7. ¿Qué es el Espíritu Santo?
de CELEBRANDO EL MILAGRO
1. El Espíritu Santo es el Mediador entre las ilusiones y la verdad. ²Puesto que tiene que salvar la brecha entre la realidad y los sueños, la percepción conduce al Conocimiento a través de la gracia que Dios le ha dado para que sea el regalo que le hace a todo aquel que acude a Él en busca de la verdad. 3 A través del puente que Él tiende, todos los sueños se llevan ante la verdad para que la Luz del Conocimiento los disipe. 4 Allí los sonidos y las imágenes se descartan para siempre. 5 Y donde antes se percibían, el perdón ha hecho posible el tranquilo final de la percepción.
2. El objetivo de las enseñanzas del Espíritu Santo es precisamente acabar con los sueños. 2 Pues todo sonido e imagen tiene que transformarse de testigo del miedo en testigo del amor. 3 Y cuando esto se logre, el aprendizaje habrá alcanzado el único objetivo que siempre tuvo realmente. 4 Pues el aprendizaje, tal como el Espíritu Santo lo utiliza a fin de alcanzar el resultado que Él percibe para él, se convierte en el medio que se transciende a sí mismo, de manera que pueda ser reemplazado por la Verdad Eterna.
3. Si supieses cuánto anhela tu Padre que reconozcas tu impecabilidad, no dejarías que Su Voz te lo pidiera en vano ni le darías la espalda a lo que Él te ofrece para reemplazar todas las imágenes y sueños atemorizantes que tú has forjado. 2 El Espíritu Santo entiende los medios que fabricaste para alcanzar lo que por siempre ha de ser inalcanzable. 3 Mas si se los ofreces a Él, Él se valdrá de esos medios que inventaste a fin de exiliarte para llevar a tu mente allí donde verdaderamente se encuentra en su hogar.
4. Desde el conocimiento, donde Dios lo ubicó, el Espíritu Santo te exhorta a dejar que el perdón repose sobre tus sueños para que puedas recobrar la cordura y la paz interior. 2 Sin el perdón, tus sueños seguirán aterrorizándote. 3 Y el recuerdo de todo el Amor de tu Padre no podrá retornar a tu mente para proclamar que a los sueños les ha llegado su fin.
5. Acepta el regalo que tu Padre te hace. 2 Es un llamamiento que el Amor le hace al Amor para que tan sólo sea lo que es. 3 El Espíritu Santo es el regalo de Dios mediante el cual se le restituye la quietud del Cielo al bienamado Hijo de Dios. 4 ¿Te negarías a asumir la función de completar a Dios, cuando todo lo que Su Voluntad dispone es que tú estés completo?
Kenneth Wapnick
7. ¿Qué es el Espíritu Santo?
Cuando discutimos el nivel metafísico de Un Curso de Milagros, usualmente no incluimos al Espíritu Santo, ya que Su función se relaciona solamente con nuestra experiencia dentro del sueño, donde Él es necesario. Ya que el Espíritu Santo es la corrección para el ego, Su función es desconocida en el Cielo. Sin embargo, siendo el recuerdo del Amor de Dios que llevamos con nosotros cuando nos quedamos dormidos, Su Presencia expresa la Expiación que dice que la separación de Dios fue una ilusión. A lo largo de este resumen se nos recuerda que nuestra función diaria es mirar nuestras ilusiones con Su Amor, llevándolas a Su presencia sanadora. Así se deshacen, porque la luz disipa automáticamente las tinieblas. Por lo tanto, este resumen nos permite hablar de nuevo sobre las aplicaciones prácticas de Un Curso de Milagros y el papel del Espíritu Santo en nuestra sanación.
(1:1-2) El Espíritu Santo media entre las ilusiones y la verdad. Ya que Él debe tender un puente entre la realidad y los sueños, la percepción lleva al conocimiento a través de la gracia que Dios le ha dado, para ser Su regalo a todo aquel que se dirige a Él en busca de la verdad.
Uno de los términos usados en Un Curso de Milagros para describir al Espíritu Santo es puente, porque, como dice este pasaje, Él es el puente entre nuestras ilusiones y la realidad, necesitando sólo nuestra disposición para seguir Su ejemplo. Así le traemos nuestras ilusiones para que las dejemos atrás, recordando la verdad de quiénes somos como Cristo. De la misma manera, Jesús nos pide que lo sigamos en el camino del tiempo a la eternidad:
Vuestro Padre no puede olvidar la verdad en vosotros más de lo que vosotros no podéis olvidarla. El Espíritu Santo es el puente hacia Él, hecho de tu voluntad de unirte a Él y creado por Su gozo en unión contigo.... El puente que Él te llevará a través te eleva desde el tiempo hasta la eternidad. Despierta del tiempo y responde sin temor al Llamado de Aquel que te dio la eternidad en tu creación. A este lado del puente hacia la eternidad no entiendes nada. Pero al caminar ligeramente a través de ella, sostenidos por la eternidad, son dirigidos directamente al Corazón de Dios. En su centro, y sólo allí, estás a salvo para siempre, porque estás completo para siempre. No hay velo que el Amor de Dios en nosotros juntos no pueda levantar. El camino a la verdad está abierto. Síguelo conmigo (T-16.IV.12:1-2; 13:4-11).
