LECCIÓN 201

“Con lentitud, constancia y amabilidad se gana esta carrera” Ken Wapnick
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Lea aquí la Introducción al Sexto Repaso


Índice de la Lección 201
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LECCIÓN 201

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.


Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.


1. (181) No hay nadie que no sea mi hermano. ²He sido bendecido con la unidad de la que gozo con el universo y con Dios mi Padre, el único Creador de la totalidad que es mi Ser, el cual es eternamente uno conmigo.


No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.


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Lectura de la Lección 201
A través de Blanca Nivia Morales Contreras.
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Lección 201 comentada por Jorge Luis Álvarez Castañeda
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Comentada por Jorge Pellicer
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Comentada por David Hoffmeister
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Comentada por Kenneth Wapnick
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Comentada por Robert Perry
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Lectura de la Lección 201

Comentada por Jorge Luis Álvarez Castañeda

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Lección 201 Comentada por Jorge Luis Álvarez Castañeda

Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.

¡Que la paz sea con nosotros hoy!

Se inicia el SEXTO REPASO. Les recomiendo leer la introducción antes de hacer la lección del día. Quiero destacar que ya han pasado 200 lecciones, más de 6 meses donde ustedes se han sostenido haciendo unas lecciones que muchas veces han cuestionado su manera de ver el mundo, su historia personal y todo lo que consideran valioso en este mundo. Se necesita valor y compromiso para llegar hasta este punto. Quiero que no lo olviden porque puede ser un logro importante en sus vidas y es importante que sigan persistiendo en él.

Jesús, nos dice sobre la importancia de las ideas de este repaso:

”Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendieras. Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio e invitar de nuevo el recuerdo de Dios”.

”Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estudios en su totalidad si se entiende, practica, acepta y aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. Uno solo de ellos bastaría”.

Cada idea cuestiona el sistema de pensamiento del ego, vale decir, la separación, el conflicto, el responsabilizar a nuestros hermanos de lo que nos pasa, el pensar que la causa de nuestros problemas está afuera y no en nuestra mente por las interpretaciones que hacemos, el querer resolver los problemas a nuestra manera, el sentirnos carentes y no merecedores del Amor de Dios, etc.

Jesús nos pide ser coherentes y aplicar la idea a lo largo del día a todo lo que nos suceda. Si lo hiciéramos plenamente y de corazón, nos dice, que nosotros y el mundo se salvaría. Estaríamos adquiriendo el sistema de pensamiento de amor y de paz del Espíritu Santo.

Este repaso gira alrededor de un tema central con el que se comienza y se concluye cada lección. El tema de este repaso es:

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

Retoma el tema de la lección 199 No soy un cuerpo. Soy libre y le agrega la explicación: Pues aún soy tal como Dios me creó. De nuevo, Jesús retoma el tema de mi Identidad como Hijo de Dios. El desconocimiento de esta Identidad es la causa de todos los, aparentes, problemas que tenemos en este mundo. Cuando no aceptamos nuestra Identidad el ego nos centra en el cuerpo para que desconozcamos nuestra naturaleza como espíritu. Nunca he dejado mi condición de Hijo de Dios, a pesar de que crea haberlo olvidado. Precisamente, las enseñanzas de Jesús en el Curso buscan ayudarnos a que recordemos a Dios y a nuestra Identidad.

Jesús nos propone realizar varias actividades. Se hacen dos sesiones largas: una por la mañana y otra por la noche de mínimo 15 minutos cada vez. También, se realizarán los recordatorios cada que el reloj marque la hora durante varios minutos. Y nos plantea realizar repeticiones, entre horas, del tema central del repaso y el pensamiento que nos corresponda practicar ese día con el fin de que recordemos la función que tenemos en el plan de salvación. Nuestra función es perdonar. El tener presente las enseñanzas de Jesús durante todo el día hace parte del entrenamiento mental de enseñarnos a pensar con el Espíritu Santo en lugar del ego. Sólo se requiere, en este proceso, un profundo abandono de todos los pensamientos que abarrotan la mente y, como dice Jesús, la hacen sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

Jesús nos pide que:

”Sencillamente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que habíamos creído saber y entender. Pues así es como nos liberamos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender”.

