Lea aquí la Introducción a la Segunda Parte
Índice del Tema Especial 10
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PREGUNTA 10
¿Qué es el Juicio Final?
1. El Segundo Advenimiento de Cristo le confiere al Hijo de Dios este don: poder oír a la Voz que habla por Dios proclamar que lo falso es falso y que lo que es verdad nunca ha cambiado. ²Y éste es el juicio mediante el cual a la percepción le llega su fin. ³Lo primero que verás será un mundo que ha aceptado que esto es verdad, al haber sido proyectado desde una mente que ya ha sido corregida. ⁴And con este panorama santo, la percepción imparte una silenciosa bendición y luego desaparece, al haber alcanzado su objetivo y cumplido su misión.
2. El Juicio Final sobre el mundo no encierra condena alguna. ²Pues ve a éste completamente perdonado, libre de pecado y sin propósito alguno. ³And al no tener causa ni función ante los ojos de Cristo, simplemente se disuelve en la nada. ⁴Ahí nació y ahí ha de terminar. ⁵And todas las figuras del sueño con el que el mundo comenzó desaparecen junto con él. ⁶Los cuerpos no tienen ahora ninguna utilidad, por lo tanto, desaparecen también, pues el Hijo de Dios es ilimitado.
3. Tú que creías que el Juicio Final de Dios condenaría al mundo al infierno junto contigo, acepta esta santa verdad: el Juicio de Dios es el don de la Corrección que Él le concedió a todos tus errores. ²Dicha Corrección te libera de ellos y de todos los efectos que parecían tener. ³Tener miedo de la Gracia redentora de Dios es tener miedo de liberarte totalmente del sufrimiento, del retorno a la paz, de la seguridad y la felicidad, así como de tu unión con tu propia Identidad.
4. El Juicio Final de Dios es tan misericordioso como cada uno de los pasos de Su plan para bendecir a Su Hijo y exhortarlo a regresar a la paz eterna que comparte con él. ²No tengas miedo del amor, ³pues sólo él puede sanar todo pesar, enjugar todas las lágrimas y despertar tiernamente de su sueño de dolor al Hijo que Dios reconoce como Suyo. ⁴No tengas miedo de eso. ⁵La salvación te pide que le des la bienvenida. ⁶And el mundo espera tu grata aceptación de ella, gracias a lo cual él se liberará.
5. Éste es el Juicio Final de Dios: “Tú sigues siendo Mi santo Hijo, por siempre inocente, por siempre amoroso y por siempre amado, tan ilimitado como tu Creador, absolutamente inmutable y por siempre inmaculado. ²Despierta, pues, y regresa a Mí. ³Yo soy tu Padre y tú eres Mi Hijo”.
Un curso de milagros L-pII.10 www.celebrandoelmilagro.com
AUDIOS DE LA PREGUNTA 10
Lectura por Blanca Nivia Morales Contreras
Ocurrir por Martin Musarra
Comentario por Jorge Luis Álvarez Castañeda
VIDEOS DE APOYO
Comentario por Jorge Luis Álvarez Castañeda
Nos dice, Jesús, en el tema de especial relevancia 10. ¿Qué es el Juicio Final?: ”El Segundo Advenimiento de Cristo le confiere al Hijo de Dios este don: poder oír la Voz que habla por Dios proclamar que lo falso es falso y que lo que es verdad jamás ha cambiado”.
Nos negamos a aceptar la verdad. Nos negamos a aceptar que la verdad es Dios; que la verdad tiene que ver con que fuimos creados por Él; que la verdad es total, que la verdad es dicha, paz, unidad, grandeza, perfección; que Soy tal como Dios me creó. Pero he tenido miedo de la verdad, la he negado y he preferido fabricar ilusiones. Si aceptara la verdad de mi verdadera identidad no experimentaría ningún sufrimiento y dolor. No creería en el sacrificio ni en el ataque. No tendría necesidad de hacer juicios que me generen ira como dice la lección la 311, Juzgo todas las cosas como quiero que sean.
Por fortuna, siempre contamos con el Espíritu Santo y con Jesús, quienes, si se lo permitimos, nos ayudarán a distinguir lo verdadero de lo falso.
Continúa Jesús: ”Y éste es el juicio mediante el cual a la percepción le llega su fin. Lo primero que verás será un mundo que ha aceptado que esto es verdad, al haber sido proyectado desde una mente que ya ha sido corregida. And con este panorama santo, la percepción imparte una silenciosa bendición y luego desaparece, al haber alcanzado su objetivo y cumplido su misión”.
A la percepción le llega su fin cuando se acepta el juicio de que lo falso es falso y lo que es verdad nunca ha cambiado. Las ilusiones son lo falso y se contraponen a la verdad. Nos hemos equivocados al pensar que las ilusiones, lo falso, era la verdad. Pensábamos que el cuerpo, el pecado o separación, la culpa, el miedo, las relaciones especiales, los resentimientos, el conflicto eran reales y constituían la verdad para nosotros. Se nos había olvidado de que la verdad es Dios y que fuimos creados por Dios.
Al sanar la mente dejando los pensamientos de separación con mis hermanos y con Dios, mediante el perdón y la aceptación de la Expiación para nosotros mismos, extendemos dicha percepción y contemplamos un mundo perdonado, de dicha, amor y paz.
Continúa Jesús: ”El Juicio Final sobre el mundo no encierra condena alguna. Pues ve a éste completamente perdonado, libre de pecado y sin propósito alguno. And al no tener causa ni función ante los ojos de Cristo, simplemente se disuelve en la nada. Ahí nació y ahí ha de terminar”.
