Pregunta 6 ¿Qué es el Cristo?

“Con lentitud, constancia y amabilidad se gana esta carrera” Ken Wapnick
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Índice del Tema Especial 6
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PREGUNTA 6

¿Qué es el Cristo?


1. Cristo es el Hijo de Dios tal como Él lo creó. ²Cristo es el Ser que compartimos y que nos une a unos con otros, y también con Dios. ³Es el Pensamiento que todavía mora en la Mente que es Su Fuente. ⁴No ha abandonado Su santo hogar ni ha perdido la inocencia en la que fue creado. ⁵Mora inmutable para siempre en la Mente de Dios.


2. Cristo es el eslabón que te mantiene unido a Dios, y la garantía de que la separación no es más que una ilusión de desesperanza, pues toda esperanza morará por siempre en Él. ²Tu mente es parte de la Suya, y Ésta de la tuya. ³Él es la parte en la que se encuentra la Respuesta de Dios, y en la que ya se han tomado todas las decisiones y a los sueños les ha llegado su fin. ⁴Nada que los ojos del cuerpo puedan percibir lo afecta en absoluto. ⁵Pues aunque Su Padre depositó en Él los medios para tu salvación, Él sigue siendo, no obstante, el Ser que, al igual que Su Padre, no conoce el pecado.


3. Al ser el hogar del Espíritu Santo y sentirse a gusto únicamente en Dios, Cristo permanece en paz en el Cielo de tu mente santa. ²Él es la única parte de ti que en verdad es real. ³Lo demás son sueños. ⁴Mas éstos se le entregarán a Cristo, para que se desvanezcan ante Su gloria y pueda por fin serte revelado tu santo Ser, el Cristo.


4. El Espíritu Santo se extiende desde el Cristo en ti hasta todos tus sueños, y los invita a venir hasta Él para que puedan ser transformados en la verdad. ²Él los intercambiará por el sueño final que Dios dispuso fuese el fin de todos los sueños. ³Pues cuando el perdón descanse sobre el mundo y cada uno de los Hijos de Dios goce de paz, ¿qué podría mantener las cosas separadas cuando lo único que se puede ver es la faz de Cristo?


5. ¿Y por cuánto tiempo habrá de verse esta santa faz, cuando no es más que el símbolo de que el período de aprendizaje ya ha concluido y de que el objetivo de la Expiación por fin se ha alcanzado? ²Tratemos, por lo tanto, de encontrar la faz de Cristo y de no buscar nada más. ³Al contemplar Su gloria, sabremos que no tenemos necesidad de aprender nada, ni de percepción, ni de tiempo, ni de ninguna otra cosa excepto del santo Ser, el Cristo que Dios creó como Su Hijo.


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Comentario de Jorge Luis Álvarez Castañeda


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Comentario por Jorge Luis Álvarez Castañeda

Nos dice Jesús en el tema de especial relevancia 6. ¿Qué es el Cristo?:

”Cristo es el Hijo de Dios tal como Él lo creó. Cristo es el Ser que compartimos y que nos une unos con otros, y también con Dios”.

Cristo es la extensión del Espíritu de Dios, Su creación como Su Hijo único o la totalidad de la Filiación. Es la Segunda Persona de la Trinidad. Comparte las mismas cualidades del Padre y crea como Él porque fue Creación de Dios. No debe equipararse, exclusivamente, con Jesús, nuestro hermano mayor, quien perdonó completamente, completó el proceso de la Expiación, vio la faz de Cristo en todos sus hermanos y recordó a Dios. Cristo es el Ser que compartimos con nuestros hermanos, esa parte divina que todos tenemos y que nunca nos ha abandonado. En la lección la 271 Hoy sólo utilizaré la visión de Cristo, Jesús, nos llama a centrarnos en la visión de Cristo. A todo momento tenemos la posibilidad de elegir ver el Cristo en nuestros hermanos. Y si no lo podemos hacer es una oportunidad para perdonar lo que nos esté haciendo perder la paz e insistir nuevamente en verlo.

Cristo es nuestra Identidad. Es el recuerdo de Dios que compartimos con todos nuestros hermanos. Esa es la verdad que pone fin a todas las ilusiones como dice la lección 272 ¿Cómo iban a poder satisfacer las ilusiones al Hijo de Dios?. Si aceptamos la verdad no habrá lugar al miedo y al ataque hacia nuestros hermanos porque compartimos una sola mente. Con la ayuda del Espíritu Santo trascenderemos la separación mediante el perdón.

Nos dice Jesús:

”Es el Pensamiento que todavía mora en la Mente que es Su Fuente. No ha abandonado Su santo hogar ni ha perdido la inocencia en la que fue creado. Mora inmutable para siempre en la Mente de Dios”.

