a este último paso que da Dios para llevarnos al Cielo necesitamos haber avanzado, con la ayuda del Espíritu Santo y de Jesús, en el proceso de perdón y aceptación de la Expiación para nosotros mismos. Estaremos en nuestra mente recta y Dios nos conducirá al Cielo cuando no tengamos resistencias a la salvación.










Octavo tema especial

8. ¿QUÉ  ES  EL  MUNDO  REAL?


Tema comentado por:

Oscar Gómez Díez 


Recordemos que Un Curso de Milagros está escrito en lenguaje cristiano. Así que el Curso utiliza temas y conceptos del Cristianismo, que son reinterpretados o revalidados según sea el caso. Temas como los milagros, el perdón, la Expiación, el Hijo de Dios, el Cristo, la resurrección, el Espíritu Santo, la culpa, etc. Igualmente el Curso utiliza términos de la psicología o de la filosofía, como percepción, proyección, o de la filosofía y de la lógica, como el discernimiento, la razón, los silogismos. 


El Curso no introduce muchos conceptos nuevos, pues la mayoría de los conceptos que él Curso utiliza son reinterpretaciones de la tradición cristiana, de la psicología y de la filosofía, con algunas excepciones, como es el caso del concepto "mundo real", con lo que nos surge la pregunta: ¿conque propósito el Curso crea la categoría el "mundo real"?  Trataremos de dar respuesta a esta inquietud. 


DEFINICIONES DE MUNDO:


Definiciones de mundo hay muchas, sólo vamos a mencionar dos que nos son bien comunes, la que definen nuestros   diccionarios y la que se define en el cristianismo. 


EL MUNDO SEGÚN EL MUNDO:


El mundo es: " el espacio y los fenómenos que nos son accesibles por los sentidos, la experiencia o la razón."


EL MUNDO SEGÚN LA TEOLOGÍA CRISTIANA:


"El mundo es para el Catecismo de la Iglesia católica uno de los tres "enemigos del alma": mundo, demonio y carne. Esta conceptualización negativa del mundo contrasta con el concepto grecolatino positivo de mundus 'todo ordenado, organizado, limpio'. Para la concepción teológica judeocristiana el mundo representa lo "material" o la esfera de la "vida profana", como lo opuesto a lo celestial, espiritual, trascendental o sacro. Así, los monjes y monjas de clausura que se encierran en los monasterios renuncian al "mundo". El "fin del mundo" se refiere a los escenarios de la culminación de la historia humana, a menudo en contextos religiosos." Wikipedia. 


EL MUNDO SEGÚN UN CURSO DE MILAGROS:


El Curso  define este mundo como ilusorio, como irreal o falso, como una creación falsa del Hijo de Dios que se cree separado de su Padre. Esta definición presupone un mundo que  es real, que sería la antípoda de este mundo de conflictos y sufrimientos. 


Este mundo ilusorio el Curso lo define como aquel que nos inventamos para huir del amor, para hacer real la creencia en la separación. Es el mundo de la percepción, de las interpretaciones y juicios que hacemos de nuestras experiencias. Es el escenario en el que proyectamos nuestras culpas, juicios y condenas. Es el telón en el que se desenvuelve el drama humano con todos sus conflictos, enfermedades, sufrimientos, carencias y ataques. Es el infierno que nos inventamos, pero  que se lo adjudicamos a Dios, como castigo por nuestros pecados  y ofensas. 


EL MUNDO REAL COMO SÍMBOLO:


"El mundo real es un símbolo, como todo lo demás que la percepción ofrece. No obstante, es lo opuesto a lo que tú fabricaste." (L-PII.8.1:1-2) Lo primero que nos dice es que el mundo real es un símbolo, no es la Realidad, no es el Cielo, también es ilusorio, pues es perceptual, es simbólico, pero  "es lo opuesto a lo que tú fabricaste." Recordemos que la lógica re-interpretativa del Curso se basa en pares de opuestos: miedo-amor, culpa-perdón, conflicto-paz, sufrimiento-felicidad, pecado-error, mundo ilusorio-mundo real. El Curso utiliza los opuestos como parte de su pedagogía, hasta llevarnos a un estado en que no hay opuestos, un estado de no-dualidad, a la total unidad de toda la Creación. 


"Ves tu mundo a través de los ojos del miedo, lo cual te trae a la mente los testigos del terror." (L-PII.8.1:3) vemos y sentimos este mundo con los órganos de la percepción, principalmente los ojos, pero lo que perciben nuestros ojos son los testigos de miedo y ataque que nuestras culpas han proyectado sobre el mundo. El mundo que percibimos es el mundo de nuestros juicios y condenas. 