Con el proceso de perdón y de aceptación de la Expiación para nosotros mismos recuperamos el recuerdo de nuestra verdadera identidad como Hijos de Dios y aceptamos que este mundo del ego sólo fue un sueño de separación, que creímos. Nunca nos hemos separados de Dios, ni Dios nos va a castigar ni a condenar.
Continúa Jesús: ”Y todas las figuras del sueño con el que el mundo comenzó desaparecen junto con él. Los cuerpos no tienen ahora ninguna utilidad, por lo tanto, desaparecen también, pues el Hijo de Dios es ilimitado”.
Las figuras del sueño del ego son atemorizantes: expresan miedo, ira, culpa, pecado, resentimientos, especialismo. Pero no tienen razón de ser. Dios no es castigador. Si lo vemos así es por nuestras proyecciones de culpa y miedo. Con el Juicio Final desaparece la ilusión del cuerpo, la cerca con la cual pretendemos mantenernos separados de nuestros hermanos y de Dios, como nos ha enseñado Jesús.
Sigue diciendo Jesús: ”Tú que creías que el Juicio Final de Dios condenaría al mundo al infierno junto contigo, acepta esta santa verdad: el Juicio de Dios es el don de la Corrección que Él le concedió a todos tus errores. Dicha Corrección te libera de ellos y de todos los efectos que parecían tener”.
Jesús, nos ha enseñado que el Juicio Final es la proclamación de la inocencia de Su Hijo. Siempre ha sido y será eternamente inocente, así, siguiendo al ego, se crea merecedor de castigo. Por el principio de la Expiación, la separación de Dios nunca se dio. Contamos con la ayuda del Espíritu Santo y de Jesús, para que mediante al perdón, podamos acceder a la Corrección de la mente que se cree separada de Dios.
Continúa Jesús: ”Tener miedo de la Gracia redentora de Dios es tener miedo de liberarte totalmente del sufrimiento, del retorno a la paz, de la seguridad y la felicidad, así como de tu unión con tu propia Identidad”.
Recordemos que la Gracia es una experiencia de unión divina, es una manifestación del Amor de Dios en este mundo de la cual tenemos miedo, pues preferimos mantener el personaje que hemos fabricado con el ego a costa de sufrimiento, pérdida de la paz, de la seguridad y de la felicidad. Necesitamos superar todo esto mediante la aceptación de nuestra verdadera identidad como Hijos de Dios con la ayuda del Espíritu Santo y de Jesús, valiéndonos del perdón y de la aceptación de la Expiación para nosotros mismos.
Continúa Jesús: El Juicio Final de Dios es tan misericordioso como cada uno de los pasos de Su plan para bendecir a Su Hijo y exhortarlo a regresar a la paz eterna que comparte con él.
La lección 318 Soy el medio para la salvación, así como su fin nos habla de nuestra función especial en la salvación. Dios nos ha dado Su Palabra de que ya hemos sido salvados porque, por el principio de la Expiación, la separación nunca se dio. Nos dio al Espíritu Santo para que nos ayude a despertar del sueño de la separación y para que, a su vez, nosotros como maestros de Dios, lo hagamos con nuestros hermanos. No olvidemos que Dios es misericordioso y siempre quiere lo mejor para nosotros.
Nos dice: ”No tengas miedo del amor, pues sólo él puede sanar todo pesar, enjugar todas las lágrimas y despertar tiernamente de su sueño de dolor al Hijo que Dios reconoce como Suyo. No tengas miedo de eso”.
Le tenemos miedo al amor, que es sentirse unido a todo y a todos, es decir, sentirse unido a Dios. El amor va unido al perdón que implica perdonar los errores míos y de mis hermanos. Cuando perdono siento amor. El amor y el perdón se retroalimentan. También le tenemos miedo a la responsabilidad que nos corresponde como Hijos de Dios, y preferimos desconocer, como dice la lección 318 Soy el medio para la salvación, así como su fin.
Continúa Jesús: ”La salvación te pide que le des la bienvenida. And el mundo espera tu grata aceptación de ella, gracias a lo cual él se liberará”.
El Juicio Final nos lleva a la perfecta paz y al perfecto amor. No hay que tener miedo del amor que contribuye, desde mi mente recta, a la salvación. Salvación que implica liberar el mundo de mi mente donde se presentan los pensamientos no amorosos que me separan de Dios y de mis hermanos. And cuando lo hago, con la ayuda del Espíritu Santo y de Jesús, puedo extender dichos pensamientos a mis hermanos, aportando, de esa manera, a la salvación.
Finalmente nos dice Jesús: Éste es el Juicio Final de Dios: “Tú sigues siendo Mi santo Hijo, por siempre inocente, por siempre amoroso y por siempre amado, tan ilimitado como tu Creador, absolutamente inmutable y por siempre inmaculado. Despierta, pues, y regresa a Mí. Yo soy tu Padre y tú eres Mi Hijo”.
Esta es una reafirmación de nuestra verdadera identidad como Hijos de Dios. Tenemos un Padre amoroso que nos creó inocentes y con perfecta impecabilidad. Sin culpa y sin miedo. Somos una extensión de la Mente Una de Dios. El miedo asociado, por otras tradiciones espirituales, al Juicio Final, no tiene razón de ser. No es para determinar un castigo por los supuestos pecados cometidos. Es el milagro final, la corrección de la mente del Hijo de Dios que se creyó separado de Su Padre. Es el retorno a casa donde se regresa a la Unidad en Dios de la cual, al seguir al ego, nos creíamos separados.
