Lea aquí la Introducción a la Segunda Parte
Índice del Tema Especial 12
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PREGUNTA 12
¿Qué es el ego?
1. El ego no es otra cosa que idolatría; el símbolo de un yo limitado y separado, nacido en un cuerpo, condenado a sufrir y a que su vida acabe en la muerte. ²Es la "voluntad" que ve a la Voluntad de Dios como su enemigo, y que adopta una forma en que Ésta es negada. ³El ego es la "prueba" de que la fuerza es débil y el amor temible, la vida en realidad es la muerte y sólo lo que se opone a Dios es verdad.
2. El ego es demente. ²Lleno de miedo, cree alzarse más allá de lo Omnipresente, aparte de la Totalidad y separado de lo Infinito. ³En su demencia cree también haber vencido a Dios Mismo. ⁴Y desde su terrible autonomía "ve" que la Voluntad de Dios ha sido destruida. ⁵Sueña con el castigo y tiembla ante las figuras de sus sueños: sus enemigos, que andan tras él queriendo asesinarlo antes de que él pueda proteger su seguridad atacándolos primero.
3. El Hijo de Dios no tiene ego. ²¿Qué puede saber él de la locura o de la muerte de Dios, cuando mora en Él? ³¿Qué puede saber de penas o de sufrimientos, cuando vive en una dicha eterna? ⁴¿Qué puede saber del miedo o del castigo, del pecado o de la culpabilidad, del odio o del ataque, cuando lo único que le rodea es paz eterna, por siempre imperturbable y libre de todo conflicto, en la tranquilidad y silencio más profundos?
4. Conocer la realidad significa no ver al ego ni a sus pensamientos, sus obras o actos, sus leyes o creencias, sus sueños o esperanzas, así como tampoco los planes que tiene para su propia salvación y el precio que hay que pagar por creer en él. ²Desde el punto de vista del sufrimiento, el precio que hay que pagar por tener fe en él es tan inmenso que la ofrenda que se hace a diario en su tenebroso santuario es la crucifixión del Hijo de Dios. ³Y la sangre no puede sino correr ante el altar donde sus enfermizos seguidores se preparan para morir.
5. Una sola azucena de perdón, no obstante, puede transformar la oscuridad en luz y el altar a las ilusiones en el templo a la Vida Misma. ²Y la paz se les restituirá para siempre a las santas mentes que Dios creó como Su Hijo, Su morada, Su dicha y Su amor, completamente Suyas, y completamente unidas a Él.
Un curso de milagros L-pII.12 www.celebrandoelmilagro.com
AUDIOS DE LA PREGUNTA 12
Lectura por Mariano Noé
Ocurrir por Martin Musarra
Comentario por Jorge Luis Álvarez Castañeda
VIDEOS DE APOYO
Comentario por Jorge Luis Álvarez Castañeda
Nos dice, Jesús, en el tema de especial relevancia 12. ¿Qué es el ego?: ”El ego no es otra cosa que idolatría; el símbolo de un yo limitado y separado, nacido en un cuerpo, condenado a sufrir y a que su vida acabe en la muerte”.
El ego es el desconocimiento y la substitución de Dios como Creador que le ha dado todo poder y gloria a Su Hijo, por ídolos. Es el desconocimiento de la Voluntad de Dios que quiere para Su Hijo que siempre tenga felicidad, que siempre se encuentre a salvo y en paz.
Los ídolos siempre desconocen el contenido de lo que somos como Hijos de Dios y nos centran en multitud de imágenes, que, en su mayoría, giran alrededor del cuerpo, con las cuales se pretende reemplazar el contenido de Amor de Dios.
Nos dice, Jesús: ”Es la “voluntad” que ve a la Voluntad de Dios como su enemigo y que adopta una forma en la que Ésta es negada. El ego es la “prueba” de que la fuerza es débil y el amor temible, la vida en realidad es la muerte y sólo lo que se opone a Dios es verdad”.
La creencia del ego en la separación se fundamenta en ver a Dios como enemigo, verlo como castigador implacable. El ego, cree que ha vencido a Dios, que tiene más poder que Él, porque ante la inminencia de la muerte esto es la demostración de que no ha sido capaz, siquiera, de garantizar la vida de su hijo. Se está, por lo tanto, en una inmensa soledad y no queda sino hacer las cosas a nuestra manera para justificar nuestros pequeños mundos particulares, que se consiguen a como dé lugar. El ego invierte, así, las cosas haciendo de la Voluntad de Dios, que es la misma nuestra, que busca para nosotros amor, felicidad, paz, seguridad, todo lo contrario.