Cristo, como Pensamiento creado en la Mente de Dios, no ha abandonado Su Fuente porque los pensamientos no pueden abandonar la mente que los piensa. Mis pensamientos de separación no han abandonado mi mente. Nunca me he separado de Dios. Este es el principio de la Expiación. El ego quiere que centre mi atención afuera. Se trata, por el contrario, de centrarla en mi interior y reconocer el Cristo que soy que nunca ha abandonado la Mente de mi Padre.

Continúa Jesús:

”Cristo es el vínculo que te mantiene uno con Dios y la garantía de que la separación no es más que una ilusión de desesperanza, pues toda esperanza morará por siempre en Él”.

El sueño del ego de la separación de Dios es, sólo eso, un sueño. Nunca nos hemos separado de Dios. Ese es el principio de la Expiación. Cristo es esa parte divina que todas las mentes que se creen separadas, poseen. Cristo es el Hijo de Dios cuyos pensamientos son tan amorosos como los de Su Padre. Cristo es esa parte amorosa que tenemos que siempre nos llama a perdonar y estar en paz. En la lección 273 se dice Mía es la quietud de la paz de Dios. Cristo, precisamente, es esa parte de nuestra mente donde hay perfecta paz y a la cual podemos acudir cuando queramos.

Continúa Jesús:

”Tu mente es parte de la Suya, y Ésta de la tuya. Él es la parte en la que se encuentra la Respuesta de Dios, y en la que se han tomado todas las decisiones y a los sueños les ha llegado su fin”.

Recordemos que la mente es una sola mente y esa mente aparenta estar dividida en el ego y el Espíritu y en el medio estaría el tomador de decisiones que escoge a cuál de los dos sigue. Nuestra mente hace parte de la mente de Cristo. En Cristo se encuentra la Respuesta de Dios, el Espíritu Santo, que fue creado por Dios cuando surgió la creencia en la separación para que nos ayude a salir de este sueño y regresar a casa. Pero esta separación de Dios nunca se dio. El problema es que nosotros creemos que fue real y por eso están el Espíritu Santo y Jesús para ayudarnos a despertar del sueño de la separación.

Nos dice Jesús:

”Nada que los ojos del cuerpo puedan percibir tiene efecto alguno sobre Él. Pues aunque Su Padre depositó en el Él los medios para tu salvación, sigue siendo, no obstante, el Ser que, al igual que Su Padre, no conoce el pecado”.

Con los ojos del cuerpo guiados por el ego no vemos sino separación. Pero con la visión de Cristo, guiados por el Espíritu Santo y por Jesús, veremos unidad y le podremos ofrecer sanación al mundo como dice la lección 275: La sanadora Voz de Dios protege hoy todas las cosas.

El Cristo que permanece en mi mente, es impecable. A Él podemos acudir cuando estemos confundidos sobre nuestra verdadera identidad y nos encontremos atacando y juzgando. Ese ser que ataca no es el Ser, el Cristo, que compartimos con Dios. Pero para salir de la confusión del ego no lo podemos hacer solos. Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo y de Jesús. Sólo hay que pedirla para que se nos conceda.

Continúa Jesús:

”Al ser el hogar del Espíritu Santo y sentirse a gusto únicamente en Dios, Cristo permanece en paz en el Cielo de tu mente santa”.

El Espíritu Santo mora en Cristo, así como Cristo mora en Dios. Cristo mora en todas las partes de la mente que se creen separadas. Encierra el recuerdo de Dios. Cristo es esa parte amorosa, que nos llama a poner freno a los excesos de locura del ego: ataque, resentimiento, culpa, miedo, ira, sufrimiento, sacrificio y que nos llama a paz, a la cordura.

En la lección 276 Se me ha dado la Palabra de Dios para que la comparta se nos llama a compartir la Palabra de Dios con nuestros hermanos. Con el Espíritu Santo podemos ver el Cristo que hay en nuestros hermanos, podemos verlos más allá del cuerpo, ver su naturaleza espiritual de inocencia, pureza, santidad.

Continúa Jesús:

”Él es la única parte de ti que en verdad es real. Lo demás son sueños. Más estos se le entregarán a Cristo para que se desvanezcan ante Su gloria y pueda por fin serle revelado tu santo Ser, el Cristo”.

Cristo hace parte de la realidad, del mundo de Dios, de la verdad. Con la creencia en la separación de Dios, la mente colectiva que creyó separarse, proyecta el mundo y el cuerpo y queda atrapada en el mundo de la percepción del cual no puede escapar sin ayuda. Esta ayuda la presta el Espíritu Santo siempre y cuando solicitemos su intervención. Es “la pequeña dosis de buena voluntad” que nos pide Jesús. El Espíritu Santo entregará estos sueños a Cristo, para que los transforme y pueda el Hijo de Dios reconocer la grandeza de su Ser, de su Identidad como Hijo de Dios.

Nos dice Jesús:

”El Espíritu Santo se extiende desde el Cristo en ti hasta todos tus sueños y los invita a venir hasta Él para que puedan ser transformados en la verdad”.