(1:3-5) A través del puente que Él provee, todos los sueños son llevados a la verdad, para ser disipados ante la luz del conocimiento. Hay vistas y sonidos para siempre a un lado. Y donde antes se percibían, el perdón ha hecho posible el final tranquilo de la percepción.
Ese final tranquilo, como hemos visto y volveremos a ver en el siguiente resumen, es el mundo real, el estado de ánimo en el que nos damos cuenta de que todo lo que hemos pensado o percibido es ilusorio. En otras palabras, el mundo real está fuera del sueño, donde permanecemos sólo un instante. En ese momento todo desaparece, y estamos en casa. El perdón es el medio para alcanzar este fin, y nada aquí puede igualar sus dones de belleza:
Esta belleza no es una fantasía. Es el mundo real, luminoso y limpio y nuevo, con todo brillando bajo el sol abierto.... El mundo real, en su belleza, se aprende a alcanzar. Las fantasías están todas deshechas, y nadie ni nada permanece atado por ellas, y por tu propio perdón eres libre de ver. Sin embargo, lo que ves es sólo lo que has hecho, con la bendición de tu perdón. Y con esta bendición final del Hijo de Dios sobre sí mismo, la percepción real, nacida de la nueva perspectiva que ha aprendido, ha cumplido su propósito (T-17.II.2:1-2; 3:4-7).
(2:1-2) La meta que establece la enseñanza del Espíritu Santo es precisamente este fin de los sueños. Porque las vistas y los sonidos deben ser traducidos de los testigos del miedo a los del amor. Este importante tema se encuentra en muchos lugares en Un Curso de Milagros, tal vez más claramente expresado en "La Función Especial", donde Jesús describe cómo el Espíritu Santo usa lo que hicimos para dañar como instrumento de sanación (T-25.VI). Estas son nuestras relaciones especiales, los oscuros fragmentos de nuestra destrucción de Dios que fueron hechos para matar. Sin embargo, cuando invitamos al Espíritu Santo a ayudarnos con estas relaciones, Él cambia su propósito de daño a ayuda. Todo lo que percibimos en el mundo perceptivo -"vistas y sonidos"- se traduce del propósito del ego de reforzar la separación al del Espíritu Santo de deshacerlo. Así, él media entre los símbolos temerosos de lo especial y el amor más allá de todos los símbolos. El objetivo de la mediación es la luz del perdón, que reinterpreta nuestros símbolos de odio y juicio:
El Espíritu Santo es el Mediador entre las interpretaciones del ego y el conocimiento del espíritu. Su habilidad para tratar con símbolos le permite trabajar con las creencias del ego en su propio lenguaje. Su habilidad de mirar más allá de los símbolos hacia la eternidad le permite entender las leyes de Dios, de las cuales Él habla. Por lo tanto, puede realizar la función de reinterpretar lo que hace el ego, no mediante la destrucción sino mediante la comprensión. La comprensión es luz, y la luz conduce al conocimiento. El Espíritu Santo está en luz porque Él está en ustedes que son luz, pero ustedes mismos no lo saben. Por lo tanto, es tarea del Espíritu Santo reinterpretarte en nombre de Dios (T-5.III.7).
(2:3-4) Y cuando esto se logra por completo, el aprendizaje ha logrado la única meta que tiene en verdad. Porque el aprendizaje, a medida que el Espíritu Santo lo guía hacia el resultado que Él percibe para él, se convierte en el medio para ir más allá de sí mismo, para ser reemplazado por la verdad eterna.
El aprendizaje termina cuando estamos en el mundo real, siendo su logro la meta final de Un Curso de Milagros, después de lo cual el sueño termina. El perdón, enseñado por el Espíritu Santo, nos lleva a través de los pasos que conducen inevitablemente a su meta. Por lo tanto necesitamos entender que todas las cosas aquí son símbolos que reflejan la verdad, cuando vemos a través de la visión del Espíritu Santo. Así, el perdón refleja el amor de Dios, aunque no sea la verdad. El proceso de cambiar nuestra percepción de nuestro hermano simboliza el proceso interno de cambiar nuestras mentes sobre nuestro maestro: elegir el Espíritu Santo en lugar del ego. Además, Jesús nos dice que el propósito de cualquier maestro es hacerse dispensable, porque al final del aprendizaje, nos damos cuenta de que no hay nada que aprender (T-4.I.6:3). El maestro y el alumno desaparecen, porque son uno; de ahí la frase "los medios para ir más allá de sí mismo". Sin embargo, mientras estamos atrapados en la ilusión de la separación, necesitamos Ayuda; un medio para traducir nuestros símbolos de la falsa percepción de la mente equivocada a la verdadera percepción de la mente correcta, y al conocimiento del Ser de Una Mente:
... El Espíritu Santo es la mente de la expiación. Él representa un estado mental lo suficientemente cercano a la unicidad como para que la transferencia a ella sea por fin posible. La percepción no es conocimiento, pero puede ser transferida al conocimiento, o cruzada a él.... El Espíritu Santo, la inspiración compartida de toda la filiación, induce una especie de percepción en la que muchos elementos son como los del propio Reino de los Cielos.... señala el camino más allá de la sanación que trae, y lleva a la mente más allá de su propia integración hacia los caminos de la creación. Es en este punto cuando se produce un cambio cuantitativo suficiente para producir un cambio cualitativo real (T-5.I.6:3-5; 7:1,5-6).