EL MUNDO REAL ES UN ESTADO MENTAL:


"El mundo real sólo lo pueden percibir los ojos que han sido bendecidos por el perdón, los cuales, por consiguiente, ven un mundo donde el terror es imposible y donde no se puede encontrar ningún testigo del miedo." (L-PII.8.1:4) El mundo real no es una condición física o material, es un estado mental al que llegamos después de perdonar todas nuestras culpas y miedos, que una vez perdonados nos reflejan  el amor y la paz. Esa es la visión de Cristo. 


LA CONTRAPARTIDA A TODAS LAS ILUSIONES:


"El mundo real te ofrece una contrapartida para cada pensamiento de infelicidad que se ve reflejado en tu mundo, una corrección segura para las escenas de miedo y los clamores de batalla que pueblan tu mundo." (L-PII.8.2:1) Este párrafo nos señala que el mundo real no sólo es lo opuesto al mundo ilusorio, sino la fuente donde emana la "contrapartida para cada pensamiento de infelicidad que se ve reflejado en tu mundo." desde el mundo real se nos  ofrece amor en lugar de miedo, plenitud en lugar de carencia, paz en lugar de conflicto, felicidad en lugar sufrimiento, y así sucesivamente. 


EL MUNDO DE LA PAZ:


"El mundo real muestra un mundo que se contempla de otra manera: a través de ojos serenos y de una mente en paz." (L-PII.8.2:2) Si hemos hecho bien nuestro trabajo de perdón, podremos ver el mundo de otra manera, "a través de ojos serenos y de una mente en paz." pues el mundo está en nuestra mente, cambiamos nuestra manera de pensar y cambia nuestro mundo. 


"Allí sólo hay reposo. No se oyen gritos de dolor o de pesar, pues allí nada está excluido del perdón." (L-PII.8.2:3-4) En el mundo real sólo hay sosiego y paz, pues todo lo que parecía perturbarnos y preocuparnos ha sido perdonado. En el mundo real sólo contemplamos escenas   que "son apacibles, puesto que sólo escenas y sonidos felices pueden llegar hasta la mente que se ha perdonado a sí misma." (L-PII.8.2:5-6) La consecuencia lógica de poner fin al miedo, el conflicto y el sufrimiento es un estado de paz y felicidad. 


EL FIN DE LOS JUICIOS:


Cuando perdonamos dejamos de juzgar, en esas condiciones nos podemos preguntar:  "¿Qué necesidad tiene dicha mente de pensamientos de muerte, asesinato o ataque?  ¿De qué puede sentirse rodeada sino de seguridad, amor y dicha? ¿Qué podría haber que ella quisiese condenar? ¿Y contra qué querría juzgar?"(L-PII.8.3:1-3) El mundo real pone fin a toda necesidad de juicio, condena y ataque. Estamos totalmente protegidos por la fortaleza del Amor que envuelve todo lo que vemos, ese es nuestro mundo real. 


"El mundo que ve emana de una mente que está en paz consigo misma. No ve peligro en nada de lo que contempla, pues es bondadosa, y lo único que ve es bondad." (L-PII.8.3:4-5) Una mente que ha perdonado, "está en paz consigo misma." por lo tanto, todo lo contempla desde su paz y su amor, pues sabe que sólo la paz y el amor son reales, son la única verdad, lo demás, solo son ilusiones. 


EL MUNDO REAL Y EL DESPERTAR:


"El mundo real es el símbolo de que al sueño de pecado y culpabilidad le ha llegado su fin y de que el Hijo de Dios ha despertado." (L-PII.8.4:1) Aquí tenemos otra característica importante del mundo real: ser el símbolo de que "al sueño de pecado y culpabilidad le ha llegado su fin" El mundo real es el símbolo de que a este mundo ilusorio le ha llegado su fin. Pues el Hijo de Dios ha despertado del sueño de separación. Nos hemos sanado, nos hemos iluminado, no como resultado de un cambio, sino como resultado de un reconocimiento. El reconocimiento de nuestra condición inmortal de seres de luz y amor. 


"Y sus ojos, abiertos ahora, perciben el inequívoco reflejo del Amor de su Padre, la infalible promesa de que ha sido redimido." (L-PII.8.4:2) "Los ojos abiertos", son la representación de quien ha despertado espiritualmente, de quien se ha iluminado, ahora percibe a través de la visión de Cristo, a través de los ojos del amor, que refleja el Amor eterno de nuestro Padre. 