El Juicio Final es el reconocimiento de todas las característica del Padre, en Su Hijo: su Amor, inocencia, paz, plenitud, Gracia, eternidad, inmutabilidad, bondad, impecabilidad, invulnerabilidad… Se trata de aceptar el llamado de Dios: ”Despierta, pues, y regresa a Mí. Yo soy tu Padre y tú eres Mi Hijo”.
Jorge Luis Álvarez Castañeda L-pII.10 www.celebrandoelmilagro.com
Comentario por Kenneth Wapnick
Pregunta 10. ¿Qué es el Juicio Final?
“En el Segundo Advenimiento, el Hijo de Dios se da cuenta de que él es un solo Hijo – no un fragmento – y por lo tanto hace el Juicio Final que deshace el juicio original de separación. Debemos recordar que Un Curso de Milagros se enfoca en deshacer el error, que se originó en el juicio del único Hijo contra Dios y Su Voz, y en favor del ego. Al final del proceso de Expiación, nuevamente como un solo Hijo, miramos al ego y al Espíritu Santo, y recordamos reír al recordar nuestro juicio original que ahora felizmente corregimos. Por lo tanto, es un sinónimo de nuestra corrección dentro del sueño, que deshace el sueño por completo:
“Por lo general, se considera al Juicio Final como un proceso que Dios emprendió. Pero en realidad son mis hermanos quienes lo emprenderán con mi ayuda. El Juicio Final es la última curación... Se podría decir que el Juicio Final es un proceso de correcta evaluación. Significa simplemente que todos llegarán por fin a entender qué es lo que tiene valor y qué es lo que no lo tiene... El primer paso hacia la libertad comprende separar lo falso de lo verdadero. Éste es un proceso de separación en el sentido constructivo de la palabra, y refleja el verdadero significado del Apocalipsis.” (T-2.VIII.3:1-3, 5-6; 4:1-2)
En este resumen, sin embargo, Jesús usa el término «Juicio Final» de otra manera también, hablando del Juicio Final o Último de Dios. Esto no tiene nada que ver con corregir o deshacer; de hecho, no tiene nada que ver con el mundo en absoluto. El Juicio de Dios simplemente expresa la verdad que está más allá del sueño: Dios nos ama, nosotros lo amamos a Él, y somos uno en ese Amor. Recuerda la apertura citada anteriormente de El Canto de la Oración, que expresa bellamente este amor compartido en la imagen del canto de gratitud del Cielo:
“...el canto que el Hijo entona al Padre, Quien devuelve a Su Hijo las gracias que el canto Le ofrece. Perpetúa la armonía, y perpetúa también la feliz concordia del amor que eternamente se profesan uno a otro... El Amor que Ellos comparten es lo que toda oración habrá de ser por toda la eternidad, cuando el tiempo termine. Porque así era antes de que el tiempo pareciese existir.” (S-1.in.1:2-3, 7-8)
Tal como habíamos visto con el Segundo Advenimiento, el Juicio Final en el cristianismo provoca temor, culpa y una certeza – a pesar de lo que nuestras mentes conscientes nos dicen – que al final Dios nos castigará. Por lo tanto, el mismo término se usa ahora para simbolizar el deshacimiento del miedo, ya que apunta al Amor no-crítico de Dios que echa fuera todo temor.
(1:1) «El Segundo Advenimiento de Cristo le confiere al Hijo de Dios este regalo: poder oír a la Voz que habla por Dios proclamar que lo falso es falso y que lo que es verdad jamás ha cambiado.»
Esa es la proclamación que elegimos negar al principio. Lo falso es el sistema de pensamiento del ego que proclama la realidad de la separación y nuestra individualidad; la verdad dice que nada cambió en el cielo, porque nada sucedió. Esto hace eco del comienzo del Capítulo 31:
“...que lo que nunca fue verdad no es verdad ahora ni lo será nunca. Lo imposible no ha ocurrido, ni puede tener efectos. ¿Cuán difícil puede ser reconocer que lo falso no puede ser verdad, y que lo que es verdad no puede ser falso?” (T-31.I.1:2-4, 7)
Por supuesto, este es el principio de Expiación, que nos enseña que solo creímos que dejamos a Dios. En verdad, de nuevo, no pasó nada. Nos apartamos de la proclamación del Espíritu Santo al principio porque nos gustaba la idea de que estuviéramos por nuestra cuenta; qué maravilloso era ser libre – o lo que pensábamos que era la libertad. Sin embargo, en algún punto – fuera del tiempo – nos dimos cuenta de que cometimos un error. Este reconocimiento sólo toma un instante, aunque en este mundo puede parecer que toma miles de millones de años. En ese instante santo, el mundo que pareció surgir del error original desaparece. El lector puede recordar que en el texto, Jesús compara el tiempo con una enorme alfombra que se desplegó, y que luego es enrollada de nuevo por la Expiación: “El tiempo parece ir en una dirección, pero cuando llegues a su final, se enrollará hacia el pasado como una gran alfombra extendida detrás de ti, y desaparecerá.” (T-13.I.3: 5).
(1:2) «Y éste es el juicio con el que a la percepción le llega su fin.»
Nuestro Juicio Final es la culminación del proceso de Expiación. Jesús lo expresó de esta manera en el texto: “Ninguna creencia que el Hijo de Dios albergue puede ser destruida. Pero lo que es verdad para él tiene que llevarse ante la última comparación que él jamás tendrá que hacer: la última posible evaluación, el juicio final sobre este mundo. Se trata del juicio de la verdad con respecto a la ilusión, y el del conocimiento con respecto a la percepción: “No tiene ningún significado y no existe”.” (T-26.III.4:1-3)
(1:3) «Lo primero que verás será un mundo que ha aceptado que esto es verdad, al haber sido proyectado desde una mente que ya ha sido corregida.»