Cuando salgo del sueño, con la ayuda del Espíritu Santo y mediante el perdón, en el que estoy aprisionado y pretendo aprisionar a Dios, como dice la lección 278 Si estoy aprisionado, mi Padre no es libre, entro en lo que, Jesús, llama el sueño feliz. En el sueño feliz el Espíritu Santo corrige los sueños de dolor y sufrimiento del ego, alimentados por sus leyes del caos. Es un estado mental de paz, de plenitud, de júbilo, de no conflicto. Sigue siendo un sueño al estar en este mundo, pero es feliz. No ve culpa por ninguna parte, ni hay juicios que originen ataques e ira. Se está en el presente y se ve a los hermanos como lo que son: Hijos de Dios. Es el sueño de perdón que nos aproxima al mundo real.

Continúa Jesús:

”Él los intercambiará por el sueño final que Dios dispuso fuese el fin de todos los sueños. Pues cuando el perdón descanse sobre el mundo y cada uno de los Hijos de Dios goce de paz, ¿qué podría seguir manteniendo las cosas separadas, cuando lo único que aún queda por verse es la faz de Cristo?”.

El Espíritu Santo transformará todos los sueños de temor del ego por el sueño de perdón total del mundo del ego en el proceso de la Expiación. Esto implica estar en la percepción verdadera, haber sanado la mente, de tal manera, que se vea la faz de Cristo, el rostro de Cristo en todos los hermanos: en ellos sólo se ve impecabilidad e inocencia. La faz de Cristo es el gran símbolo del perdón, es la salvación, es el símbolo del mundo real. Cuando se ve con la faz de Cristo, se deja de ver este mundo de conflicto. Ver el Cristo en todo es una experiencia interna, no es una imagen visual. Se ve en todos los hermanos el Hijo de Dios, lo que implica que el fin de los sueños prometido por Dios, de lo que nos habla la lección 279 La libertad de la Creación garantiza la mía, se cumplió.

Finalmente nos dice Jesús:

”Y por cuanto tiempo habrá de verse esta santa faz, cuando no es más que el símbolo de que el período de aprendizaje ya ha concluido y de que el objetivo de la Expiación por fin se ha alcanzado? Tratemos, por lo tanto, de encontrar la faz de Cristo y de no buscar nada más. Al contemplar Su gloria, sabremos que no tendremos necesidad de aprender nada, ni de percepción, ni de tiempo ni de ninguna otra cosa excepto del santo Ser, el Cristo que Dios creó como Su Hijo”.

La faz de Cristo es una experiencia, en la mente, de ver inocencia y santidad en todas las cosas más allá de las sensaciones físicas. Se ve desde el lugar de la paz que genera el perdón y el aceptar la Expiación para mí mismo. Es el símbolo del mundo real. El que la ve deja de ver el mundo y sus defensas: el tiempo y el espacio.


Jorge Luis Álvarez Castañeda L-pII.6 www.celebrandoelmilagro.com

Pregunta 6 Comentada por Kenneth Wapnick

¿Qué es el Cristo?

“Hemos observado que Jesús usa palabras y términos de manera diferente, según su contexto. Este resumen nos proporciona otro ejemplo, ya que «Cristo» se usa de tres maneras. La primera se ve en el párrafo 1, con Cristo definido como el Hijo de Dios como lo es en el Cielo: espíritu, unicidad y amor. Su naturaleza inmutable nunca ha salido de Su Fuente, por lo que permanece en un estado no dualista, totalmente más allá del mundo inexistente. En el párrafo 2, sin embargo, Jesús habla de que Cristo está en nuestras mentes correctas, donde «Cristo» es sinónimo del «Espíritu Santo», denotando la parte de nosotros que habita como el santo Niño, tan conmovedoramente representado en la Lección 182. Así «Cristo» se refiere no sólo al perfecto Hijo de Dios como espíritu, sino también al principio de Corrección o Expiación del Espíritu Santo – el propósito de Dios para Su Hijo dentro del sueño de separación. Más tarde, cerca del final de este resumen, Jesús habla de ver la faz de Cristo, la inocencia del Hijo de Dios, en todos nuestros hermanos.

(1) «Cristo es el Hijo de Dios tal como Él lo creó. Cristo es el Ser que compartimos y que nos une a unos con otros, y también con Dios. Es el Pensamiento que todavía mora en la Mente que es Su Fuente. No ha abandonado Su santo hogar ni ha perdido la ino­ciencia en la que fue creado. Mora inmutable para siempre en la Mente de Dios.»

Cristo es una idea en la Mente de Dios y nunca ha abandonado Su Fuente. Este Pensamiento es la clave para nuestra liberación de la prisión de separación y culpabilidad del ego, ya que si Cristo permanece en su hogar con Su Fuente, también lo ha hecho el Hijo, porque son uno. ¿Y dónde está la culpabilidad cuando se nos revela la inocencia de Cristo?