Este cambio cualitativo es lo que catapulta nuestra conciencia del mundo de los símbolos al símbolo final, de los sueños de maldad y rectitud al mundo real.
(3:1) Si tú supieras cuánto anhela tu Padre que reconozcas tu impecabilidad, no dejarías que Su Voz apele en vano, ni te alejarías de Su reemplazo por las temibles imágenes y sueños que tú hiciste.
De nuevo, esto es un símbolo. Dios no anhela; un cuerpo anhela. Este símbolo expresa así dualmente el Amor eterno, inmutable y no dualista de Dios. Entendiendo el significado detrás de las palabras, nos damos cuenta de que hay una parte de nosotros que anhela a Dios, queriendo que el pequeño niño interior crezca y regrese a casa. Una vez más, no es Dios anhelando por nosotros, sino que en nuestra miseria lo anhelamos, reconociendo que somos extranjeros aquí. Cuando finalmente nos damos cuenta de que lo que experimentamos aquí es el infierno, y lo que realmente queremos es regresar al Cielo, no esperaremos un instante, ni dejaremos que las aterradoras imágenes del ego de culpa y muerte reemplacen las amables imágenes de las bendiciones de perdón del Espíritu Santo:
... ¿Negarías su anhelo de ser conocido? Lo anhelas a Él, como Él te anhela a ti. Esto es para siempre inmutable. Acepta, entonces, lo inmutable. Deja atrás el mundo de la muerte, y regresa en silencio al Cielo. No hay nada de valor aquí, y todo lo de valor allá. Escuche al Espíritu Santo, y a Dios a través de Él. Él habla de ti. No hay culpabilidad en ti, porque Dios es bendecido en Su Hijo como el Hijo es bendecido en Él (T-14.V.1:4-12).
(3:2) El Espíritu Santo entiende los medios que usted hizo, por los cuales usted alcanzaría lo que es inalcanzable para siempre.
El medio es la relación especial, llena de las imágenes temerosas y cargadas de culpa que hicimos. Lo que buscamos alcanzar a través de nuestra especialidad es la felicidad, el amor y la abstinencia del dolor -siempre inalcanzable-, ya que el propósito de estar en el cuerpo es evitar que nos volvamos verdaderamente felices y amorosos. Sin embargo, este mismo cuerpo se convierte en el salón de clases en el que el Espíritu Santo expresa su propósito de deshacer la separación:
Dios no hizo el cuerpo, porque es destructible, y por lo tanto no es del Reino. El cuerpo es el símbolo de lo que crees que eres. Es claramente un dispositivo de separación, y por lo tanto no existe. El Espíritu Santo, como siempre, toma lo que usted ha hecho y lo traduce en un dispositivo de aprendizaje. De nuevo, como siempre, Él reinterpreta lo que el ego usa como argumento para la separación en una demostración en su contra (T-6.V-A.2:1-5).
(3:3) Y si se los ofreces a Él, Él empleará los medios que hiciste para el exilio para restaurar tu mente a donde realmente está en casa.
Esta es la idea central: ofrecemos nuestros errores al Espíritu Santo, diciendo: "Me equivoco al pensar en esta persona. Por favor, ayúdame." El pasaje anterior hace eco del pensamiento ya mencionado del texto, que lo que hicimos para dañar al Espíritu Santo ahora lo usamos para sanar (T-25.VI.4:1). Así, los medios que hicimos para el exilio -las relaciones especiales del cuerpo que nos mantienen separados de Dios- pueden ser usados por nuestro Maestro para ayudarnos a vernos de manera diferente a nosotros mismos. Esto no significa, sin embargo, que mágicamente le entreguemos todo a Él, esperando que Él mueva la varita de Merlín y quite nuestro dolor. Más bien, "entregamos" al Espíritu Santo la creencia equivocada y la afirmación arrogante de que estábamos en lo correcto y que Él estaba equivocado. En otras palabras, el cuerpo que fue hecho para separar y mantener separado, ahora se convierte en el instrumento para comunicar la verdad de la expiación - no hay separación sino solamente la unidad de la comunión:
El Espíritu Santo, que conduce a Dios, traduce la comunicación en ser, así como Él traduce la percepción en conocimiento. ... El ego utiliza el cuerpo para atacar, para el placer y para el orgullo. La locura de esta percepción la hace realmente temerosa. El Espíritu Santo ve el cuerpo sólo como un medio de comunicación, y porque comunicar es compartir, se convierte en comunión (T-6.V-A.5:1,3-5).