Se trata de que avancemos hacia vaciar nuestra mente de todo lo que hemos aprendido en este mundo del ego. Lo mismo nos había dicho Jesús en la lección 189 Siento el Amor de Dios dentro de mí ahora:

”Haz simplemente esto: permanece muy quedo y deja a un lado todos los pensamientos acerca de lo que eres y de lo que Dios es; todos los conceptos que hayas aprendido acerca del mundo; todas las imágenes que tienes acerca de ti mismo. Vacía tu mente de todo lo que piensa que es verdadero o falso, bueno o malo; de todo pensamiento que considere digno, así como de todas las ideas de las que se siente avergonzada. No conserves nada. No traigas contigo ni un solo pensamiento que el pasado te haya enseñado ni ninguna creencia que hayas aprendido con anterioridad sobre cualquier cosa. Olvídate de este mundo, olvídate de este curso, y con las manos completamente vacías, ven a tu Dios”. L-189. 7:1-5

En las prácticas que nos propone Jesús, nos pide que no dejemos pasar ningún pensamiento trivial sin confrontarlo. Si aparece alguno le dices a tu mente que no lo quieres. Lo descartas y lo substituyes por la idea que se esté practicando ese día. Lo mismo si alguna tentación aparece, es decir, si estoy pensando con el ego digo de inmediato: No quiero este pensamiento. El que quiero es . Y entonces repites la idea del día y deja que ocupe del pensamiento trivial que habías pensado.

Como en cualquier actividad que hagamos la entregamos al Espíritu Santo para que Él nos ”enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él” . De esa manera, cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo”, nos dice Jesús.

Todos somos uno. Mis hermanos y yo hacemos parte de la unidad en Dios. No hay ninguna razón para rechazar y excluir a ningún hermano. El ego es quien quiere que lo hagamos. Con el Espíritu Santo y, mediante el perdón, recupero mi consciencia de unidad y me siento bendecido al estar unido a Dios y al universo. Por eso, puedo decir con toda certeza: No hay nadie que no sea mi hermano.

Proceso de práctica de la lección

1. Tiempo de quietud por la mañana y por noche.

Se recomienda por lo menos 15 minutos. Reflexiona sobre la lección: No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó. (181) Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.

Cierra los ojos. Aquietar la mente. No engancharse en pensamientos distractores. Pide la guía del Espíritu Santo. Si llega algún pensamiento distractor le ordenas a tu mente que no le preste atención y dices: No quiero este pensamiento. El que quiero es: Confío en mis hermanos que son uno conmigo.

En tu meditación intenta entrar en contacto con esa parte de tu mente donde hay paz y amor, tranquilidad, alegría. Es tu mente recta, donde está Cristo, tu Ser. Mantén la mente quieta sin palabras sólo con la sensación y certeza de que estás con Dios. Espera a Dios. Él llegará y te dará un mensaje de amor y de paz.

2. Recordatorios cada hora.

Repite: No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó. Confío en mis hermanos, que son uno conmigo. Recuerda que mientras lo haces Cristo permanece a tu lado dándote fortaleza.

3. Respuesta a la tentación.

No dejar ningún pensamiento trivial sin cuestionarlo. Si llega alguno le aseguras a tu mente que eso no es lo que quieres. Le dices: No quiero este pensamiento. El que quiero es: Confío en mis hermanos que son uno conmigo.

Muchas, muchísimas, bendiciones.

Jorge Luis Álvarez Castañeda


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Lección 201 Comentada por Kenneth Wapnick

Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.

“Iniciamos nuestra discusión del sexto y último repaso volviendo a los comentarios realizados anteriormente cuando examinamos el quinto repaso. Todos los repasos ayudan a reforzar nuestro propósito de hacer el libro de ejercicios al llevarnos de vuelta a las lecciones anteriores, al igual que los maestros que presentan material en clase, y después de un período de tiempo repasarlo para asegurarse de que los estudiantes entiendan lo que se les ha enseñado. Jesús hace lo mismo aquí. Como veremos en esta Introducción, él tiene un alto concepto de cada lección, diciéndonos que su plan de estudios completo se puede encontrar en cualquiera de ellas. De hecho, podemos hacer una declaración idéntica de la idea central de cada lección, sin mencionar casi todas las oraciones. Una vez más, el propósito de Jesús es reforzar la seriedad con que toma su libro de ejercicios, y que le gustaría que lo tomemos con la misma seriedad. Por lo tanto, no son solo palabras bonitas que nos pide que repitamos algunas veces al día, sino palabras e ideas que él quiere que apliquemos continuamente a nuestras vidas.