“El Cristo, tal como se revela ante ti ahora, no tiene pasado, pues es inmutable y en Su inmutabilidad radica tu liberación. Pues si Él es tal como fue creado, no puede haber culpabilidad en Él.” (T-13.VI.3:2-3)

(2:1) «Cristo es el eslabón que te mantiene unido a Dios...»

En el texto, Jesús habla del Espíritu Santo como el Nexo de Comunicación entre Dios y Sus Hijos separados, que asegura el recuerdo de nuestra verdadera identidad a pesar de los esfuerzos de nuestro ego:

“El Nexo de Comunicación que Dios Mismo colocó dentro de ti y que une tu mente con la Suya, no puede ser destruido. Tal vez creas que ése es tu deseo, y esa creencia ciertamente interfiere en la profunda paz en la que se conoce la dulce y constante comunicación que Dios desea mantener contigo. Sus canales de extensión, no obstante, no pueden cerrarse del todo o separarse de Él.” (T-13.XI.8:1-3)

Por lo tanto, necesitamos dejar que las palabras hablen a través de su contenido, y no tomarlas por separado en el nivel de la forma, de lo contrario sabotearemos sutil y seguramente nuestra relación con el Curso. Recuerda que las palabras no son más que símbolos – de mentalidad correcta y errada – que apuntan a algo más allá de ellas mismas.

(2:1) «Cristo es el eslabón que te mantiene unido a Dios, y la garantía de que la separación no es más que una ilusión de desesperanza, pues toda esperanza morará por siempre en Él.»

Esto refleja el principio de Expiación que dice que la separación de Dios es una ilusión. Nunca sucedió, y reconocer esto es nuestra redención:

“¿Cómo iba a poder el Hijo de Dios perderse en sueños, cuando Dios ha puesto dentro de él la jubilosa llamada a despertar y a ser feliz? Él no se puede separar de lo que está en él. Su sueño no podrá resistir la llamada a despertar. Es tan seguro que la misión de la redención se cumplirá como que la creación permanecerá inmutable por toda la eternidad.” (T-13.XI.10:1-4)

(2:2-3) «Tu mente es parte de la Suya, y Ésta de la tuya. Él es la parte en la que se encuentra la Respuesta de Dios, y en la que ya se han tomado todas las decisiones y a los sueños les ha llegado su fin.»

Se nos ha dicho repetidamente en Un Curso de Milagros que la Respuesta de Dios es el Espíritu Santo, Quien reside en nuestras mentes correctas. Cristo, por lo tanto, ahora se define como nuestras mentes correctas, y Su Amor nos llama a responder Su Respuesta con nuestra aceptación:

“Es una respuesta exaltada por razón de su Origen, y como el Origen es verdad, la respuesta lo es también. Escucha y no pongas en duda lo que oigas, pues Dios nunca engaña. Él quiere que reemplaces la creencia del ego en la pequeñez por Su Propia Respuesta exaltada a lo que tú eres, de modo que puedas dejar de ponerla en duda y la conozcas tal como es.” (T-9.VIII.11:7-9)

Por lo tanto, nuestras mentes correctas esperan nuestra decisión. ¡Hagámoslo pronto!

(2:4-5) «Nada que los ojos del cuerpo puedan percibir lo afecta en absoluto. Pues aunque Su Padre depositó en Él los medios para tu salvación, Él sigue siendo, no obstante, el Ser que, al igual que Su Padre, no conoce el pecado.»

Nuevamente se nos ofrecen dos formas de concebir a Cristo. La última frase de la oración 5 es el Cristo de Mentalidad-Una, el Ser que es impecable y totalmente uno con Su Padre. La primera frase habla de que Cristo está en nuestras mentes correctas – los medios para salvarnos de creer erróneamente en la realidad de la separación y el cuerpo. Por lo tanto, en el texto se nos recuerda que nuestro Ser no reside en un cuerpo, aunque es allí donde se experimenta la percepción, y termina en la mente que ha sido sanada de los pensamientos ilusorios de pecado:

“El Cristo en ti no habita en un cuerpo. Sin embargo, está en ti. De ello se deduce, por lo tanto, que no estás dentro de un cuerpo... Cristo se encuentra dentro de un marco de santidad cuyo único propósito es permitir que Él se pueda poner de manifiesto ante aquellos que no le conocen y así llamarlos a que vengan a Él y lo vean allí donde antes creían estaban sus cuerpos... Nadie que lleve a Cristo dentro de sí puede dejar de reconocerlo en ninguna parte. «Excepto» en cuerpos. Pero mientras alguien crea estar en un cuerpo, Cristo no podrá estar donde él cree estar... El cuerpo no tiene necesidad de curación. Pero la mente que cree ser un cuerpo, ciertamente está enferma. Y aquí es donde Cristo suministra el remedio. Su propósito envuelve al cuerpo en Su luz y lo llena con la Santidad que irradia desde Él.” (T-25.in.1:1-3, 8; 2:1-3; 3:1-4)

Aquí una vez más, vemos cómo Jesús no nos quita nuestras identificaciones corporales, sino que simplemente transforma su propósito del pecado a la santidad, de la culpabilidad al perdón, de la oscuridad a la luz.