(4) Desde el conocimiento, donde ha sido colocado por Dios, el Espíritu Santo te llama a dejar que el perdón descanse sobre tus sueños, y ser restaurado a la cordura y a la paz mental. Sin el perdón, tus sueños permanecerán para aterrorizarte. Y el recuerdo de todo el Amor de vuestro Padre no volverá para significar que el fin de los sueños ha llegado. Vemos una vez más que el perdón es el medio que Un Curso de Milagros usa para ayudarnos a cambiar de opinión. Al aprender a perdonar a los demás nos damos cuenta de que ellos no nos han traído el dolor, porque nosotros mismos lo hemos provocado. Esta comprensión nos permite, en última instancia, ver a nuestros socios especiales como figuras en nuestros sueños, como lo es el yo con el que nos identificamos. En la visión bondadosa del Espíritu Santo, estos sueños infelices de especialidad se convierten en sueños felices de perdón:
No es un sueño amar a tu hermano como a ti mismo. Ni tu santa relación es un sueño. Todo lo que queda de los sueños en su interior es que sigue siendo una relación especial. Sin embargo, es muy útil para el Espíritu Santo, que tiene una función especial aquí. Se convertirá en el sueño feliz a través del cual Él puede esparcir alegría a miles y miles de personas que creen que el amor es miedo, no felicidad. Permítanle cumplir la función que Él le dio a su relación aceptándola por ustedes, y nada faltará que haga de ella lo que Él quiera que sea (T-18.V.5).
(5:1-3) Acepta el regalo de tu Padre. Es un Llamado del Amor al Amor, que no sea sino a Sí Mismo. El Espíritu Santo es Su regalo, por el cual la quietud del Cielo es restaurada al Hijo amado de Dios.
Si somos verdaderamente honestos con nosotros mismos, nos daremos cuenta de que no queremos este regalo. Hicimos nuestros cuerpos alejándonos de los dones de Dios, representados por la expiación del Espíritu Santo. Antes de que podamos decir y significar que queremos Su Amor, primero debemos darnos cuenta de que ya no queremos los sueños de miedo que sustituimos en Su lugar. Esto nos permite experimentar el miedo de dejar ir nuestra identidad personal, lo que abre nuestras mentes a elegir el regalo de amor del Cielo en lugar del regalo del miedo del ego. He aquí una hermosa expresión del regalo de nuestro Padre para nosotros, que ahora estamos más dispuestos a aceptar:
... Permíteme... recordarte la eternidad, en la que tu gozo crece a medida que tu amor se extiende junto con el Mío más allá del infinito, donde el tiempo y la distancia no tienen sentido.... Sin ti la creación está insatisfecha. Vuelve a Mí que nunca dejaste a Mi Hijo. Escucha, hija Mía, tu Padre te llama. No te niegues a escuchar la Llamada de Amor. No niegues a Cristo lo que es suyo. El cielo está aquí y el cielo es su hogar (S-3.IV.8:2,4-9).
(5:4) ¿Rehusarías tomar la función de completar a Dios, cuando todo lo que Él quiere es que seas completo?
No hace falta decir que Dios no tiene que ser completado, porque Él está perfectamente completo dentro de Sí mismo. Dentro del sueño, sin embargo, concebimos a Dios como incompleto porque robamos Su tesoro, dejando al Cielo en un estado de incompleción y carencia. Este es el sistema de pensamiento loco que el Espíritu Santo deshace. Aceptar nuestra función de completar a Dios significa aceptar el hecho de que la incompleción del Cielo es un sueño. Así, en cambio, aceptamos el sueño feliz del Espíritu Santo, que dice que no pasó nada que perturbara nuestra paz o el amor del Cielo. Este proceso de perdón concluye con la trascendencia del sueño en su totalidad, cruzando el puente hacia el mundo real y hacia la realización del Cielo:
Al otro lado del puente está vuestra consumación, porque estaréis enteramente en Dios, no queriendo nada especial, sino sólo ser enteramente semejantes a Él, completándole con vuestra consumación. No temáis cruzar a la morada de la paz y de la santidad perfecta. Sólo así se completa el cumplimiento de Dios y de su Hijo establecido para siempre. No busques esto en el mundo sombrío de la ilusión, donde nada es seguro y donde todo no satisface. En el nombre de Dios, esté totalmente dispuesto a abandonar todas las ilusiones. En cualquier relación en la que estés totalmente dispuesto a aceptar la consumación, y sólo esto, hay Dios consumado, y Su Hijo con Él (T-16.IV.9).
Séptimo tema especial.
7. ¿QUÉ ES EL ESPÍRITU SANTO ?
Comentado por:
Oscar Gómez Díez
Si un estudiante de Un Curso de Milagros, pregunta si el termino de Espíritu Santo del Curso es el mismo que manejan las tres grandes religiones monoteístas, la respuesta es si y no.