Cuando consideramos la estructura del libro de ejercicios y lo que los ejercicios diarios nos piden, podemos ver que el propósito de Jesús es entrenarnos para traerle nuestras ilusiones – dolor, ataque y especialismo – y no dejar a ninguna persona fuera del amor sanador de su Expiación. Recordemos:

“La ofrenda de la Expiación es universal. Es aplicable por igual a todo el mundo y en cualquier circunstancia. En ella reside el poder de curar a cualquier persona de cualquier clase de enfermedad.” (M-22.6:1-3)

(1:1-2) «Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practicaremos tan a menudo como podamos. Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica.»

A medida que leas estas palabras, pregúntate a ti mismo: ¿Por qué no harías esto? ¿Qué te impide llevar cada experiencia a lo largo del día – especialmente aquellas que traen dolor, ansiedad y sentimientos de trato injusto – al pensamiento central que Jesús presenta? La respuesta es obvia. Si hicieras lo que él te pidió, ya no podrías retener los pensamientos de victimización y especialismo, sin los cuales tu concepto de ti mismo desaparecería. Por lo tanto, sé consciente de cuán a menudo olvidas lo que dice Jesús, y cómo no deseas que este libro de ejercicios, y Un Curso de Milagros en sí, sea el enfoque central de tu vida.

(1:3-4) «Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendieses. Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.»

Si realmente entendieras, practicaras e integraras plenamente cualquier idea de este curso, lo habrías aprendido en su totalidad, porque el todo se encuentra en cada parte. Por ejemplo, si se entiende correctamente, el primer principio de los milagros – “No hay grados de dificultad en los milagros.” (T-1.I.1:1) – tiene la clave del sistema de pensamiento de Un Curso de Milagros: el ataque del ego y el perdón del Espíritu Santo.

(2:1-2) «Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte lecciones. Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estudios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día.»

Cada idea y título de la lección sería suficiente si se acepta como verdad y se aplica a nuestras vidas. Por lo tanto, Jesús nos pide que apliquemos estos pensamientos a todo “cuanto parece acontecer a lo largo del día”.

(2:3-4) «Uno solo basta. Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento.»

Jesús quiere que estemos seguros de que no estamos excluyendo nada intencionalmente. Ese es el principio que afirma aquí de no hacer excepciones a los “acontecimientos aparentes” que le traemos. Si hiciéramos excepciones, estaríamos apoyando el principio del ego de que existe una jerarquía de ilusiones – su primera ley del caos (T-23.II.2:3). Sin embargo, dado que no hay grados de dificultad en los milagros cada problema es el mismo, cada falta de perdón es toda falta de perdón.

(2:5) «Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.»

Debido a que todavía no somos capaces de dominar una sola lección, Jesús proporciona trescientas sesenta y cinco, y las usamos todas hasta llegar al punto de generalización, dándonos cuenta de que dicen lo mismo.

(3:1-5) «Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. El tema para el presente repaso es el siguiente: No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.»

Como hemos visto, este es probablemente el tema más importante que Jesús repite a lo largo de Un Curso de Milagros.

(3:6-8) «El día comienza y concluye con esto. Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acordemos, entre una hora y otra, que tenemos una función que transciende el mundo que vemos. Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo abandono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.»

Esta instrucción es una reminiscencia de la conclusión del manual, donde Jesús nos pide que comencemos y terminemos nuestro día con el Espíritu Santo:

“Prepárate para ello cada mañana; recuerda a Dios cuantas veces puedas a lo largo del día; pídele ayuda al Espíritu Santo siempre que te sea posible, y por la noche, dale las gracias por Sus consejos.” (M-29.5:9-10)

(4:1) «Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar.»

Jesús nos recuerda que el «contenido» es crucial, no la «forma». Por lo tanto, no son las palabras o los conceptos los que son importantes, sino a dónde nos llevan y qué reflejan:

“Por consiguiente, [el Espíritu Santo] se opone a la idea de que las diferencias en lo relativo a la forma sean significativas, subrayando siempre que «esas diferencias no importan». El significado de Su mensaje es siempre el mismo: lo único que importa es el significado.” (T-7.II.5:3-4)

(4:2) «Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios.»