Continúa Jesús: ”El ego es demente. Lleno de miedo, se alza más allá de lo Omnipresente, apartado de la Totalidad y separado de lo Infinito. En su demencia cree también haber vencido a Dios. Y desde su terrible autonomía “ve” que la Voluntad de Dios ha sido destruida”.
El ego, la mente colectiva que proyectó este mundo y el cuerpo, tiene que ser demente porque estando en la Unidad en Dios, en su perfecta paz y dicha, decide pensar separarse de Dios. Esa creencia de creer separarse de la Totalidad y del infinito no le ha producido sino dolor, sufrimiento y conflicto. Es demencia creer que es posible vencer a Dios valiéndose del sufrimiento que genera el sistema de pensamiento del ego lo cual demostraría que Dios no es tan poderoso porque ni siquiera puede impedir el sufrimiento de Su Hijo. Una total demencia cuando la naturaleza de Dios y de Su Hijo es Amor y de ninguna manera quiere que Su Hijo sufra. De esta manera, el ego juega a sentirse víctima de un dios castigador por todo cuanto le suceda eximiéndose, así, de asumir la responsabilidad de generar los cambios para volver a la paz de Dios. Esto lo haría la mente tomadora de decisiones, con la ayuda del Espíritu y de Jesús.
Nos dice Jesús: ”Sueña con el castigo y tiembla ante las figuras de sus sueños: sus enemigos, que andan tras él queriendo asesinarlo antes de que él pueda proteger su seguridad atacándolos primero”.
El ego, necesita la existencia de chivos expiatorios a quien echarle la culpa de lo que suceda al personaje que ha decidido fabricar. Alguien debe ser castigado por lo que le suceda. Como se mete en la lógica del ataque y defensa sabe que, si ataca, así sea en la mente, piensa que va a recibir igual o peor respuesta. Esto no es sino expresión de la lógica a que lleva un pensamiento que no perdona: los papeles de víctima y victimario se complementan y se intercambian continuamente.
Continúa Jesús: ”El Hijo de Dios no tiene ego. ¿Qué puede saber él de la locura o de la muerte de Dios, cuando mora en Él? ¿Qué puede saber de penas o de sufrimientos, cuando vive en una dicha eterna?”
El ego es una creencia falsa o un sueño que el personaje, que hemos fabricado con el ego, acepta de sí mismo y que desconoce nuestra naturaleza como Hijos de Dios. Es la aspiración a pensar y a ser separados de Dios. Dios mora en todas las mentes que se creen separadas de la Mente Una de Dios, en todas está el recuerdo de Dios. El sufrimiento, el dolor, la enfermedad la muerte no tienen nada que ver con el Hijo de Dios que siempre ha disfrutado y disfrutará de la dicha, la paz y el Amor perfecto de Dios. Así el ego no lo acepte.
Nos dice, Jesús: ”Qué puede saber del miedo o del castigo, del pecado o de la culpa, del odio o del ataque, cuando lo único que le rodea es paz eterna, por siempre imperturbable y libre de todo conflicto, en la tranquilidad y silencio más profundos?”
El Hijo de Dios, el Cristo, el Ser Mismo, no sabe de las características del ego. Su naturaleza es Amor y Paz perfectas. No tiene nada que ver con el castigo y el miedo del ego, originados en la creencia en la separación de Dios. En el mundo del ego el sufrimiento, el odio, el conflicto, la enfermedad, la muerte, son permanentes. Dios, creó, en el instante en que surge la falsa creencia en la separación, al Espíritu Santo, para que nos ayude a salir del sueño de la separación mediante el perdón, la aceptación de la Expiación para nosotros mismos y los milagros o la corrección de nuestra mente de las ilusiones del ego.
Continúa Jesús: ”Conocer la realidad significa no ver al ego ni a sus pensamientos, sus obras o actos, sus leyes o creencias, sus sueños o esperanzas, así como tampoco los planes que tiene para su propia salvación ni el costo que conlleva creer en él”.
Hablar de realidad es hablar del Reino de Dios, es hablar de Dios. La realidad no tiene nada que ver con el ego, lo mismo que el Hijo de Dios. Los pensamientos del ego expresan la separación, el conflicto, el pecado, la culpa y el miedo. Las leyes del ego o del caos enseñan que: 1. La verdad es diferente para cada persona. 2. No hay nadie que no peque, por lo tanto, todo el mundo merece ataque y muerte. 3. El temor a Dios. 4. El ego atribuye valor únicamente a aquello de lo que se apropia. Así, la pérdida del otro es tu ganancia. 5. Hay un substituto para el amor. Esta es la magia que curará todo tu dolor y que justifica tu venganza. El ego se basa en ilusiones, continuamente cambiantes, en búsqueda de una felicidad que nunca se consigue y todos sus planes están llenos de sufrimiento y de sacrificio. Nada que ver con la realidad de Dios que es perfecta Paz y Amor.