(3) «Al ser el hogar del Espíritu Santo y sentirse a gusto única­mente en Dios, Cristo permanece en paz en el Cielo de tu mente santa. Él es la única parte de ti que en verdad es real. Lo demás son sueños. Mas éstos se le entregarán a Cristo, para que se des­vanezcan ante Su gloria y pueda por fin serte revelado tu santo Ser, el Cristo.»

Una vez más vemos referencias a ambos aspectos de Cristo: el único Hijo de Dios, y el principio de corrección de mentalidad correcta que conduce al mundo real, más allá del cual está la gloria del amor del Cielo, nuestro verdadero hogar:

“Él [Cristo] contempla serenamente el mundo real, que desea compartir contigo porque sabe que Su Padre lo ama. Y sabiendo esto, desea darte lo que es tuyo. Él te aguarda en el altar del Padre en perfecta paz, ofreciéndote el Amor del Padre en la serena luz de la bendición del Espíritu Santo. Pues el Espíritu Santo conducirá a todo el mundo a su hogar y a su Padre, donde Cristo les espera como Su Ser.” (T-12.VI.5:6-9)

(4:1-2) «El Espíritu Santo se extiende desde el Cristo en ti hasta todos tus sueños, y los invita a venir hasta Él para que puedan ser transformados en la verdad. Él los intercambiará por el sueño final que Dios dispuso fuese el fin de todos los sueños.»

Se nos recuerda que debemos llevar la oscuridad de la ilusión a la luz de la verdad; nuestros sueños de pesadilla a los sueños felices de perdón del Espíritu Santo. Cuando todos nuestros sueños son felices y nuestra práctica diaria de perdón se completa, el Espíritu Santo nos conduce al sueño final – el mundo real – en el que toda elección está hecha. Jesús explica en otra parte que permaneceremos en ese sueño final sólo un instante, y luego Dios descenderá hasta nosotros y nos elevará hacia Él (T-11.VIII.15: 4-5). En “Los Regalos de Dios” él describe la alegría de regresar al Cristo, Quien es nuestro Ser:

«Cuán alegre y cuán santo es nuestro camino cuando la muerte no tiene dominio, y el sueño de separación, agonía y pérdida se ha disipado para siempre. No pienses que nada de lo que los regalos del miedo ofrecen vale un instante de vacilación, cuando las puertas del Cielo están frente a ti y el Cristo de Dios está esperando tu regreso. Estad quedos y escuchadle, porque su llamada a vosotros no puede ser más insistente ni más querida, porque no es más que la llamada del Amor mismo, que no dejará de hablaros de Dios. Lo has olvidado. Pero Él es fiel todavía, porque es tan semejante a Su Padre que lo recuerda por siempre en Su Amor. Y no puede olvidar que la creación es inseparable del Creador, por lo que entiende que eres parte de Dios y del Hijo creado como Él Mismo.»

(4:3) «Pues cuando el perdón descanse sobre el mundo y cada uno de los Hijos de Dios goce de paz, ¿qué podría mantener las cosas sepa­radas cuando lo único que se puede ver es la faz de Cristo?»

La «faz de Cristo» simboliza la inocencia del Hijo de Dios. Si él es inocente, no hay pecado y, por lo tanto, no hay separación. En nuestro estado de mentalidad correcta, nuestros ojos físicos seguirán viendo, pero a través de la visión de Cristo entendemos que lo que vemos son solo figuras en un sueño, aspectos del único Hijo de Dios que se durmió. En el mundo real, estamos fuera del sueño y nos damos cuenta de que sólo Dios es verdadero. Tal es el propósito santo del perdón, su realización garantizada por Dios. Cuando no queda nada más que la faz de Cristo, ¿puede el Amor todo-inclusivo de Dios estar muy atrás?

“Éste es el propósito que se te encomendó. No pienses que perdonar a tu hermano os beneficia sólo a vosotros dos. Pues el nuevo mundo en su totalidad descansa en las manos de cada dos seres que entren allí a descansar. Y mientras descansan, la faz de Cristo refulge sobre ellos, y ellos recuerdan las leyes de Dios, olvidándose de todo lo demás y anhelando únicamente que Sus leyes se cumplan perfectamente en ellos y en todos sus hermanos.” (T-20.IV.7:1-4)

(5:1) «¿Y por cuánto tiempo habrá de verse esta santa faz, cuando no es más que el símbolo de que el período de aprendizaje ya ha concluido y de que el objetivo de la Expiación por fin se ha alcan­zado?»