“¿Por qué esperar al Cielo?” Lo que ayuda a acelerar nuestro ritmo es pensar en estas ideas y practicarlas a lo largo del día.

(4:3-4) «Sencillamente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. Pues así es como nos liberamos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.»

Olvidar significa elegir contra los pensamientos del ego para que podamos aprender algo diferente. Como dice el texto:

“…la enseñanza del Espíritu Santo es una lección que enseña a recordar…y a olvidar, pero olvidar sirve únicamente para que recuerdes de manera más consistente.” (T-7.II.6:3-4)

(5:1-2) «Hay una sola excepción a esta falta de estructura. No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo.»

A pesar de que las sesiones de práctica se dejan relativamente desestructuradas, Jesús quiere que impongamos una estructura sobre nosotros mismos a lo largo del día – para ser conscientes de los pensamientos del ego. Nos pide que veamos cuán rápido volvemos al hábito de que el especialismo tenga prioridad en nuestras mentes.

(5:3) «Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere.»

La mente a la que apelamos es el tomador de decisiones. Es esencial que veamos las dolorosas consecuencias de nuestros pensamientos triviales, ya que esta será nuestra motivación para dejarlos ir:

“Tú que eres tan partidario de la aflicción, debes reconocer en primer lugar que eres infeliz y desdichado. El Espíritu Santo no puede enseñar sin este contraste, pues tú crees que la aflicción es felicidad.” (T-14.II.1:2-3)

(5:4) «Luego descarta tranquilamente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear substitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.»

Esto es lo que significa “entregar las cosas” al Espíritu Santo. Sus manos están abiertas, pero debemos colocar los pensamientos del ego en ellas. Así traemos la oscuridad a la luz:

“Tal vez te preguntes por qué es tan crucial que observes tu odio y te des cuenta de su magnitud. Puede que también pienses que al Espíritu Santo le sería muy fácil mostrártelo y desvanecerlo sin que tú tuvieses necesidad de traerlo a la conciencia.” (T-13.III.1:1-2)

(6:1-3) «Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo: No quiero este pensamiento. El que quiero es ______. »

El espacio en blanco es la forma apropiada de corrección. Tenemos que decirlas «de corazón», y estar dispuestos a dejar ir un sistema de pensamiento que creímos que proporcionaba seguridad y consuelo, dándonos cuenta de que ahora es una mentira.

(6:4) «Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado.»

Jesús no quiere decir que usemos estas palabras como mantras o afirmaciones que misteriosamente disipan los pensamientos del ego. Este no es un libro de ejercicios de tipo ritual, sino de usar «las formas» para buscar «el contenido» detrás de las palabras:

“Cada vez que alguna forma de relación especial te tiente a buscar amor en ritos, recuerda que el amor no es forma sino contenido. La relación especial es un rito de formas, cuyo propósito es exaltar la forma para que ocupe el lugar de Dios a expensas del contenido.” (T-16.V.12:1-2)

(6:5) «Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica.»

Jesús explica que añadirá unas pocas frases al título de la lección, que está enmarcada por la afirmación: “No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó“.

(6:6) «Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maestro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nuestros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.»

Este repaso es sobre elegir entre el ego y el Espíritu Santo. Nuevamente leemos la pregunta de Jesús en el texto:

“¿A quién que esté respaldado por el Amor de Dios podría resultarle difícil elegir entre los milagros y el asesinato?” (T-23.IV.9:8)

(7:1-2) «A Él le ofrezco este repaso por ti. Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él.»

Jesús dice prácticamente lo mismo al final del libro de ejercicios:

“Y ahora os pongo en Sus manos, para que seáis Sus fieles seguidores y Él, vuestro Guía en toda dificultad o dolor que consideréis real… Cada vez que tengas que tomar una decisión se te indicará claramente cuál es la Voluntad de Dios para ti al respecto.” (W-ep.4:1; 5:3)

(7:3) «Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda.»

El Espíritu Santo siempre está disponible porque Él está siempre en nuestras mentes.

(7:4) «Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado... confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.»