Nos dice, Jesús: ”Desde el punto de vista del sufrimiento, el precio que hay que pagar por tener fe en el ego es tan inmenso que la ofrenda que se hace a diario en su tenebroso santuario es la crucifixión del Hijo de Dios. Y la sangre no puede sino correr ante el altar donde sus enfermizos seguidores se preparan para morir”.
La lección 338 Sólo mis propios pensamientos pueden afectarme, es una clara explicación de la crucifixión del ego que nos hacemos cuando decidimos seguirlo. Ante cualquier situación externa que parezca afectarnos, siempre, podemos elegir el crucificarnos a nosotros mismos con nuestros pensamientos de ataque, vale decir, con resentimientos, ira, culpa, miedo, desvalorización, juicios, odio, o elegir la resurrección, como símbolo de la liberación de la culpabilidad por medio de la inocencia que si puede ser compartida a nuestros hermanos. Esto implica pedir la ayuda del Espíritu Santo y de Jesús, para que nos ayuden a perdonar y aceptar la Expiación para nosotros mismos.
Continúa Jesús: ”No obstante, una sola azucena de perdón puede transformar la obscuridad en luz y el altar a las ilusiones en el templo a la Vida Misma”.
Jesús, ya nos ha enseñado que, en nuestra mente, tenemos un altar al Nombre de Dios donde depositamos las azucenas del perdón. Podemos acudir a él cuando nos valemos de la mente tomadora de decisiones para que se decida por el Espíritu Santo y no por el ego. Más allá del altar al Nombre de Dios se encuentra el recuerdo de Dios que siempre ha estado en la mente a la espera de nuestra decisión a favor de Dios y no del ego. En la lección 339 Se me concederá todo lo que pida, Jesús, nos llama a no hacer nada por nuestra cuenta sino a oír al Espíritu Santo en todo lo que hagamos. El Espíritu Santo, continuamente, nos dice que perdonemos para, de esa manera, transformar la obscuridad de nuestra mente en la luz de la mente recta que nos permita superar las ilusiones y decidirnos por la verdad.
Finalmente nos dice, Jesús: ”Y la paz se les restituirá para siempre a las santas mentes que Dios creó como Su Hijo, Su Morada, Su Dicha y Su Amor, completamente Suyas y completamente unidas a Él”.
El ego necesita el conflicto para poder subsistir. Si estoy en conflicto no puedo tener paz. La paz permite la liberación de la culpa que me hace sentir indigno del Amor de Dios. Consigo la paz mediante el perdón y la aceptación de la Expiación para mí mismo. La lección 340 es una buena orientación para superar el ego: Hoy puedo estar libre de todo sufrimiento. Es mi decisión dejar de lado todos los pensamientos que me causan conflicto y sufrimiento y me hacen perder la paz. La paz siempre será el mejor indicador de la necesidad de perdonar. Si siento que pierdo la paz pido ayuda al Espíritu Santo y a Jesús, me aquieto, es decir, paro los juicios, y espero el mensaje de paz y de amor de mi Padre.
Jorge Luis Álvarez Castañeda L-pII.12 www.celebrandoelmilagro.com
Comentario por Kenneth Wapnick
Pregunta 12. ¿Qué es el ego?
(1:1) «El ego no es otra cosa que idolatría; el símbolo de un yo limitado y separado, nacido en un cuerpo, condenado a sufrir y a que su vida acabe en la muerte.»
Sin embargo, este yo es lo que continuamente elegimos idolatrar. Un ídolo está destinado a sustituir al verdadero Dios, con imágenes que toman la forma de nuestro Creador, Quien es abstracto y carece de forma. Luego adoramos a los ídolos, tomando su forma como verdad, mientras perdemos el «contenido» de amor de la verdad. Del mismo modo, adoramos al ego en la forma del cuerpo, sustituyendo su yo por el Ser de Cristo. El cuerpo se convierte así en realidad para nosotros, el “héroe” del sueño del ego, como Jesús nos dice en el texto:
“El cuerpo es el personaje central en el sueño del mundo. Sin él no hay sueño, ni él existe sin el sueño en el que actúa como si fuese una persona digna de ser vista y creída. Ocupa el lugar central de cada sueño en el que se narra la historia de cómo fue concebido por otros cuerpos, cómo vino al mundo externo al cuerpo, cómo vive por un corto tiempo hasta que muere, para luego convertirse en polvo junto con otros cuerpos que, al igual que él, también mueren.” (T-27.VIII.1:1-3)
En nuestra locura, realmente creemos que este cuerpo moribundo, el “despojo mortal” de Hamlet, es nuestra identidad.