EL MUNDO REAL Y EL FINAL DEL TIEMPO:


"El mundo real representa el final del tiempo, pues cuando se percibe, el tiempo deja de tener objeto.". (L-PII.8.4:3) Cuando juzgamos a un hermano, lo estamos viendo desde el pasado, desde lo que creímos que él era, desde nuestros juicios, desde lo que creímos nos hizo. Cuando me perdono esa  falsa percepción, veo a mi hermano desde el presente, tal como él es ahora, como el inocente Hijo de Dios.  "A menos que el pasado se haya borrado de mi mente, no podré contemplar el mundo real." (L-289.1-1) Si sigo anclado en el pasado, viendo culpas o pecados en mis hermanos, no podré ver el mundo real, el mundo perdonado. "Pues en ese caso no estaría contemplando nada, sino viendo lo que no está ahí." (L-289.1-2) 


El pasado no existe. Lo que creo ver como pasado, no son más que las imágenes de culpa que proyecté sobre mis hermanos.  Al traer el pasado al presente pareciera que lo hago real, pero en realidad estoy viendo algo que no está ahí. Si perdono el pasado y pongo el futuro en Manos de Dios, lo único que queda es el momento presente, el ahora, nuestra ventana hacia la eternidad, en ese momento al tiempo le ha llegado su fin. 


"El Espíritu Santo no tiene necesidad del tiempo una vez que éste ha servido el propósito que Él le había asignado." (L-PII.8.5:1) El Espíritu Santo sabe que el tiempo es ilusorio, como todo en este mundo, pero lo utiliza como un recurso de aprendizaje. Una vez finalizado el aprendizaje, el tiempo desaparece junto con el mundo del que hizo parte. 


LA FUNCIÓN DEL PASADO:


EL mundo real no lo podremos contemplar si creemos estar viendo el pasado. El pasado tiene un propósito: ocultar nuestra realidad como perfectos Hijos de Dios. El  pasado tiene como propósito ocupar nuestra mente con pensamientos que no existen, que al aceptarlos en nuestra mente pareciera que son reales. La función del pasado es ocultar la verdad de lo que somos, el pasado extiende un velo oscuro de resentimientos y sufrimiento que nos impide ver la luz de la verdad y el amor. "El propósito del pasado fue precisamente ocultarlo,” (el mundo real) ”pues dicho mundo sólo se puede ver en el ahora." (L - 289.1.4)


EL MUNDO REAL Y EL AHORA:


El mundo real sólo existe en el momento presente, en el ahora, en el instante santo, pues el mundo real "No tiene pasado." (L 289.1.5) todo es ahora, es la antesala de la eternidad, donde solo existe lo inmutable lo que nunca cambia, como el amor, la dicha, la paz, la plenitud, etc. 


LA ANTESALA DEL CIELO:


"Ahora espera un solo instante más para que Dios dé el paso final y el tiempo desaparezca llevándose consigo la percepción y dejando solamente a la verdad para que sea tal como es." (L-PII.8.5:1-2) Esta es quizás la función más importante del mundo real, la de ser la antesala del Cielo, después de haber perdonado todas las falsas creencias que sustentaban este mundo, solo queda mi mente santa, mi mente amorosa, todo lo contemplo con la visión de Cristo, con la visión del amor. El aprendizaje ha concluido, el mundo ilusorio ha desaparecido, sólo queda un último paso, ingresar al Cielo en los Brazos eternos del Amor. Es el feliz momento en que el Amor se reconoce en el Amor.


 El mundo real también desaparece pues ya no estaríamos en el mundo de la  percepción ilusoria, sino en la antesala  del estado del Conocimiento, la visión todo abarcante del Amor. "Ese instante es nuestro objetivo, pues en él yace el recuerdo de Dios."(L-PII.8.5:3)


EL ÚLTIMO PASO:


"Y según contemplamos un mundo perdonado, Él es Quien nos llama y nos viene a buscar para llevarnos a casa, recordándonos nuestra Identidad, la cual nos ha sido restaurada mediante nuestro perdón." (L-PII.8.5:4) Hemos regresado a nuestro Hogar. Hemos despertado en el Amor, una sonrisa eterna que irradiamos sobre toda la Creación, en un canto de Amor y gratitud a nuestro Padre eterno que nos contempla con su Amor


Este octavo  tema especial,  introduce el concepto del mundo real, como aquel mundo que contemplaremos después de perdonar  nuestras ilusiones. El mundo real es la sustitución del mundo ilusorio, irreal o falso que nos venía enseñando el ego a través de nuestros juicios, condenas, conflictos y ataques.


 La creación de este concepto era necesario para mostrarnos a donde nos podría conducir las enseñanzas de perdón del Espíritu Santo.  Al sanar nuestras mentes, necesariamente tendríamos que contemplar otro mundo, el mundo real, el mundo perdonado y feliz, el mundo que  acepta ser gobernado por la ley del amor, y que nos lleva a contemplar todo desde el amor. 


El mundo real es el final de los sueños de separación, es la antesala de las puertas del Cielo, pero todavía no es el Cielo, de ahí que se le defina como un símbolo y lo que experimentamos allí tampoco es el Amor y la paz del Cielo sino su reflejo. 


En el mundo real esperamos por un momento, mientras Dios da el último paso y nos acoge en sus amorosos Brazos dándonos la bienvenida por despertar en nuestro Hogar eterno. 




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