En otro lugar de Un Curso de Milagros, ver la faz de Cristo es parte del proceso continuo de perdón; pero aquí Jesús habla de él como el producto final – el mundo real, cuando el tiempo de aprendizaje ha terminado. Habiendo elegido solo la verdad, no puede haber una mente errada, y por lo tanto tampoco una mente correcta – nada queda por corregir. La percepción dura sólo un instante más, y entonces todo desaparece menos Dios:

“Las estrellas se desvanecerán en la luz, y el sol que iluminó al mundo para que su belleza se pudiese apreciar desaparecerá. La percepción no tendrá razón de ser cuando haya sido perfeccionada, pues nada que haya sido utilizado para el aprendizaje tendrá función alguna. Nada cambiará jamás; y las fluctuaciones y los matices, así como las diferencias y contrastes que hacían que la percepción fuese posible cesarán. La percepción del mundo real será tan fugaz que apenas tendrás tiempo de dar gracias a Dios por él. Pues una vez que hayas alcanzado el mundo real y estés listo para recibir a Dios, Él dará de inmediato el último paso.” (T-17.II.4)

(5:2) «Tratemos, por lo tanto, de encontrar la faz de Cristo y de no buscar nada más.»

Esta debería ser nuestra oración a lo largo del día: “Busquemos sólo la faz de Cristo y no busquemos nada más”. El ego nos pide que busquemos la faz de pecado y culpabilidad del ego; pero nunca en nosotros mismos. Después de haber hecho esta faz real en nuestras mentes, pretendemos que no está allí, sino en otros. Por lo tanto, necesitamos reconocer que lo anterior no es nuestra oración, que es: “Permítaseme sólo buscar la faz del ego y no buscar nada más. Excepto que no quiero verlo en el espejo, sino sólo en ti.” Démonos cuenta entonces de que esto no nos hará felices, pero pedirle a Jesús que nos ayude a ver a nuestros hermanos de otra manera definitivamente lo hará.

(5:3) «Al contemplar Su gloria, sabremos que no tenemos necesidad de aprender nada, ni de percepción, ni de tiempo, ni de ninguna otra cosa excepto del santo Ser, el Cristo que Dios creó como Su Hijo.»

El único propósito del Espíritu Santo para la percepción – el mundo del tiempo y el espacio – es que se convierta en nuestro salón de clases para aprender que todo esto es ilusorio. A medida que progresamos, primero vemos la faz de Cristo en nuestro hermano – el sueño feliz del Espíritu Santo. Practicando esta visión cada vez más consistentemente, aprendemos que esta faz de inocencia es compartida igualmente por todos, ya que compartimos un sólo Ser:

“La faz de Cristo se ve antes de que el Padre se pueda recordar, pues Éste permanece en el olvido hasta que Su Hijo haya llegado más allá del perdón hasta el Amor de Dios. El Amor de Cristo, no obstante, se acepta primero. Y entonces aflora el conocimiento de que Ambos son Uno.” (T-30.V.7:5-8)


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Comentario por Oscar Gómez Díez

6. ¿QUÉ ES EL CRISTO?

Si el Nuevo Testamento hubiera sido escrito en los idiomas originales de Jesús y sus discípulos, (hebreo y Arameo), hoy no diríamos Jesús el Cristo, sino Jesús el Mesías. Pero el Nuevo Testamento se escribió en griego, entre los años 50 y 150, por personas que lo mas seguro nunca conocieron a Jesús, que escribían y pensaban en griego, y que impregnaron de la cultura griega, una tradición oral que provenía de la cultura judía.

La palabra "Cristo" viene del griego Khristos (ungido) y esta es una traducción del hebreo de la palabra Mesías (el que ha sido ungido con aceite para ser declarado rey).

En el antiguo testamento, los profetas anunciaban un Mesías que salvaría al pueblo de Israel. Los cristianos reconocen en Jesús al Mesías, la religión judía no lo reconoce. Cristo y Mesías significan lo mismo. El primero está en griego y el segundo en hebreo. El cristianismo primitivo construyó sus textos fundacionales en griego y está impregnado de la cultura griega. Después que la iglesia católica se convirtió en la religión oficial del imperio romano, (Concilio de Nicea año 325) el latín se va a convertir en el idioma oficial de la iglesia católica. Y con esas transliteraciones idiomáticas nos llega el mensaje de Jesús de hace mas de 2 mil años atrás.

En latín Cristo (Christus) y Cruz (crucis) parecen similares, y mucha gente cree que el nombre Jesucristo quiere decir Jesús el que murió en la cruz, pero son dos conceptos distintos.

¿ES JESÚS EL CRISTO?

La respuesta es si pero no exclusivamente, como procederemos a explicarlo. En el cristianismo, Cristo se utiliza como sinónimo de Jesús. El cristianismo asoció la palabra Cristo con el nombre de Jesús, con lo que creó una nueva entidad: Jesucristo. Un Curso de Milagros no utiliza el término Jesucristo, pese a que es dictado por Jesús. El Curso no une el nombre de Jesús con el de Cristo pues Jesús sólo y exclusivamente no es el Cristo, pero Jesús es quien mejor nos representa a Cristo en este mundo. Jesús es parte del Cristo que todos compartimos como el Hijo de Dios.