El mundo que vemos – el mundo real – emana de nuestro reconocimiento de que el principio de Expiación es verdadero. Por cierto, este pasaje es uno de los pocos lugares en Un Curso de Milagros donde Jesús usa lo que parecería ser la palabra equivocada. La palabra “correcta” aquí habría sido «extendido», porque casi siempre la «extensión» se refiere al Amor de Dios o al perdón del Espíritu Santo, que es lo que se nos pide que elijamos. Del mismo modo, la «proyección» casi siempre se refiere al ego y su culpabilidad. El valor de esta aparente inconsistencia es que nos ayuda a no estar atados a la palabra literal. Una cosa que puede hacer tropezar a los estudiantes con este curso es encontrar fallas, quejándose de que Jesús no usa las palabras de la misma manera en todo momento. Imagina cómo arruinaríamos nuestro disfrute de Shakespeare, por ejemplo, si insistiéramos en que sus palabras fueran tomadas literalmente. Perderíamos todo contacto con la poesía y su significado subyacente. Esto también es verdad de Un Curso de Milagros. Por lo tanto, encontramos aquí otro caso en el que Jesús no se toma en serio sus formas; tampoco quiere que lo hagamos – el «contenido» sí, pero no la «forma». Este fue el tipo de cosas que volvieron loca a Helen, por cierto, porque ella era muy estricta con la forma. Sin embargo, Jesús le dijo específicamente que no se preocupara por esto – el «contenido» del significado era sacrosanto, no la «forma» de las palabras.
(1:4) «Y con este panorama santo, la percepción imparte una silenciosa bendición y luego desaparece, al haber alcanzado su objetivo y cumplido su misión.»
Aceptamos la Expiación y estamos en presencia del Amor de Dios, fuera del sueño, conscientes de que todo aquí es ilusorio. Esto dura sólo un instante, cuando Dios se inclina y nos eleva hacia Él Mismo. Este es el último paso de Dios.
(2:1-2) «El Juicio Final sobre el mundo no encierra condena alguna. Pues ve a éste completamente perdonado, libre de pecado y sin propósito alguno.»
Esto se refiere al Hijo de Dios que está fuera del sueño. No ve condena en el mundo porque se da cuenta de que no hay mundo. Mira las figuras en el sueño y dice: “¿Qué hay que condenar?”. Es como un adulto que mira a los soldados de juguete con los que juega un niño – algunos han sido derrotados, otros están triunfantes; algunos son buenos, otros malos. Sin embargo, el adulto no comparte estas percepciones y juicios porque son una creencia falsa. El niño puede creer que está involucrado en algo serio, pero el adulto sabe que es una fantasía. Ese es el caso cuando perdonamos, y es el significado del Juicio Final que termina con el temor y la condena.
(2:3-4) «Y al no tener causa ni función ante los ojos de Cristo, simplemente se disuelve en la nada. Ahí nació y ahí ha de terminar.»
Cuando te unes con el Espíritu Santo no hay pecado de separación, y por lo tanto no hay causa. Sin una causa no hay efecto – el sistema de pensamiento del sacrificio del ego – lo que significa que no hay un universo físico. Por lo tanto, el mundo nació y terminará en la mente que había errado – el Primer Juicio – y ahora deshace su error en el Juicio Final, abriendo paso al Cielo: Se acabó su tiempo, y en el pequeño espacio que pareció poseer está la nada. El sueño se ha ido, y todos sus sueños de regalos también han desaparecido ... Más allá del sueño, alcanzando todo, abarcando todo, la creación y el Creador aún permanecen en perfecta armonía y en perfecto amor.
(2:5) «Y todas las figuras del sueño con el que el mundo comenzó desaparecen con él.»
¡Una frase significativa de hecho! El universo espacial y temporal consiste en nada más que figuras oníricas. Cuando sales del sueño, donde Jesús está y siempre estuvo -recuerda el error original del cristianismo de traerlo al sueño del cuerpo- miras con él al mundo y compartes su sonrisa gentil, sabiendo que lo que ves son juegos de niños, sin consecuencias reales. Recuerda este pasaje del texto sobre las figuras alucinatorias en el sueño que llamamos vida, y cómo desaparecen cuando se miran a través de los ojos de la visión:
“¿Qué pasaría si reconocieses que este mundo es tan sólo una alucinación? ¿O si realmente entendieses que fuiste tú quien lo inventó? ¿Y qué pasaría si te dieses cuenta de que los que parecen deambular por él, para pecar y morir, atacar, asesinar y destruirse a sí mismos son totalmente irreales? ¿Podrías tener fe en lo que ves si aceptases esto? ¿Y lo verías? Las alucinaciones desaparecen cuando se reconocen como lo que son. Ésa es la cura y el remedio. No creas en ellas, y desaparecen. Lo único que necesitas reconocer es que todo ello es tu propia fabricación.” (T- 20.VIII.7:3-8:3)
(2:6) «Los cuerpos no tienen ahora ninguna utilidad, por lo tanto, desaparecen también, pues el Hijo de Dios es ilimitado.»
Jesús a menudo nos recuerda que el propósito del cuerpo es un salón de clases. Cuando hemos aprendido sus lecciones, el cuerpo ya no es necesario, ya que sin un propósito simplemente desaparece.