Hay coincidencias y diferencias, sobre su alcance, de cómo lo definen, las funciones o dones que ejerce, el papel que ha jugado en cada una de esas tradiciones, y su ubicación dentro de la jerarquía espiritual en cada una de esas religiones.
El Curso se inspira en la tradición cristiana, recogiendo temas comunes, en relación al Espíritu Santo, explicándonos a qué se debió su origen, reinterpretando la naturaleza y las funciones, al fin y al cabo, el Espíritu Santo es uno de los principales personajes del Curso.
Así que primero veremos cómo conciben al Espíritu Santo en la religión judía, a través del Antiguo Testamento, el cristianismo a través del Nuevo Testamento, y el Islam a través del Corán. Recordemos que las tres religiones tienen un árbol común: el Antiguo Testamento, pues las tres se proclaman hijos de Abraham, el gran patriarca de las tribus de Israel. Y al final veremos como se aborda al Espíritu Santo en Un Curso de Milagros.
EL ESPÍRITU SANTO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO:
El termino “Espíritu Santo” como tal no aparece en el Antiguo Testamento, aparece como el Espíritu de Dios o el aliento de Dios, o la inspiración de Dios. El término “Espíritu Santo” aparecerá por primera vez en el Nuevo Testamento. En otras palabras, el Espíritu Santo, surge con la teología cristiana.
En el Antiguo Testamento podemos equiparar a lo que ahora conocemos como Espíritu Santo, a términos como el aliento de Dios, la inspiración de Dios, y el dedo de Dios en el que se plasman las escrituras, de ahí que se considere la Biblia hebrea como una inspiración del Espíritu de Dios. Él es el guía de reyes y profetas, se le considera que tiene el don de la profecía. Pero estrictamente hablando el término Espíritu Santo no se utiliza en el Antiguo Testamento. Por lo que la tradición judía no lo utiliza.
EL ESPÍRITU SANTO EN EL NUEVO TESTAMENTO:
El Nuevo Testamento va a formular varias términos o entidades que no existían en el Antiguo Testamento, como el Espíritu Santo, Él Hijo de Dios, Jesús el Cristo, la divina trinidad, la resurrección de Jesús, y un mito fundacional basado en la fugaz relación entre la Virgen María y el Espíritu Santo de la cual engendran a Jesús. Estas entidades y conceptos le darán forma a lo que hoy conocemos como cristianismo en todas sus vertientes.
El Nuevo Testamento enseña que la morada del Espíritu Santo es permanente en los creyentes (1 Corintios 3:16-17; 6:19-20). Contrariamente, la permanencia del Espíritu en el Antiguo Testamento era selectiva y temporal. El Espíritu “vino sobre” personas del Antiguo Testamento tales como Josué (Números 27:18), David (1 Samuel 16:12-13) y aún Saúl (1 Samuel 10:10)
Realmente el Nuevo Testamento no plantea explícitamente el concepto de la divina trinidad como se concibe actualmente:
“Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, con igual poder y gloria.”
Este es un dogma de la iglesia Católica que se fue desarrollando entre los Concilios de Constantinopla del año 381 y el Concilio de Florencia del año 1442, en la que consideran al Espíritu Santo, como un integrante de la santísima trinidad.
Esta definición será fuente de discusión con el judaísmo y el islam, que sólo reconocen un Dios absoluto e indivisible, de ahí que algunos califiquen el concepto de divina trinidad como politeísta.
La verdad es que no es fácil explicar que tres personas distintas, sean a la vez una sola. Parece que Jesús no llegó tan lejos, así algunos teólogos se apoyen en la frase del Nuevo testamento: ”Creedme, que yo estoy en el Padre y el Padre en mí” (Juan 14,-11), pues solamente reconoce una verdad metafísica que también suscribe Un Curso de Milagros, Dios es omnipresente, por lo tanto, está en todas partes, y yo como su Hijo estoy dentro del Padre pues soy Su extensión. Esto no quiere decir que el Hijo y el Padre sean lo mismo, pues el Hijo no puede crear al Padre.
Así que afirmar que yo hábito en el Padre y el Padre en mi, no quiere decir que Padre e Hijo sean lo mismo.
El Hijo no es igual al Padre, pues no lo puede crear ni cambiar, de ahí que la afirmación ”con igual poder y gloria” sea tan problemática. Y luego Ingresar en esa ecuación al Espíritu Santo debió ser mucho más difícil.
EL JUDAÍSMO Y EL DIOS UNITARIO:
Según el judaísmo la Torá descarta un Dios trinitario en Deuteronomio (6: 4): “Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno”. Para el judaísmo solo existe Dios y no se le puede equiparar con otras entidades como el Espíritu Santo y el Hijo. Igualmente el judaísmo no reconoce a Jesús como el Hijo de Dios, ni como Mesías, ni como profeta, pues según ellos, no cumplía con las características que lo definen como tal en el Antiguo Testamento.