El Cristo es esa parte amorosa de nuestra mente que sigue indisolublemente unida a Dios. Por eso, sin desconocer la extraordinaria obra de Jesús, el Curso precisa el alcance del concepto de Cristo, por lo que, plantea significados y dimensiones distintas, como vamos a analizar.

Para Un Curso de Milagros "Cristo es el Hijo de Dios tal como Él lo creó." Esto quiere decir, el Hijo de Dios creado como Espíritu. Para nosotros, (desde este mundo) sería una entidad metafísica como lo es Dios, completamente amorfa, y que cuenta con los mismos atributos de Dios, pues fue creado a Su semejanza.

"Cristo es el Ser que compartimos y que nos une a unos con otros, y también con Dios." Con esta definición, Cristo somos todos, incluidos los Hijos de Dios que pensamos estar separados del Padre y que creemos vivir aparte de Él en este mundo. De esta manera, Jesús es también el Cristo, igual que todos nosotros. Nuestra diferencia con Jesús es que el fue quien primero completó el plan de estudios del Espíritu Santo en este mundo, y compartió con nosotros Su mensaje de amor y paz a través del perdón; trayéndonos a la vez, el recuerdo de Dios que siempre ha estado en nuestras mentes.

"Es el Pensamiento que todavía mora en la Mente que es Su Fuente." Cristo fue concebido en la Mente de Dios quien se extendió a Sí Mismo, creando a Su Hijo. Como los pensamientos nunca abandonan su fuente, el Cristo mora en la Mente de Dios, que es nuestra Fuente.

A diferencia de nuestras creencias acerca de la separación, que no es más que un sueño, Cristo "No ha abandonado Su santo hogar ni ha perdido la inocencia en la que fue creado." Ni una sola nota del himno celestial ha sido cambiada por nuestra creencia en la separación, el Reino sigue siendo tan inmutable como lo ha sido siempre. "Mora inmutable para siempre en la Mente de Dios."

De ahí que se concluya que "Cristo es el eslabón que te mantiene unido a Dios, y la garantía de que la separación no es más que una ilusión de desesperanza, pues toda esperanza morará por siempre en Él." Como las ideas no abandonan su fuente, nosotros aún permanecemos en la Mente de Dios, y Cristo es el eslabón que nos une al Padre. En la medida que recordemos el Cristo que somos, y nos reconozcamos en todos nuestros hermanos, renaceremos en el Cristo que siempre hemos sido.

"Tu mente es parte de la Suya, y Ésta de la tuya." La Mente de Cristo es parte de la Mente de Dios, y nosotros somos parte de la Mente de Cristo, y a través de Él, de la Mente de Dios.

"Él es la parte en la que se encuentra la Respuesta de Dios, y en la que ya se han tomado todas las decisiones y a los sueños les ha llegado su fin." Cristo es la parte de nuestra mente, donde se encuentra la respuesta a la separación. Y todas las decisiones para ponerle fin a la separación, ya se han tomado desde la eternidad, desde esa dimensión, la separación ya culminó, para nosotros que creemos vivir en el tiempo lineal, pensamos que la separación aún está ocurriendo.

"Nada que los ojos del cuerpo puedan percibir lo afecta en absoluto. Pues aunque Su Padre depositó en Él los medios para tu salvación, Él sigue siendo, no obstante, el Ser que, al igual que Su Padre, no conoce el pecado." Cristo es impecable e invulnerable como el Padre. Por eso los pensamientos de pecado y culpa no lo pueden afectar. En Él podemos depositar nuestra confianza de que nos guiará en el despertar del sueño de separación, y nos conducirá amorosamente de regreso a nuestro Hogar eterno.

"Al ser el hogar del Espíritu Santo y sentirse a gusto únicamente en Dios, Cristo permanece en paz en el Cielo de tu mente santa." A diferencia de la tradición cristiana que considera al cuerpo el altar del Espíritu Santo, Jesús nos dice que el Cristo es el hogar del Espíritu Santo, y por eso, permanece en paz en nuestra mente santa, nuestra mente correcta. "Al ser el hogar del Espíritu Santo” (PLII-6.3:1) aquí nos está planteando un concepto metafísico de primer orden: Cristo es el hogar del Espíritu Santo.