(3:1) «Tú que creías que el Juicio Final de Dios condenaría al mundo al infierno junto contigo, acepta esta santa verdad:»
Esta creencia está en el Juicio Final condenatorio del cristianismo. Sin embargo, es un pensamiento que está en la mente de todos, independientemente de la persuasión religiosa. Si crees que estás en un cuerpo, es porque destruiste el Cielo y, por lo tanto, Dios se levantará de las cenizas y te destruirá. Por lo tanto, para el ego, el Juicio Final de Dios arrebatará la vida que le quitaste, dejándote sin vida – lo que conocemos temerosamente como muerte. Este pensamiento demencial es corregido por la Expiación:
“El término “Juicio Final” asusta no sólo porque ha sido proyectado sobre Dios, sino también por la asociación de la palabra “final” con la muerte... Si se examina objetivamente el significado del Juicio Final, queda muy claro que en realidad es el umbral de la vida... Puedes, no obstante, aplicarlo significativamente, y en cualquier momento, a todo lo que has fabricado, y retener en la memoria sólo lo creativo y lo bueno. Eso es lo que tu mentalidad recta no puede sino dictar. El único propósito del tiempo es “darte tiempo” para alcanzar ese juicio... Cuando todo lo que retengas en la memoria sea digno de amor, no habrá ninguna razón para que sigas teniendo miedo. Éste es tu papel en la Expiación.” (T-2.VIII.5:1, 3, 6-8,10-11)
Jesús ahora nos habla del verdadero Juicio de Dios, que no es el Juicio Final del Hijo, sino el Juicio que siempre fue, y que dice simplemente: “Mi Amor por ti y el tuyo por Mí están unidos, y nada puede interponerse entre Nosotros”. Esta es la verdad, como leemos:
(3:1) «...el Juicio de Dios es el regalo de la Corrección que le concedió a todos tus errores. Dicha Corrección te libera de ellos y de todos los efectos que parecían tener.»
El reflejo del Juicio de Dios, Su Amor, es la Presencia del Espíritu Santo en nuestras mentes – el recuerdo que nos llevamos al sueño cuando creímos por primera vez que nos habíamos quedado dormidos:
“...el Juicio Final no tendrá lugar hasta que deje de asociarse con el temor. Algún día cada cual le dará la bienvenida, y ese mismo día se le concederá. Oirá su inocencia proclamada por todos los rincones del mundo, y éste quedará liberado al aceptar el Juicio Final de Dios sobre él. Éste es el Juicio sobre el que descansa la salvación. Éste es el Juicio que lo liberará. Éste es el Juicio mediante el cual todas las cosas serán liberadas junto con él. El tiempo se detiene a medida que la eternidad se aproxima, y el silencio envuelve al mundo para que todos puedan oír este juicio acerca del Hijo de Dios: Santo eres, eterno, libre e íntegro, y te encuentras para siempre en paz en el Corazón de Dios. ¿Dónde está el mundo ahora? ¿Y dónde el pesar?” (M-15.1:4-12)
(3:2) «Tener miedo de la gracia redentora de Dios es tener miedo de liberarte totalmente del sufrimiento, del retorno a la paz, de la seguridad y la felicidad, así como de tu unión con tu propia Identidad.»
En esta importante declaración, Jesús nos dice cuán temerosos somos de la gracia de Dios, que es un aspecto de Su Amor en el sueño (W-pI.169); cuán temeroso somos de ser liberados del sufrimiento y de ser felices y seguros; cuán temerosos somos de ser uno con nuestro Ser. Este miedo se justifica desde el punto de vista del ego, porque si aceptáramos la unidad que es nuestra felicidad, ya no existiríamos como individuos especiales. Por lo tanto, para entender verdaderamente Un Curso de Milagros, debemos darnos cuenta de que el punto fundamental es nuestro miedo a estar sin infelicidad, sufrimiento y abuso. Por lo tanto, tememos estar en presencia del amor, porque nuestra Identidad como el verdadero Hijo de Dios sería instantáneamente restaurada a la conciencia a medida que el recuerdo de nuestro yo anterior desaparece.
(4:1) «El Juicio Final de Dios es tan misericordioso como cada uno de los pasos de Su plan para bendecir a Su Hijo y exhortarlo a regresar a la paz eterna que comparte con él.»
Recuerda que en Un Curso de Milagros, el término «plan señalado por Dios» no significa literalmente, como si realmente tuviera un plan, sino que es usado como un símbolo de la Expiación – que todos nos daremos cuenta de que cometimos un error, cambiaremos nuestras mentes, y haremos el juicio corregido con el Espíritu Santo. Por lo tanto, habremos aceptado la Expiación para nosotros mismos, habiendo elegido la resurrección sobre el asesinato:
“Éstas son las cosas que nos aguardan a todos, pero aún no estamos listos para darles la bienvenida jubilosamente. Mientras quede una sola mente poseída por sueños de maldad, el pensamiento del infierno será real. Los maestros de Dios tienen como meta despertar las mentes de aquellos que duermen y ver la visión de la faz de Cristo ocupar el lugar de lo que ellas sueñan. El pensamiento de asesinato es reemplazado por bendiciones. Se abandonan los juicios y se le entregan a Aquel cuya función es juzgar. Y en Su Juicio Final se restaura la verdad del santo Hijo de Dios. Él ha sido redimido, pues ha escuchado la Palabra de Dios y ha comprendido su significado. Es libre porque ha permitido que la Voz de Dios proclame la verdad. Y todos aquellos a quienes antes pensó crucificar resucitan ahora con él, a su lado, según se prepara con ellos para encontrarse con su Dios.” (M-28.6)
(4:2) «No tengas miedo del amor...»