(1:2) «Es la “voluntad” que ve a la Voluntad de Dios como su enemigo, y que adopta una forma en que Ésta es negada.»
La trinidad impía de pecado, culpa y miedo del ego nos deja aterrorizados de Dios, Quien se ha convertido en nuestro enemigo mortal – en guerra con nosotros porque secretamente estamos en guerra con Él. Claramente, esto no tiene nada que ver con el verdadero Dios, sino con la deidad vengativa del sueño del ego. Este pasaje del manual para los maestros describe dramáticamente el sistema de pensamiento de magia, venganza y asesinato del ego:
“Un pensamiento mágico, por su mera presencia, da por sentada la separación entre Dios y nosotros. Afirma, de la forma más clara posible, que la mente que cree tener una voluntad separada y capaz de oponerse a la Voluntad de Dios, cree también que puede triunfar en su empeño. Es obvio que esto no es cierto. Sin embargo, es igualmente obvio que se puede creer que lo es. Y ahí es donde la culpabilidad tiene su origen. Aquel que usurpa el lugar de Dios y se lo queda para sí mismo tiene ahora un “enemigo” mortal. Y ahora él mismo tiene que encargarse de su propia protección y construir un escudo con que mantenerse a salvo de una furia tenaz y de una venganza insaciable.” (M-17.5:3-9)
(1:3) «El ego es la “prueba” de que la fuerza es débil y el amor temible, la vida en realidad es la muerte y sólo lo que se opone a Dios es verdad.»
La fuerza de Cristo es la debilidad del ego, porque es el poder de la perfecta Unicidad. La fuerza del ego – realmente debilidad – es el poder aparente de la separación, al cual el mundo atestigua. Creemos que somos fuertes, porque si estamos aquí – y ciertamente creemos que lo estamos – fue debido a nuestra derrota de Dios. Luego derrotamos a todos los demás a través de la indulgencia de nuestro especialismo – nuestra retorcida idea de fortaleza. Sin embargo, se nos pide que consideremos si esta es realmente la fuerza que queremos. En líneas que ya nos son familiares, Jesús nos pregunta directamente al final del texto si es nuestro deseo sucumbir a la tentación del ego de identificarnos con el cuerpo débil, impotente y atacante:
“La lección que la tentación siempre quiere enseñar... es ésta: quiere persuadir al Hijo de Dios de que él es un cuerpo, nacido dentro de lo que no puede sino morir, incapaz de librarse de su flaqueza y condenado a lo que el cuerpo le ordene sentir... ¿Querrías seguir siendo eso, si Cristo se te apareciese en toda Su gloria, pidiéndote solamente esto?: «Elige de nuevo si quieres ocupar el lugar que te corresponde entre los salvadores del mundo, o si prefieres quedarte en el infierno y mantener a tus hermanos allí.» Él «ha» venido, y «esto» es lo que te está pidiendo. ¿Cómo se lleva a cabo esa elección? ¡Qué fácil de explicar es esto! Siempre eliges entre tu debilidad y la fortaleza de Cristo en ti. Y lo que eliges es lo que crees que es real.” (T-31.VIII.1:1-2:4)
(2:1-4) «El ego es demente. Lleno de miedo, cree alzarse más allá de lo Omnipresente, aparte de la Totalidad y separado de lo Infinito. En su demencia cree también haber vencido a Dios Mismo. Y desde su terrible autonomía “ve” que la Voluntad de Dios ha sido destruida.»
“Ve” está entre comillas porque la Voluntad de Dios no ha sido destruida. Sin embargo, lo que subyace a nuestra creencia de que existimos como individuos es el pensamiento que ciertamente lo hemos destruido a Él – la piedra angular del sistema de pensamiento demente del ego:
“El ego no es más que la idea de que es posible que al Hijo de Dios le puedan suceder cosas en contra de su voluntad, y, por ende, en contra de la Voluntad de su Creador, la cual no puede estar separada de la suya. Con esta idea fue con lo que el Hijo de Dios reemplazó su voluntad, en rebelión demente contra lo que no puede sino ser eterno. Dicha idea es la declaración de que él puede privar a Dios de Su poder y quedarse con él para sí mismo, privándose de este modo de lo que Dios dispuso para él. Y es esta descabellada idea la que has entronado en tus altares y a la que rindes culto.” (T-21.II.6:4-7)
(2:5) «Sueña con el castigo y tiembla ante las figuras de sus sueños: sus enemigos, que andan tras él queriendo asesinarlo antes de que él pueda proteger su seguridad atacándolos primero.»