Así como Cristo mora en Dios, el Espíritu Santo mora en Cristo. En otras palabras, el Espíritu Santo emana del Cristo, no es una entidad aparte, así en este mundo lo percibamos como algo distinto a Cristo. Esta afirmación se precisa en el siguiente pasaje que empieza en el párrafo 4: "El Espíritu Santo se extiende desde el Cristo en ti” (L-PLII-P6.4:1) recordemos que la creación se expresa como una extensión, Dios se extiende y crea a su Hijo, y su Hijo que goza de sus mismos atributos, se extiende y crea al Espíritu Santo. De tal manera, que al ser una creación del Hijo de Dios, no tiene la misma jerarquía que el Cristo, asi como el Cristo no la tiene respecto a su Padre, pues no puede crear a Dios.

En este sentido la Creación la componen solo el Padre y el Hijo, en términos metafísicos no existiría la divina trinidad, así en este mundo lo percibamos como un legado de la teología cristiana, finalmente Espíritu Santo es el recuerdo del Cristo en nuestras mentes, que nos ayuda a despertar del sueño de separación.

"Él es la única parte de ti que en verdad es real. Lo demás son sueños. Mas éstos se le entregarán a Cristo, para que se desvanezcan ante Su gloria y pueda por fin serte revelado tu santo Ser, el Cristo." Recordemos que para Un Curso de Milagros lo único real es Dios y Sus atributos, como el amor, la paz, la dicha, la eternidad, la invulnerabilidad, la impecabilidad, la plenitud, la abundancia, la bondad, etc. estos atributos son absolutos, no están sujetos a cambios ni modificaciones. Lo mismo sucede con Su Hijo, el Cristo. Todo lo que no cumpla estas características no es real, es ilusorio. Todo lo que cambia, muta, se degrada o muere es irreal.

El Cristo es inmortal y amoroso por siempre. Por eso, la Mente de Cristo, es la única parte de nosotros que de verdad es real, lo demás es ilusorio. Nuestra parte ilusoria se la entregamos a Cristo, para que la disuelva, a través de la Expiación y el perdón, y nos revele el Cristo que nos habita.

"El Espíritu Santo se extiende desde el Cristo en ti hasta todos tus sueños, y los invita a venir hasta Él para que puedan ser transformados en la verdad." Le llevamos al Espíritu Santo nuestros sueños ”para que puedan ser transformados en la verdad." Esta es la Expiación tal como la entiende el Curso, le entregamos todos nuestros errores al Espíritu Santo, para que los deshaga con la luz del amor y la verdad, recordándonos que el error nunca existió.

"Él los intercambiará por el sueño final que Dios dispuso fuese el fin de todos los sueños. Pues cuando el perdón descanse sobre el mundo y cada, uno de los Hijos de Dios goce de paz, ¿qué podría mantener las cosas separadas cuando lo único que se puede ver es la faz de Cristo?" El Espíritu Santo intercambiará nuestros sueños de separación y conflicto, por sueños de perdón y paz, el llamado mundo real o sueño feliz. El Espíritu Santo reemplaza todas nuestras falsas creencias de pecado, culpa y miedo, por amor y paz. Cuando la Expiación se complete la unidad se restablece y se pone fin a la separación. En ese momento, ya no veremos nada con los ojos del cuerpo, con sus juicios y condenas, sino sólo a través de la visión de Cristo, y lo que contemplaremos es la faz de Cristo, (el rostro de Cristo) la inocencia en cada hermano que veamos, quienes nos reflejarán, a la vez, nuestro santo rostro, en una perfecta relación de dar y recibir amor. ¿Después de ello que más podemos esperar? Solo aguardar que Dios de él último paso y nos recoja en sus amorosos Brazos.

"¿Y por cuánto tiempo habrá de verse esta santa faz, cuando no es más que el símbolo de que el período de aprendizaje ya ha concluido y de que el objetivo de la Expiación por fin se ha alcanzado?" Cuando logremos contemplar la faz de Cristo, debemos considerarlo como el símbolo que al tiempo le ha llegado su fin, la Expiación cumplió su propósito, el aprendizaje ha concluido y regresamos definitivamente a los eternos brazos de Dios.

"Tratemos, por lo tanto, de encontrar la faz de Cristo y de no buscar nada más. Al contemplar Su gloria, sabremos que no tenemos necesidad de aprender nada, ni de percepción, ni de tiempo, ni de ninguna otra cosa excepto del santo Ser, el Cristo que Dios creó como Su Hijo." Nuestra única meta en este mundo es encontrar la faz de Cristo, (la inocencia en todos nuestros hermanos) cuando lo logremos todo el mundo, con todas sus formas, cuerpos y conflictos se desvanecerán, todo lo que percibíamos como cierto, incluyendo los conceptos de tiempo y espacio desaparecerán, pues nos habremos encontrado con el Ser eterno que somos, el Cristo que siempre hemos sido y que por algún momento creímos haber perdido. En ese momento las puertas del Cielo se abren, los ángeles tocan las trompetas celestiales, anunciando el regreso del Hijo prodigo, mientras nuestro Padre extiende Sus amorosos Brazos y nos acoge en el radiante corazón de Dios.


Oscar Gómez Díez L-pII.6 www.celebrandoelmilagro.com

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