Jesús nos está indicando que sabe que tememos al amor; de lo contrario no nos diría que «no» le tuviéramos miedo. Sin embargo, no chasqueamos los dedos y al instante decidimos no tener miedo, sino que nos damos cuenta de lo temerosos que somos de amar y llevamos ese pensamiento a Jesús. Pedir ayuda ahora es significativo, porque hemos identificado el problema – no lo que otro ha hecho, sino lo que creemos que hemos hecho para merecer el castigo. Por lo tanto, no debemos temer la corrección del juicio de Jesús: “No tengas miedo del Juicio Final, sino que, por el contrario, dale la bienvenida sin más demora, pues el tiempo de que el ego dispone lo “toma prestado” de tu eternidad.” (T-9.IV.9:2)
(4:3-6) «...pues sólo él puede sanar todo pesar, enjugar todas las lágrimas y despertar tiernamente de su sueño de dolor al Hijo que Dios reconoce como Suyo. No tengas miedo de eso. La salvación te pide que le des la bienvenida. Y el mundo espera tu grata aceptación de ella, gracias a lo cual él se liberará.»
El mundo espera tu aceptación porque el mundo está en tu mente – no separado de ti. Por lo tanto, si realmente quieres ser feliz, con el pesar sanado y las lágrimas enjugadas, no busques nada externo, ya que eso no logrará lo que quieres; quizás momentáneamente, pero el mundo no eliminará la causa subyacente del dolor. Solo el amor de mentalidad recta tendrá éxito en despertarte de tus pesadillas de odio y dolor:
“No hay nada en este mundo que pueda brindarte semejante paz porque no hay nada en este mundo que se comparta totalmente. La percepción perfecta tan sólo puede mostrarte lo que se puede compartir plenamente. Puede mostrarte asimismo lo que resulta de ese compartir, mientras todavía tengas presente los resultados de no compartir. El Espíritu Santo señala calladamente el contraste, sabiendo que, en última instancia, dejarás que Él juzgue por ti la diferencia, permitiéndole que te muestre cuál de las dos alternativas es cierta. Tiene perfecta fe en tu juicio final porque sabe que es Él Quien lo emitirá por ti.” (T-13.XI.4:1-5)
Ahora el final hermoso, inspirador y reconfortante de la lección:
(5) «Este es el Juicio Final de Dios: “Tú sigues siendo Mi santo Hijo, por siempre inocente, por siempre amoroso y por siempre amado, tan ilimitado como tu Creador, absolutamente inmutable y por siempre inmaculado. Despierta, pues, y regresa a Mí. Yo Soy tu Padre y tú eres Mi Hijo”.»
Esto deshace el sistema de pensamiento que dice que Dios no es nuestro Padre, porque el ego es nuestra fuente y nosotros su hijo. Por lo tanto, se nos pide que llevemos los pensamientos de nuestra ilegitimidad, nuestro nacimiento falso y sus efectos – ira, enfermedad y dolor – a la verdad que Jesús nos ofrece. Solo llevando la oscuridad a la luz puede nuestro dolor verdaderamente deshacerse. El dulce cuento de hadas de Jesús ha corregido finalmente el del ego – Dios, el duro vengador, se ha convertido en Dios, el Juez amoroso – y despertamos del sueño de juicio al primer, único y último Juicio de Dios: “Yo soy tu Padre y tú eres Mi Hijo”.
Kenneth Wapnick L-pII.10 www.celebrandoelmilagro.com
Comentario por Oscar Gómez Díez
10. ¿QUÉ ES EL JUICIO FINAL?
La Biblia comienza y termina con un juicio. El Génesis empieza con un supuesto juicio de Dios contra nosotros, que culmina con la expulsión del paraíso. La Biblia termina en el libro del Apocalipsis, con el Juicio Final de Dios, la profecía en la que se destruye lo creado en el Génesis, todos seremos exterminados, excepto unos cuantos elegidos, 144 mil personas, 12 mil, por cada una de las 12 tribus de Israel.
La llamada cultura judeo cristiana se ha erigido sobre el odio y el miedo a Dios, por habernos expulsado del paraíso, y por los castigos que nos infringe. Él aparece como el culpable de nuestras desgracias, a la vez que cargamos un miedo mayor: la muerte y las tribulaciones del Juicio Final. Para calmar a un dios vengativo e iracundo, le ofrecemos el “amor” de los temerosos, con ofrendas y sacrificios. En el fondo está nuestra auto culpabilidad que ha moldeado nuestra psiquis colectiva.
"El Juicio Final es una de la ideas más atemorizantes de tu sistema de pensamiento. Eso se debe a que no entiendes lo que es. Juzgar no es un atributo de Dios." (T-2.VIII.2:1-3)
EL JUICIO FINAL PARA EL JUDAÍSMO
En el Antiguo Testamento hay varias referencias al juicio de Dios, especialmente de Daniel 12, también hay menciones en Joel 3, y en Ezequiel 37. En Ezequiel se expone la resurrección de los muertos, y el juicio de Dios Luego Daniel va precisando la profecía, primero con la resurrección de los muertos, quienes serán luego juzgados por Dios: "Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua." Daniel 12:2
And la promesa de la eternidad: "Pero sigue ahora tú viviendo hasta el final de tus días y luego descansa en paz, que al final de los tiempos serás levantado de tu tumba para recibir tu recompensa” Daniel 12:13. Así que el Antiguo Testamento anuncia la resurrección de los muertos, al final de los tiempos, el juicio de Dios, la vida eterna para los buenos, y la condenación eterna para los malos. Para el judaísmo el cuerpo es una creación divina, de ahí que no se conciba una relación con Dios desligada del cuerpo, una vez que los cuerpos mueran hay que establecer una intervención divina que los resucite, ya sea para la vida eterna o para la eterna condenación. Sea lo uno o lo otro, estará mediado por un juicio.