EL ESPÍRITU SANTO EN EL ISLAM:
Para el Islam tampoco existe una entidad llamada el Espíritu Santo, lo que más se le aproximaría sería el arcángel Gabriel, y lo más seguro que generaría un debate teológico tratar de hacer dicha comparación pese a que comparten historias comunes.
El Arcángel Gabriel fue el que inspiró al profeta Mahoma a escribir el Corán, y el que le anunció a María el nacimiento de Jesús, según el Nuevo Testamento, o el que embarazó a María según el Corán.
El Corán comparte con el Nuevo Testamento que el embarazo de María fue resultado de una intervención divina, pero su alcance es menor que la planteada por el Nuevo Testamento.
En primer lugar, el Arcángel Gabriel, se le aparece en forma de hombre: “Enviamos hacia ella nuestro espíritu. Tomó ante ella la forma de un hombre, de una figura perfecta” (Sura XIX, 17)
El Espíritu en forma de hombre se le presenta a María y le dice: “Soy el enviado de tu Señor, encargado de darte un hijo santo” (Sura XIX, 19)
Las dos anteriores citas, dejan entrever que el Ángel convertido en forma humana tiene una relación con María y la embaraza. Pero esto no hace de Jesús el Hijo de Dios, sino a un profeta, Jesús mismo aparece diciendo en el Corán: “Soy el servidor de Dios, les dijo Jesús. Él me ha dado el libro, y me ha constituido profeta.” (Sura XIX, 31) Según el Corán, Jesús es un servidor de Dios y profeta. También lo reconocen como el Mesías, pero no como el Hijo de Dios, ni como parte de la divina trinidad. El Corán no acepta el concepto de Hijo de Dios que aparece en el Nuevo Testamento y lo argumenta de la siguiente manera:
“Dios no puede tener hijos. !Lejos de su gloria esta blasfemia!. Cuando decide una cosa dice: Sea y es.” (Sura XIX, 36), o sea, Dios no necesita dar tantos rodeos para tener un hijo si así lo deseara. Para ello no necesitaría enviar un ángel, embarazar una mujer, esperar nueve meses hasta el parto, etc, simplemente dice: “Sea y es.”
Por lo anterior, el Corán reclama: “Porque atribuyen un hijo al misericordioso. A Él no le acomoda tener un hijo.” (Sura XIX, 93)
Y concluye que: “Todo lo que existe en los Cielos y la tierra es servidor del Misericordioso” (Sura XIX, 94), Todos somos servidores de Dios, pero no existe un Hijo único y excluyente, como lo plantea el cristianismo.
“¡Oh, Jesús hijo de María! Recuerda la gracia que os concedí a ti y a tu madre, cuando te di fuerzas mediante el Espíritu Santo [el Ángel Gabriel] y hablaste a la gente estando en la cuna y de adulto, y te enseñé la escritura, la sabiduría, la Torá y el Evangelio” (Al-Má’idah, 5:110).
En resumen, el Islam tampoco reconoce la figura de la trinidad, no equipara al Espíritu Santo con Dios, postura que comparte con el judaísmo, sobre la existencia de un Dios absoluto e indivisible. Tampoco reconoce a Jesús como el Hijo de Dios, pero a diferencia del judaísmo, si lo reconoce como un profeta, y le dedica varios pasajes del Corán.
El Corán enfatiza que Jesús fue un mortal que, como todos los otros profetas, había sido elegido por Dios para extender su palabra, y se le considera como un precursor del profeta Mahoma, el último profeta.
EL NUEVO ROL DEL ESPÍRITU SANTO EN EL CRISTIANISMO:
El cristianismo da un paso inédito al asignarle un nuevo rol al Espíritu Santo: la de procreador celestial, quien posee a la Virgen María y la deja embarazada, de quien nacerá un hijo que conoceremos después como Jesús de Nazaret. Esto es algo que no tiene antecedentes en la tradición judía. Pues se pasaría de un Dios absoluto y amorfo, que no encarna en un ser humano ni posee mujer alguna, a un Dios que decide procrear un hijo a través de una mujer mortal, sin los poderes absolutos de Su Padre, pues está limitado por un cuerpo. ¿En que momento pudo surgir esta historia?
No hay antecedentes en la tradición judía de que un Espíritu como Ser inmortal haya poseído una mujer mortal, y de esta unión haya nacido un hijo. No hay un solo profeta ni rey judío que haya proclamado haber nacido de tal condición. Y no hay ningún texto en que Jesús lo proclame expresamente.
Si María hubiese dicho en esa época, que había sido embarazada por el Espíritu Santo, semejante apostasía la hubiera pagado con su vida, condenada a la lapidación. Si Jesús muy joven hubiese dicho que era hijo del Espíritu Santo, muy difícilmente los jerarcas de la iglesia judía lo hubiesen dejado llegar hasta los 33 años. Esto debió escribirse muy posterior a la muerte de Jesús. Las únicas similitudes serían con la historia de Krisna en la India, (varios siglos antes que Jesús) que se dice nació sobre una flor de loto, para simbolizar que nació iluminado. En la tradición Hindú el dios Visnú encarnó de forma humana en Krisna. En la tradición judía Dios no encarna en ningún humano.