Este es el sistema de pensamiento que prevalece en el mundo y la base de su comportamiento: el perro come al perro, mata o te matarán, «uno o el otro» – la proyección sombría del pensamiento original de que existimos al haber destruido a Dios. Nuestra culpa grita que Él buscará recuperar Su vida destruyéndonos a cambio. Recuerda el pasaje breve y conciso del texto de los dos sueños que consciente e inconscientemente pensamos que son realidad – víctima y victimario, respectivamente:
“Sueñas que tu hermano está separado de ti, que es un viejo enemigo, un asesino que te acecha en la noche y planea tu muerte, deseando además que sea lenta y atroz. Mas bajo este sueño yace otro, en el que tú te vuelves el asesino, el enemigo secreto, el sepultador y destructor de tu hermano así como del mundo.” (T-27.VII.12:1-2)
La verdad, sin embargo, yace a salvo más allá de estos sueños, porque “Dios piensa de otra manera” (T- 23.I.2:7):
(3) «El Hijo de Dios no tiene ego. ¿Qué puede saber él de la locura o de la muerte de Dios, cuando mora en Él? ¿Qué puede saber de penas o de sufrimientos, cuando vive en una dicha eterna? ¿Qué puede saber del miedo o del castigo, del pecado o de la culpabilidad, del odio o del ataque, cuando lo único que le rodea es paz eterna, por siempre imperturbable y libre de todo conflicto, en la tranquilidad y silencio más profundos?»
En otras palabras, cuando estamos en nuestras mentes correctas, fuera del sueño y recordando nuestra Identidad como Cristo, ya no sabemos de la locura o la muerte de Dios. Habiendo vuelto a la cordura, nos damos cuenta de que esta locura era un sueño que ahora ha desaparecido. Lo anterior nos dice una vez más que Dios no puede saber nada de este mundo, porque ¿cómo puede Él saber del pecado, la culpa, el miedo o la separación, nada de lo cual ha sucedido? La clarificación de términos proporciona este contraste entre el ego y el milagro, y Jesús, una vez más, nos pide que elijamos entre la locura y la cordura, la ilusión y la verdad:
“Esto es lo que era el ego: el odio cruel, la necesidad de venganza y los gritos de dolor, el miedo a la muerte y el deseo de matar, la ilusión de no tener hermanos, y el yo que parecía estar solo en el universo. El milagro corrige este terrible error con respecto a ti mismo con la misma dulzura con la que una madre amorosa adormece con su canto a su criatura. ¿No preferirías escuchar un canto así?” (C-2.8.)
(4:1) «Conocer la realidad significa no ver al ego ni a sus pensamientos, sus obras o actos, sus leyes o creencias, sus sueños o esperanzas, así como tampoco los planes que tiene para su propia salvación y el precio que hay que pagar por creer en él.»
Cuando estás en presencia de la realidad, no ves el ego, sus pensamientos o cualquier otra cosa, lo cual es el punto en el que Jesús nos dice que cuando despertemos del sueño ya no lo recordaremos, porque no hay nada que recordar. (T19.IV.D.6). Por eso, desde la perspectiva no-dualista de Un Curso de Milagros, el espíritu no puede tener nada que ver con el sueño, ya que no conoce el ego ni su mundo. La realidad – y el Hijo de Dios como parte de la realidad – es literalmente sin ego y aparte de la locura del ego. ¿Cómo, entonces, puede el ego ser visto, y mucho menos reaccionar a él, cuando literalmente no está allí?
“¿Qué es el «ego»? El ego no es más que un sueño de lo que en realidad eres. Un pensamiento de que estás separado de tu Creador y un deseo de ser lo que Él no creó. El ego es un producto de la locura, no de la realidad. Es tan sólo un nombre para lo innombrable. Un símbolo de lo imposible; una elección de opciones que no existen... ¿Qué es el ego? El ego no es nada, pero se manifiesta de tal forma que parece ser algo. En un mundo de formas no se puede negar al ego, pues sólo él parece real. Mas ¿podría el Hijo de Dios tal como su Padre lo creó morar en una forma o en un mundo de formas?” (C-2.1:4-9; 2:1-4)
(4:2) «Desde el punto de vista del sufrimiento, el precio que hay que pagar por tener fe en él es tan inmenso que la ofrenda que se hace a diario en su tenebroso santuario es la crucifixión del Hijo de Dios. Y la sangre no puede sino correr ante el altar donde sus enfermizos seguidores se preparan para morir.»