EL JUICIO FINAL EN EL CRISTIANISMO
La resurrección de todos los muertos, "de los justos y de los pecadores" (Hechos 24, 15), precederá al Juicio final. Esta será "la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz [...] y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, resucitarán para la condenación" (Juan 5, 28-29). Entonces, Cristo vendrá "en su gloria acompañado de todos sus ángeles [...] Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda [...] E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna." (Mt 25, 31. 32. 46).
Para el cristianismo el Segundo Advenimiento, y la resurrección de los muertos, preceden al Juicio Final, Según el Nuevo Testamento todos estos eventos van juntos en una sucesión de acontecimientos. A diferencia del Antiguo Testamento en que el Juicio es realizado por Dios mismo, en el Nuevo Testamento es desatado por Cristo, y la credencial la obtiene por haber sido inmolado, en su condición de cordero sacrificado, lo que le da derecho a abrir los siete sellos del Apocalipsis, y desatar todas las tribulaciones sobre la tierra. En otras palabras el derecho a una supuesta venganza divina.
LA TEOLOGÍA DEL MIEDO
El Nuevo Testamento desarrolla las profecías del Antiguo Testamento sobre el Juicio Final llegando a su punto culminante en el último libro de la Biblia: el Apocalipsis de San Juan, que en una descripción épica del fin de los tiempos. Un ferviente cristiano que lea el Apocalipsis no dejaría de estremecerse frente a los tormentos que allí se describen, pues aquellos que no aparezcan en el libro de la vida son sometidos a múltiples tribulaciones durante meses, son objeto de la ira insaciable de Dios, a tal punto que desearían morir pero no pueden hacerlo pues deben sufrir: "Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos." (Apocalipsis 9:6) En estos pasajes la venganza de Dios no se sacia con la muerte inmediata, sino con un dolor y agonía que se prolongarán durante el fin de los tiempos.
LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS Y EL EGO
La promesa de la resurrección de los muertos y la vida eterna, suena a música para los oídos del ego, al prometerle la resurrección y la inmortalidad de los cuerpos. De ahí que en la edad media se enterraban los cuerpos en las iglesias o cerca de las iglesias, para estar lo más cerca posible de tal acontecimiento, todo dependía de la capacidad de pago del difunto o su familia. La resurrección de los muertos y la vida eterna de los cuerpos, se convierte en el premio para los que respeten los preceptos bíblicos. A la vez que aminora el miedo al juicio final y la condena eterna. Es una promesa de miedo y esperanza, como todo lo que producen las mentes duales en este mundo. En el fondo de toda esta trama está el miedo a Dios, el miedo al amor, que es nuestro mayor obstáculo a la paz y la felicidad.
EL JUICIO FINAL EN UN CURSO DE MILAGROS
Un Curso de Milagros busca reinterpretar desde el amor y la no dualidad, aquellos pasajes bíblicos que inducen al miedo a Dios. El hermoso texto que vamos a estudiar sobre el Juicio Final, nos mostrará otra perspectiva, ya no desde el miedo sino desde el amor y el perdón. "El castigo es un concepto completamente opuesto a la mentalidad recta, y el objetivo del Juicio Final es restituirte tu mentalidad recta." (T-2.VIII.3:4)
Mientras le tengamos miedo a Dios, le tendremos miedo al amor, por lo que nuestra mente será gobernada por el ego, por el miedo. Corregir esta teología del miedo, implica restablecer la verdad sobre el amor de Dios, que es absoluto, sin opuestos, sin juicios y condenas, es restablecer y reconocer la total inocencia del Hijo de Dios, que es tan impecable como el Padre, pues fue creado a Su semejanza. Si no sanamos nuestra falsa creencia acerca del miedo a Dios, no podremos sanar nuestras mentes y experimentar el Amor que somos. "Cuando todo lo que retengas en la memoria sea digno de amor, no habrá ninguna razón para que sigas teniendo miedo." (T-2.VIII.5:10) En ese momento tampoco es necesario ningún juicio, pues el Amor no sólo ha sustituido al miedo, sino también a la falsa creencia que nuestras culpas merecen un castigo. En ese momento constataremos que Dios no juzga pues nunca nos ha condenado.
EL TRIUNFO DE LA VERDAD
"El Segundo Advenimiento de Cristo le confiere al Hijo de Dios este don: poder oír a la Voz que habla por Dios proclamar que lo falso es falso y que lo que es verdad nunca ha cambiado." (L-PII.10.1:1) El primer párrafo de este tema especial, se apertura con una mención al Segundo Advenimiento, que nos confiere el don de escuchar al Espíritu Santo proclamar que "que lo falso es falso y que lo que es verdad nunca ha cambiado." Esto quiere decir que la separación no es real, que todavía seguimos siendo tal como Dios nos creó, perfectos, impecables e inocentes, y que nada de eso ha cambiado. En otras palabras el veredicto del Amor y de la inocencia ya se ha emitido.