En el caso de Jesús, parece no haber nacido iluminado, su iluminación se representa a los 30 años después de su retiro de 40 días en el desierto, y tras el bautismo de Juan el Bautista, en la que el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma, a partir de ahí comienza su misión, y a realizar milagros.
LA MITOLOGIA GRIEGA Y EL ESPÍRITU SANTO:
Una cultura en la que sus dioses seducían o violaban doncellas terrenales, y de cuyo resultado nacían semidioses, era la mitología griega. Una figura mitológica muy conocida producto de este tipo de relaciones, entre un inmortal y una mortal es Hércules.
Recordemos que el nuevo testamento se escribe en griego entre los años 50 y 150 de nuestra era, por personas que hablaban y pensaban en griego, y que impregnaron de la cultura griega una tradición oral que provenía de la cultura judía.
Quizás de la mitología griega llena de dioses que fecundaban doncellas terrenales de las cuales nacían semidioses, sería la fuente de donde se originó el mito del Espíritu Santo y la virgen María, que daría lugar al nacimiento de Jesús.
Hércules era hijo del dios griego Zeus, y la mortal Alcmena. Teniendo en cuenta que el Nuevo Testamento se escribió en griego, es posible pensar que la mitología griega haya influido en la construcción de la historia de la virgen María y el Espíritu Santo. Sería mucho más fácil introducir en la cultura griega a un Jesús que nació como un semidiós, resultado de una relación entre un inmortal y una mortal, que presentarlo como un simple mortal que en Judea hablaba de paz, amor y perdón. Esta figura también tenía muchas posibilidades de ser aceptada dentro de la cultura romana tan influenciada por la griega, pues sus dioses y mitología eran casi los mismos, el Dios griego Zeus es el dios Júpiter de los romanos. El semidiós Heracles de Grecia, es el mismo Hércules en la mitología romana.
La historia del Espíritu Santo y la virgen María, tiene una variante en el cristianismo, Jesús no nacería como un semidiós, sino como el Hijo de Dios, para después convertirse en Dios Mismo. No es difícil correlacionar los 12 trabajos de Hércules, sobre el cultivo interior, que lo llevó a viajar por toda Asia menor, y los 12 discípulos de Jesús que viajan por diversas tierras a divulgar el mensaje de Jesús.
(para quienes deseen profundizar el tema de los trabajos Hércules, les recomiendo el libro de Alice Bailey, “Los trabajos de Hércules” en la que se muestra el viaje del alma a la sabiduría, desde el deseo material al espiritual, a través de las 12 pruebas a las que es sometido, doblegando con su voluntad, su naturaleza inferior hasta llegar a la divinidad).
La helenización del cristianismo fue el primer paso para convertirla en una religión universal. En el año 325, (Concilio de Nicea) tras el pacto con el emperador Constantino, la iglesia católica se convierte en la religión oficial del imperio romano, y se extenderá por los vastos territorios del mayor imperio de la época. Doce siglos después, los imperios español británico, portugués y holandés traerían el cristianismo a todo el continente americano, lo que configuró la actual civilización occidental, basada en los preceptos judeo cristianos.
El judaísmo permanecerá como la religión de una sola raza o nación: el pueblo Judío, la nación de Israel. El Cristianismo trasciende los límites de un pueblo y se universaliza, ajustándose a las diversas culturas y pueblos que va influenciando y que lo van influenciando. Es a esta cultura, a la que se dirige en primer lugar Un Curso de Milagros, con su lenguaje cristiano.
EL ESPÍRITU SANTO Y UN CURSO DE MILAGROS:
Para Un Curso de Milagros, el Espíritu Santo es la Voz que habla por Dios, la respuesta de Dios al pensamiento de separación, el encargado de ayudarnos a despertar de este sueño, el mensajero de la verdad, el que nos enseña a perdonar nuestros miedos y culpas, y nos ayuda a deshacer nuestros errores de percepción. El Espíritu Santo es nuestro maestro interior. Su guía siempre nos habla desde el amor y la paz que somos.
El Curso no parece inclinado a considerar al Espíritu Santo como parte de una figura trinitaria, si bien en algunos pasajes tiende a explicarla, (T-5.I.4:1-6) el grueso de sus enseñanzas se centran en la relación Padre e Hijo, en la que el Espíritu Santo hace de mediador o puente. “El Espíritu Santo es el Mediador entre las ilusiones y la verdad.” (PII.P7.1:1)
En el anterior tema especial, ”6. ¿Qué es el Cristo?” se dice que Cristo es “el hogar del Espíritu Santo” (L p.II. Q6.3:1) en otras palabras, el Espíritu Santo aparece como una manifestación del Cristo, y no una entidad aparte, cuya función es ser el encargado de la gran corrección, o principio de la Expiación. “El Espíritu Santo se extiende desde el Cristo en ti hasta todos tus sueños, y los invita a venir hasta Él para que puedan ser transformados en la verdad.” (L.PII.P6.4.1) en este pasaje, el Espíritu Santo se desprende desde el Cristo, lo que no lo hace una entidad aparte, como lo sería el Padre y el Hijo, parece ser más una emanación del mismo Hijo para corregir su propio error de separación.
