Lea aquí la Introducción al Sexto Repaso
Índice de la Lección 217
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LECCIÓN 217
No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.
No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano.
1. (197) ¿Quién debe dar gracias por mi salvación sino yo mismo? ²¿Y cómo sino a través de la salvación puedo encontrar el Ser a Quien debo estarle agradecido?
No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.
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AUDIOS DE LA LECCIÓN 217
A través de Blanca Nivia Morales Contreras.
a través de Martin Musarra
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Lectura de la Lección 217
Comentada por Jorge Luis Álvarez Castañeda
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Lección 217 Comentada por Jorge Luis Álvarez Castañeda
No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano.
¡Que la paz sea con nosotros hoy!
Este pensamiento es el reverso de lo que vimos ayer. Si ayer veíamos que nosotros mismos nos crucificamos al elegir al ego, hoy Jesús nos habla de nuestro Ser con mayúscula: el Hijo de Dios, el Cristo que somos.
Nuestro Ser es amoroso, pacífico, inocente y feliz. El hecho mismo de estar realizando estas lecciones es una manifestación de que nuestro Ser se ha impuesto sobre el ego. Cada vez que tenemos un acto amoroso, que perdonamos o elegimos la paz, es el momento de darnos las gracias a nosotros mismos y agradecer a nuestro Ser por aceptar estos cambios. Al hacerlo, dejamos el miedo y nos reconocemos en nuestra verdadera Identidad: impecables e inocentes.
Jesús nos dice que la salvación está en nuestras manos. Nadie nos va a salvar si nosotros no decidimos hacerlo. Dios siempre está a nuestro lado esperando nuestra pequeña dosis de buena voluntad para pedir ayuda. Hoy, Jesús nos llama a darnos las gracias por todo lo que nos haga sentir en paz. No somos un ego; somos el Hijo de Dios.
Proceso de práctica de la lección:
1. Tiempo de quietud por la mañana y por noche.
Tiempo mínimo 15 minutos. Repite y reflexiona: No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó. No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano.
Cierra los ojos. Aquieta la mente. Olvida el miedo del ego y recuerda el amor que eres. En tu meditación intenta entrar en contacto con tu mente recta, donde está Cristo. Mantén la mente quieta y quédate con la certeza de que estás con Dios. Si llega algún pensamiento distractor di: No quiero este pensamiento. El que quiero es: No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano.
2. Recordatorios cada hora.
Repite: No soy un cuerpo. Soy libre pues aún soy tal como Dios me creó. No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano. Recuerda que Cristo permanece a tu lado dándote fortaleza.
3. Respuesta a la tentación.
No dejes pasar ningún pensamiento trivial sin cuestionarlo. Di: No quiero este pensamiento. El que quiero es: No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano.
Muchas bendiciones.
Jorge Luis Álvarez Castañeda
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Lección 217 Comentada por Kenneth Wapnick
No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano.
¿Quién debe dar gracias por mi salvación sino yo mismo? ¿Y cómo, sino por medio de la salvación, puedo encontrar al Ser a Quien debo estarle agradecido?
“Esto continúa el énfasis de Jesús en reconocer que tenemos una mente y no somos nuestros cuerpos. En Un Curso de Milagros, la salvación significa ser salvo de mi decisión de ser culpable. Yo soy el que escogió mal, y por lo tanto soy el que puede escoger correctamente pidiéndole ayuda a mi nuevo Maestro. Por lo tanto, estoy agradecido a mí mismo por haber escogido la salvación en lugar de la crucifixión.”
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Lección 217 Comentada por Oscar Gómez Díez
No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano.
Esta lección reitera que solo te agradeces a ti mismo, pues el mundo que crees ver fuera es una proyección mental. Por eso, todo lo que das, te lo das a ti mismo. Cuando perdonas y amas, te estás perdonando y amando a ti mismo.
El ego cree en transacciones y favores condicionados; si da algo, espera gratitud o retribución. Si no la recibe, reacciona con furia. Así cimienta relaciones de amor y odio. El ego incluso percibe a Dios como alguien que da regalos para luego arrebatarlos (como la vida con la muerte).
Jesús nos explica que no necesitamos el agradecimiento externo. Tu propia gratitud es todo lo que requieren tus regalos para ser una ofrenda liberada del infierno. No veas los regalos con los ojos del cuerpo, sino con la visión de Cristo. El principal regalo es el perdón. Al perdonar las ilusiones, aseguras que los regalos de Dios —eternos e ilimitados— sean siempre tuyos. Reconócete digno de toda gratitud por razón de lo que eres.
PRÁCTICA DIARIA:
"No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó."
(197) "No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano."Meditaremos en la mañana y en la noche, mínimo 15 minutos, y haremos una pausa cada hora para recordarlas en quietud y silencio.
RESPUESTA A LA TENTACIÓN:
A lo largo del día, cuando la tentación te asedie, di: "No quiero este pensamiento. El que quiero es: No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano."
No olvides que cada hermano es un canal para completar tu Ser. Gánate ahora la gratitud que te negaste al olvidar tu función.
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