El término «altar» en Un Curso de Milagros se usa como un símbolo para el tomador de decisiones. Es la parte de nuestras mentes que puede elegir identificarse con el ego o el Espíritu Santo. El pasaje anterior describe nuestra elección de adorar en el santuario del ego – su sistema de pensamiento de pecado, culpa y miedo; de sufrimiento, asesinato y muerte – mientras que el siguiente pasaje del texto desgrana para nosotros el altar del ego tal como se manifiesta en nuestras relaciones especiales:
“El sufrimiento y el sacrificio son los regalos con los que el ego “bendice” toda unión. Y aquellos que se unen ante su altar aceptan el sufrimiento y el sacrificio como precio de su unión. En sus iracundas alianzas, nacidas del miedo a la soledad, aunque dedicadas a la perpetuación de la misma, cada cual busca aliviar su culpabilidad haciendo que el otro se sienta más culpable. Pues cada uno cree que eso mitiga su propia culpabilidad.” (T- 15.VII.9)
La sangre corre libremente en este santuario de especialismo, ya que representa la crucifixión del Hijo de Dios. Así, cuando Jesús apareció en el mundo, la gente lo hizo parte de su sueño de crucifixión, idolatrando a su salvador crucificado. Sin embargo, la verdad invulnerable del inocente Hijo de Dios – que se refleja en la forma de Jesús – descansaba dentro de la mente correcta del Hijo, esperando calmadamente su regreso a la cordura.
(5:1) «Una sola azucena de perdón, no obstante, puede transformar la obscuridad en luz y el altar a las ilusiones en el templo a la Vida Misma.»
Nuestro tomador de decisiones ahora se da cuenta de su error, cambia de mentalidad y se dirige a la luz del Espíritu Santo. El altar ensangrentado es limpiado del odio por el perdón, que no ve ningún pecado ya que el amor ha reemplazado al miedo, la paz a la guerra y la dicha al dolor. La luz de la verdad ha venido para desvanecer la oscuridad de la ilusión:
“Todo aquel que se encuentra aquí ha venido a las tinieblas, pero nadie ha venido solo ni necesita quedarse más de un instante. Pues cada uno ha traído la Ayuda del Cielo consigo, lista para liberarlo de las tinieblas y llevarlo a la luz en cualquier momento. Esto puede ocurrir en cualquier momento que él decida, pues la ayuda está aquí, esperando tan sólo su decisión.” (T-25.III.6)
(5:2) «Y la paz se les restituirá para siempre a las santas mentes que Dios creó como Su Hijo, Su morada, Su dicha y Su amor, completamente Suyas, y completamente unidas a Él.»
Hemos regresado a nuestras mentes correctas, al darnos cuenta de que no hay un lugar donde preferiríamos estar, el requisito previo para estar en el mundo real en el que la mente errada desaparece, al igual que su mundo de separación y pecado. Todo lo que queda es el recuerdo de Quiénes somos como el Hijo único y unificado de Dios, tan santo como su Creador, la Santidad Misma:
“¡Cuán hermoso se vuelve el mundo en ese instante en el que ves la verdad acerca de ti mismo reflejada en él! Ahora estás libre de pecado y contemplas tu impecabilidad. Ahora eres santo y así lo percibes. Y ahora la mente retorna a su Creador: la unión de Padre e Hijo; la Unidad de unidades que se encuentra detrás de toda unión, aunque más allá de todas ellas. No se ve a Dios, sino que únicamente se le comprende. No se ataca a Su Hijo, sino que se le reconoce.” (C-3.8)
Kenneth Wapnick L-pII.12 www.celebrandoelmilagro.com
Comentario por Oscar Gómez Díez
12. ¿QUÉ ES EL EGO?