“El Espíritu Santo es la mente de Cristo” (T.-5.I.5:1) en este pasaje, nos da a entender, que el Espíritu Santo es la parte activa de la Mente del Hijo de Dios, el Cristo.
“El Espíritu Santo comenzó a existir como medio de protección al producirse la separación.” (T.-5.I.5:2) o sea, antes sólo existía el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo fue creado para resolver una situación específica: la separación. Desde la perspectiva del mundo nos podríamos preguntar, ¿Que sucederá con el Espíritu Santo cuando sanemos nuestra mente y despertemos en Dios,? y El Espíritu Santo haya cumplido totalmente su tarea?
La respuesta es clara:
“Cuando la Expiación se complete y toda la Filiación sane, dejará de haber una llamada a retornar. Pero lo que Dios crea es eterno. El Espíritu Santo permanecerá con los Hijos de Dios para bendecir las creaciones de estos y mantenerlas en la luz de la dicha.” (T.-5.I.5:5-7) cuando se acabe el tiempo, y el Espíritu Santo termine su función, su rol se reduce a bendecir las creaciones de los Hijos de Dios, pero parece que no se le asignan poderes creativos, como los que tiene el Padre y el Hijo, con lo que el concepto de la trinidad pierde fuerza en Un Curso de Milagros.
El Espíritu Santo es el gran reinterprete, de las ilusiones a la verdad, del miedo al amor, de la culpa al perdón. “Él te ofrece para reemplazar todas las imágenes y sueños atemorizantes que tú has forjado. El Espíritu Santo entiende los medios que fabricaste para alcanzar lo que por siempre ha de ser inalcanzable. Mas si se los ofreces a Él, Él se valdrá de esos medios que inventaste a fin de exiliarte para llevar a tu mente allí donde verdaderamente se encuentra en su hogar.” (PII. P7.3:1-3) El Espíritu Santo le da otro significado a todos los símbolos de separación que habíamos inventado, los reinterpreta desde el amor y la unidad.
Podemos entregarle al Espíritu Santo todas nuestras creencias, y pensamientos ilusorios, para que los reinterprete desde el amor y el perdón, sanando de esta manera nuestra mente errada.
El Espíritu Santo es el encargado de ayudarnos a sanar nuestras mentes a través del perdón, “A través del puente que Él tiende, todos los sueños se llevan ante la verdad para que la Luz del Conocimiento los disipe.” le llevamos al Espíritu Santo todos nuestros errores para que la luz de la verdad los disipe, hasta poner fin a toda percepción y llevarnos hasta el conocimiento todo abarcante de Dios. “Y donde antes se percibían, el perdón ha hecho posible el tranquilo final de la percepción.” (PII. P7.1:5)
El Espíritu Santo tiene un solo propósito: nuestro despertar: “El objetivo de las enseñanzas del Espíritu Santo es precisamente acabar con los sueños.” (L. PII.P7.2:1)
El Espíritu Santo también se define como un regalo de Dios, para restituir la verdad en sus hijos: “El Espíritu Santo es el regalo de Dios mediante el cual se le restituye la quietud del Cielo al bien amado Hijo de Dios.” (L.PII.P7.5:3)
Cómo vemos el Espíritu Santo ha estado presente en el judaísmo, el cristianismo y el islam, pero sus características y dones pueden ser diferentes. El Espíritu Santo de Un Curso de Milagros parece recoger características comunes de las tres religiones, en lo que tiene que ver con la Voz que habla por Dios, inspiración divina, guía y maestro interior. Pero a diferencia de esas religiones, el Espíritu Santo tiene unas funciones especificas, como el encargado de corregir el error de la separación, enseñándonos a perdonar y aceptar la Expiación en cada uno de nosotros.
El Jesús de Un Curso de Milagros se nos presenta como un hombre mortal, tan igual a nosotros, cuya diferencia es que fue el primero que realizó completo el plan de estudios del Espíritu Santo en este mundo, y ahora nos ayuda a recorrer el mismo camino que Él hizo. (T-1.II.3:1-13), (T-1.II.4:1-17),
Finalmente, podemos resumir al Espíritu Santo, como aquel pensamiento amoroso que nos recuerda quienes somos como hijos de Dios, nos ayuda a despertar de este sueño ilusorio, y nos conduce delicadamente de regreso a nuestro Hogar eterno a través del perdón. El Espíritu Santo es el Amor que ha latido en tu corazón por siempre y seguirá latiendo hasta el fin de los tiempos, hasta cuándo ya no sea necesario recordar más, pues hemos despertado en el Amor y nos damos cuenta que somos el Amor mismo.