EL FIN DE LA PERCEPCIÓN
"Y éste es el juicio mediante el cual a la percepción le llega su fin." (L-PII.10.1:2) La percepción es una falsa interpretación de aquello que vemos después de haber proyectado afuera nuestras culpas y miedos, la percepción se basa en juzgar, condenar y atacar. A través del perdón nos liberamos de los juicios y los ataques, y de esta manera, accedemos al conocimiento de Dios, y del único juicio que Él puede emitir: la total inocencia de Su Hijo. "Lo primero que verás será un mundo que ha aceptado que esto es verdad, al haber sido proyectado desde una mente que ya ha sido corregida." (L-PII.10.1:3) Lo primero que veremos es el mundo real, el mundo perdonado y feliz, un mundo libre de juicios y condenas. Una mente que se ha sanado a través del perdón. De esa manera, hemos pasado de la falsa percepción del ego, a la percepción verdadera del Espíritu Santo, " And con este panorama santo, la percepción imparte una silenciosa bendición y luego desaparece, al haber alcanzado su objetivo y cumplido su misión." (L-PII.10.1:4) De la percepción verdadera en el mundo real, pasamos al conocimiento en el estado del Cielo. De ahí que la percepción desaparece al haber cumplido su misión.
LA DESAPARICIÓN DEL MUNDO
"El Juicio Final sobre el mundo no encierra condena alguna." (L-PII.10.2:1) A diferencia de los macabros acontecimientos narrados en el Apocalipsis, se nos comunica que no hay condena alguna. Pues Cristo ve al mundo "completamente perdonado, libre de pecado y sin propósito alguno." (L-PII.10.2:2). Cuando el amor y el perdón contemplan al mundo saben que este no tiene "causa ni función ante los ojos de Cristo, simplemente se disuelve en la nada. Ahí nació y ahí ha de terminar." (L-PII.10.2:3). El juicio del amor sobre el mundo, es reconocer que este es ilusorio como el tiempo que parece sustentarlo, que al no tener causa real se desvanece, desaparece ante la presencia de la verdad. "Y todas las figuras del sueño con el que el mundo comenzó desaparecen junto con él."(L-PII.10.2:4-5)
LA UTILIDAD DE LOS CUERPOS
Jesús no podría hablar de la resurrección de los cuerpos, pues éstos son tan ilusorios, como el mundo, el ego y el tiempo, "Los cuerpos no tienen ahora ninguna utilidad, por lo tanto, desaparecen también, pues el Hijo de Dios es ilimitado." (L-PII.10.2:6) Los cuerpos puestos al servicio del Espíritu Santo, pasan de ser un instrumento de separación y ataque al servicio del ego, a ser un instrumento de comunicación de amor y perdón, y una vez cumplida su misión, le damos las gracias por los servicios prestados. Los cuerpos no tienen ningún objeto en el estado del Cielo que es mental y amorfo.
LA GRAN CORRECCIÓN
"Tú que creías que el Juicio Final de Dios condenaría al mundo al infierno junto contigo, acepta esta santa verdad: el Juicio de Dios es el don de la Corrección que Él le concedió a todos tus errores. Dicha Corrección te libera de ellos y de todos los efectos que parecían tener." (L-PII.10.3:1) Esto es lo que Un Curso de Milagros llama la Expiación, el gran principio de la corrección de todos nuestros errores de percepción, hasta llevarnos al conocimiento de la totalidad toda abarcante de la que gozan Dios y Sus Hijos.
MIEDO Y ESCLAVITUD
Aquí se expone la razón por la cual se escribe este tema especial sobre el Juicio Final: "Tener miedo de la Gracia redentora de Dios es tener miedo de liberarte totalmente del sufrimiento, del retorno a la paz, de la seguridad y la felicidad, así como de tu unión con tu propia Identidad." (L-PII.10.3:2)
LA MISERICORDIA DIVINA
Y en este siguiente párrafo se expone, una reinterpretación desde el amor del Juicio Final: "El Juicio Final de Dios es tan misericordioso como cada uno de los pasos de Su plan para bendecir a Su Hijo y exhortarlo a regresar a la paz eterna que comparte con él." (L-PII.10.4:1)
NO TENGAS MIEDO DEL AMOR
"No tengas miedo del amor, pues sólo él puede sanar todo pesar, enjugar todas las lágrimas y despertar tiernamente de su sueño de dolor al Hijo que Dios reconoce como Suyo." (L-PII.10.4:2) Esta es una nueva exhortación para que no le tengamos miedo al amor. Dios es el Amor mismo, que no juzga, ni condena ni castiga, pues en tal caso dejaría de ser el Amor, que se extiende a Sí Mismo dándose con gozo y en paz. En este pasaje se retoma una frase del Apocalipsis en que Dios enjugará toda lágrima de dolor que hayamos creído sufrir, el Amor de Dios pone fin a todo sufrimiento. "No tengas miedo de eso. La salvación te pide que le des la bienvenida. And el mundo espera tu grata aceptación de ella, gracias a lo cual él se liberará." (L-PII.10.4:4-6) No tengamos miedo del Amor, por el contrario, démosle la bienvenida, pues nuestra sanación depende de que aceptemos el amor en lugar del miedo, sólo en ese momento nos podemos liberar de todo sufrimiento, y de las ataduras del ego.
EL JUICIO FINAL DE DIOS
El texto concluye con el veredicto final de Dios, con la sentencia final del Amor: "Éste es el Juicio Final de Dios: “Tú sigues siendo Mi santo Hijo, por siempre inocente, por siempre amoroso y por siempre amado, tan ilimitado como tu Creador, absolutamente inmutable y por siempre inmaculado. Despierta, pues, y regresa a Mí. Yo soy tu Padre y tú eres Mi Hijo”." (L-PII.10.5:1:3)
Oscar Gómez Díez L-pII.10 www.celebrandoelmilagro.com
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