"¿Que es el ego? El ego no es más que un sueño de lo que en realidad eres, un pensamiento de que estás separado de tu Creador y un deseo de ser lo que Él no creó. El ego es un producto de la locura no de la realidad." (C-2.4-7)
La palabra ego proviene del latín, y significa ‘yo’. De la palabra ego se desprenden otras, como egoísmo, egocentrismo, egolatría, etc. En psicología el ego es la formación de la personalidad a partir de la interacción de los instintos y necesidades con el contexto social y cultural, moldeando el carácter del individuo. El ego es un elemento central en Un Curso de Milagros, atraviesa todo el libro, por lo que abordarlo en un artículo puede parecer insuficiente, este escrito debe considerarse como una introducción que nos estimule a un estudio más detallado. Un Curso de Milagros, construye sus fundamentos psicológicos a partir de describir al ego y sus diversas manifestaciones, como la negación del Amor, que nos induce a separarnos de nuestra Fuente creadora. Veremos como el concepto de ego evoluciona, cuando es interpretado como resultado de una combinación entre psicología y espiritualidad.
EL EGO EN LA BIBLIA
El concepto del ego no existe en la Biblia. Podríamos asimilarlo como ese yo individual que lo lleva a desobedecer o desafiar a Dios, conductas a las cuales llaman pecados. La iglesia los ha clasificado como pecado original, pecados capitales, pecados mortales y pecados veniales. Existiendo un agente externo que nos induce a la tentación, al pecado, al que se le han dado distintos nombres, la serpiente, en el jardín del Edén, Lucifer, satanás, el demonio, el diablo, etc. Como resultado de esa interacción existen dos espacios: el infierno para los que han sido condenados y castigados, y el Cielo para quienes se hayan arrepentido y han sido perdonados.
EL ENEAGRAMA: LOS 9 TIPOS DE EGO
Los antiguos maestros sufíes, quisieron diseñar un método que nos ayudara a trascender las emociones que obstaculizan nuestro desarrollo espiritual. Para ello retomaron los siete pecados capitales: La soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza, y le agregaron dos emociones más: el miedo y la vanidad. De esta manera surgió el Eneagrama, los 9 tipos de ego o personalidad que niegan a nuestro Ser, por lo que el Eneagrama tiene un propósito espiritual y no sólo psicológico. Una vez identificado el tipo de ego dominante el individuo buscará contraponer a cada uno de los 9 tipos de egos, una emoción positiva con la que se busca invertir la pasión dominante negativa en una virtud positiva. El Eneagrama tiene de común con Un Curso de Milagros, en que parten de los arquetipos de la cultura judeo cristiana. Pero el Curso va mucho más allá, hasta el origen de la consciencia. El Curso no desarrolla una tipología de egos, pues considera que la culpa es la emoción de la que se derivan todas las demás.
LA CONFESIÓN Y LA INQUISICIÓN
La iglesia católica osciló entre quemar a los pecadores en la hoguera de la "Santa Inquisición" y el perdón de los pecados. Se llegaron a elaborar manuales de torturas para obtener “la confesión” de los condenados. Después de miles de muertos la iglesia se inclinó por la confesión como una iniciativa individual del creyente. Al erigirse la iglesia en una intermediaria entre Dios y los hombres, crea un escenario en la que los pecados pueden ser perdonados a cambio de una penitencia. Con la confesión buscamos resolver los efectos sin abordar la causa. Durante siglos la confesión fue la mayor terapia psicológica de todos los tiempos, además de un eficaz sistema de información y control social.
EL PSICOANÁLISIS
La psicología moderna se consolida a principios del siglo XX de la mano de Sigmund Freud con su método de psicoanálisis. La confesión es retomada ya no para absolver pecados, sino para indagar las causas del conflicto al interior de la mente. Freud introduce el concepto de ego, que define la personalidad de un individuo a partir de un conflicto entre sus deseos e instintos (ello), y las normas sociales y culturales representadas de forma directa por los padres del individuo (superyó). Para el Curso el ego es un sistema de pensamiento completo, que equivaldría a la totalidad de la psiquis freudiana. El perdón que nos propone Jesús, busca resolver las causas de nuestras falsas creencias, por lo que se constituye en una verdadera sanación.
EL EGO EN UN CURSO DE MILAGROS
El Curso incluye términos de la psicología del siglo XX tales como proyección, percepción, consciencia, negación, culpa, ego, mecanismos de defensa, etc. El origen del conflicto trasciende la primera infancia del individuo, tiene que ver con la creencia en la separación. El pecado es reinterpretado como un error, ya que el pecado implica castigo, y el error corrección. El conflicto sucede en nuestra mente, no hay agentes externos que lo inciten. Tanto la enfermedad como la curación recaen única y exclusivamente en la mente de cada individuo. El pecado, la culpa, el miedo, la enfermedad o el conflicto, no es exclusivo de algunos desquiciados que andan por el mundo, sino que es la condición de todos los que creemos habitar un cuerpo y nos identificamos con él (ego). La solución es volver al Amor y a la unidad a través del perdón.