El mensaje aquí es estar atentos al ego, «no» tratar de escuchar la Voz del Espíritu Santo. Para reafirmar este punto crucial: este no es un curso para aprender a escuchar Su Voz específicamente, sino para aprender cómo llevar las interferencias del ego a Su Presencia:

“Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado contra él. No es necesario que busques lo que es verdad, pero sí es necesario que busques todo lo que es falso.” (T-16.IV.6:1-2)

LECCION 201 REPASO: Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.

“No hay nadie que no sea mi hermano. He sido bendecido con la unidad de la que gozo con el universo y con Dios mi Padre, el único Creador de la totalidad que es mi Ser, el cual es eternamente uno conmigo.” Jesús comienza este repaso recordándonos que la realidad es nuestra unicidad y unidad. Nuestro objetivo, por lo tanto, es llevar a esa verdad todas las ilusiones de separación, individualidad y especialismo.”


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Lección 201 Comentada por Oscar Gómez Díez

Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.

Iniciamos el sexto y último repaso del libro de ejercicios. En Un Curso de Milagros los repasos no son un descanso entre lecciones, sino una manera de profundizar en nuestro aprendizaje, en aprehender el contenido más allá de la forma.

Este repaso es la antesala de la segunda parte del libro de ejercicios que inicia en la lección 221. Este repaso nos prepara para esta nueva etapa, donde vamos abandonando las estructuras en nuestro aprendizaje, pues se supone que ya hemos logrado una importante disciplina mental. Si bien se nos dice que hagamos las prácticas largas de la mañana y la noche mínimo de 15 minutos, y practicas cortas y frecuentes cada hora, el énfasis está en la experiencia más que en la teoría, en el sentir más que en el analizar o reflexionar.

En este sexto repaso practicaremos una sola lección por día, durante los próximos 20 días, envolviendo la idea del día con un pensamiento central a lo largo de los 20 días de repaso, este pensamiento central es: "No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó."

Jesús le da mucha importancia a este pensamiento. Pues si nos queremos liberar del ego necesitamos des-identificarnos con el cuerpo, que ha sido el vehículo del ego para hacer real la separación, y utilizarlo como un arma de ataque, y en lugar de ello, recordar que nuestra única realidad es que somos una mente libre e ilimitada, y eternamente amorosa.

SENTIDO HOLOGRÁFICO DE LAS PRÁCTICAS:

"Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendieses." "Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estudios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. Uno solo basta." Un solo pensamiento del día sería suficiente para liberarnos del infierno de este mundo, si decidimos aceptarla plenamente.

NO EXCLUIR NADA PARA UNIFICARLO TODO:

El propósito del Curso es unificar nuestra mente y nuestros pensamientos en uno solo: el Amor. "Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender."

"El día comienza y concluye con esto." Quiere decir que tendremos en nuestra mente esta idea, la repetiremos y recordaremos durante todo el día, pues "tenemos una función que transciende el mundo que vemos."

Además de repetir el pensamiento del día, "no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo abandono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad." Se requiere que decidamos realizar un profundo abandono de las ideas de separación y culpa del ego.

PRIORIZAR EL CONTENIDO MÁS QUE LA FORMA:

Lo que nos proponemos en este repaso es "ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar." Nuestro propósito hoy es ir más allá de todo símbolo y centrarnos en el contenido amoroso del significado tras cada palabra. La senda más corta es la quietud y el silencio: "Sencillamente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender."

PRÁCTICA CONSTANTE DEL PERDÓN:

A partir de hoy habrá menos estructura en las prácticas diarias, pues cuando hayamos perdonado todas nuestras culpas no necesitaremos ninguna estructura para llegar a Dios. Pero este abandono de las estructuras tiene una excepción: "No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo."

"Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere." "Luego descarta tranquilamente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día."

ENTREGARNOS AL ESPÍRITU SANTO:

Jesús nos pide que nos entreguemos completamente bajo la orientación y la amorosa guía del Espíritu Santo. "Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él."

LECCIÓN 201:

"No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó."
(181) "Confío en mis hermanos, que son uno conmigo."

Con estas ideas nos levantaremos, pasaremos todo el día y nos acostaremos pensando en ellas. Meditaremos en la mañana y en la noche, mínimo 15 minutos, y haremos una pausa cada hora para recordarlas en quietud y silencio.

RESPUESTA A LA TENTACIÓN:

A lo largo del día, "Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo: No quiero este pensamiento. El que quiero es: Confío en mis hermanos, que son uno conmigo."


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