DEL TERAPEUTA DEL MUNDO AL TERAPEUTA DEL AMOR
El sacerdote y el psicólogo son sustituidos por un agente interno: el Espíritu Santo que es el recuerdo de Dios o del Amor en nuestra mente. Lo que creemos ver en el mundo no es más que una interpretación de lo que sucede al interior de nuestra mente, a eso lo llamamos percepción. El único que nos puede salvar de la trampa de los juicios es el terapeuta de Dios: el Espíritu Santo, Quien goza de la visión de la totalidad.
ALMA VS MENTE
Jesús requería adicionar una sustitución de términos, la de alma por mente. La mente se puede analizar y sanar. Esta sustitución implicó redefinir la mente como "el principio activo del espíritu, el cual le suministra a la mente su energía creadora" (C-1.1:1). El Curso describe a la mente ”como si consistiera de dos partes: el espíritu y el ego." (C-1.2:4). En la mente reside nuestra voluntad de decidir. El perdón es el mecanismo que nos ayuda a concretar nuestra elección a favor del amor. No es gratuito que el Curso de Milagros haya sido transmitido a dos destacados psicólogos: Helen Schucman y William Thedford.
LA CONSCIENCIA ESCENARIO DEL CONFLICTO
La consciencia se considera el receptáculo donde confluye la mente superior y la mente inferior (C-1.7:3). Es el escenario de nuestro conflicto interno entre una mente errada y una mente correcta. Sanamos en la medida que desalojamos al ego de nuestra consciencia a través del perdón. El fin del ego es también el fin de la consciencia de separación y el retorno a la unidad.
12. ¿QUÉ ES EL EGO?
EGO = IDOLATRÍA: "El ego no es otra cosa que idolatría; el símbolo de un yo limitado y separado, nacido en un cuerpo..." (L-PII.12.1:2). El Curso equipara al ego con idolatría por la auto imagen que el ego tiene de sí mismo al identificarse con un cuerpo limitado condenado a morir.
EGO = FALSA VOLUNTAD: El ego "Es la "voluntad" que ve a la Voluntad de Dios como su enemigo..." (L-PII.12.1:2). Pretende fabricar un mundo opuesto al de Dios. El ego es en realidad un pensamiento falso en nuestra mente y que pareciera tener vida propia.
EGO = MIEDO AL AMOR: "El ego es la "prueba" de que la fuerza es débil y el amor temible, la vida en realidad es la muerte..." (L-PII.12.1:3). El miedo primario del ego es el miedo a un supuesto castigo de Dios.
EGO = DEMENCIA: "El ego es demente. Lleno de miedo, cree alzarse más allá de lo Omnipresente..." (L-PII.12.2:1-2). El Curso considera al ego un pensamiento demente que niega la realidad inmutable de la Creación. "En su demencia cree también haber vencido a Dios Mismo." (L-PII.12.2:3-4).
EL MIEDO AL CASTIGO Y AL ATAQUE
El ego "Sueña con el castigo y tiembla ante las figuras de sus sueños..." (L-PII.12.2:5). Proyectando la culpa en sus hermanos, el ego nos lleva a percibir enemigos y ataques por doquier.
LA VERDAD QUE DESHACE AL EGO
"El Hijo de Dios no tiene ego. ¿Qué puede saber él de la locura o de la muerte de Dios, cuando mora en Él?" (L-PII.12.3:1-4). El Curso nos enseña varias formas de deshacer el ego, la más importante es el perdón. Conocer nuestra verdad eterna sólo es posible con la visión de Cristo, la visión del amor, que ve más allá de las formas y los cuerpos.
EL EGO Y LOS SACRIFICIOS
Desde tiempos remotos el ego buscaba calmar la supuesta ira de Dios con sacrificios y ofrendas. "Desde el punto de vista del sufrimiento, el precio que hay que pagar por tener fe en él es tan inmenso que la ofrenda que se hace a diario en su tenebroso santuario es la crucifixión del Hijo de Dios." (L-PII.12.4:2).
EL PERDÓN EL MECANISMO QUE DESHACE AL EGO
Jesús nos va a enseñar que la salvación no exige sacrificio alguno. "Una sola azucena de perdón, no obstante, puede transformar la oscuridad en luz y el altar a las ilusiones en el templo a la Vida Misma." (L-PII.12.5:1-2). Sólo el perdón tiene el poder de deshacer este mundo ilusorio y de llevarnos de regreso a casa al corazón de Dios.
Oscar Gómez Díez L-pII.12 www.celebrandoelmilagro.com
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