Lea aquí la Introducción a la Segunda Parte
Índice de la Lección 221
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LECCIÓN 221
Que mi mente esté en paz y que todos mis pensamientos se aquieten.
1. Padre, hoy vengo a Ti en busca de la paz que sólo Tú puedes dar. ²Vengo en silencio. ³Y en la quietud de mi corazón —en lo más recóndito de mi mente—, espero y estoy a la escucha de Tu Voz. ⁴Padre mío, háblame hoy. ⁵Vengo a oír Tu Voz en silencio, con certeza y con amor, seguro de que oirás mi llamada y de que me responderás.
2. Y ahora aguardamos silenciosamente. ²Dios está aquí porque esperamos juntos. ³Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. ⁴Acepta mi confianza, pues es la tuya. ⁵Nuestras mentes están unidas. ⁶Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.
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AUDIOS DE LA LECCIÓN 221
A través de Blanca Nivia Morales Contreras.
a través de Martin Musarra
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Comentario Jorge Luis Álvarez Castañeda
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Comentario por Jorge Luis Álvarez Castañeda
¡Que la paz sea con nosotros hoy!
SEGUNDA PARTE - Introducción
Llegamos a la segunda parte del libro de ejercicios. Es un mérito muy grande que vale la pena reconocer debido a lo que implicaba: cuestionar nuestra manera de ver el mundo como lo habíamos vivido, hasta ahora.
Recordemos lo que nos decía Jesús en la introducción al libro de ejercicios. Nos llamaba a leer también el texto para darle una base teórica a las lecciones. Nos decía que: ”Una mente sin entrenar no puede lograr nada”. L. intr. 1: 3. Pues bien. Eso es lo que hemos venido haciendo: entrenar nuestra mente con el sistema de pensamiento del Espíritu Santo.
Nos decía Jesús: ”El libro de ejercicios está dividido en dos secciones principales. La primera está dedicada a anular la manera en que ahora ves, y la segunda a adquirir una percepción verdadera”. L. intr. 3: 1a -3. También nos decía Jesús: ”Si se ha logrado una percepción verdadera en conexión con una persona, situación o acontecimiento, la transferencia total a todo el mundo y a todas las cosas es inevitable. Por otra, parte una sola cosa que se excluya de la percepción verdadera imposibilita sus logros en cualquier otra parte”. (L-int. 5:2-3)
Este tema de la transferencia es muy importante. Hace relación al hecho de que, en mi percepción, no excluya a nada ni a nadie cuando aplique la lección, de tal manera, que lo aplicado a uno se aplique a todos. Así, cuando logre perdonar a un hermano completamente, los he perdonado a todos.
Recordemos lo que es la percepción verdadera: es ver a través de los ojos de Cristo que corrige, por medio del perdón, las percepciones falsas de separación; la percepción verdadera deshace las proyecciones de culpa y miedo y apunta a que contemplemos el mundo real en vez de este mundo de conflicto del ego. La percepción verdadera requiere la intervención de Jesús y el Espíritu Santo. Intervención que tenemos que pedir. Es “nuestra pequeña dosis de buena voluntad”, que nos pide Jesús.
Pues bien. Hemos avanzado hacia adquirir esa percepción verdadera en estas 220 lecciones que han pasado. Así: hemos comprendido que todo lo que nos pasa tiene que ver con los pensamientos que tenemos en nuestra mente; que en todo lo que vemos, vemos el pasado; que la manera como veo y pienso afecta a los demás; que puedo decidirme a ver las cosas de otra manera; que el mundo que veo, lo he inventado yo; que podría ver paz en lugar de conflicto; que Dios siempre está conmigo, es mi Fuente, mi fortaleza, es mi sustento, es mi Luz, es la mente con la que pienso, es el Amor en el que perdono, el Amor de Dios es mi sustento, y la Voz de Dios me habla durante todo el día; que el perdón es la llave de la felicidad; que tengo derecho a los milagros; que soy Espíritu; que soy tal como Dios me creó; que dar es lo mismo que recibir; que la enfermedad es una defensa contra la verdad; que la paz de Dios refulge en mí, ahora; que pongo el futuro en manos de Dios; que todo lo que hago, me lo hago a mí mismo; que no soy un cuerpo, que soy libre, etc.
Hay dos elementos que son constantes, que están implícitos, tanto en la primera como en la segunda parte de las lecciones. Uno es la referencia, a los intereses compartidos: en toda aplicación de las lecciones siempre está la presencia de los hermanos. Practicamos la lección para mejorar nuestra relación con ellos. No es para que se quede en nosotros, únicamente. El otro elemento es la presencia del Espíritu Santo y de Jesús como nuestros Ayudantes, como nuestros guías para la realización de las lecciones. Con Su Ayuda, el objetivo está asegurado.
En la SEGUNDA PARTE Jesús nos dice que ahora no se van a necesitar tantas palabras. Se van a tomar como guías pues ”lo único que nos interesa es tener una experiencia directa con la verdad”.
ACERCA DE LA EXPERIENCIA
La experiencia, vale decir, lo que sentimos, evocamos, vivimos, es lo fundamental. La experiencia, hace relación a Dios. No es algo que se aprende y, por lo tanto, no se puede dar como la visión. La visión, también llamada la visión de Cristo, procede de la mentalidad recta e implica la Guía del Espíritu Santo y de Jesús, al igual que el perdón y la aceptación de la Expiación para nosotros mismos, ve el mundo real, vale decir, un mundo perdonado, un mundo de amor y no de miedo, un mundo de unidad y no separación. La experiencia se revela a sí misma en el momento señalado. La revelaciones, es decir, una relación directa con Dios, son inspiradas directamente por Jesús cuando los Hijos de Dios estén listos para hacerlo, inducen a la experiencia de la relación con Dios. Es el sentir esa experiencia con la verdad de sentirnos Hijos de Dios, de estar ligados a una realidad trascendente que va más allá de este cuerpo, que somos la Paz y el Amor de Dios, que gozamos de grandeza y perfección, etc.
Los ejercicios son sólo un preámbulo para que aguardemos la presencia de Dios. Buscan que nos acostumbremos a tener, diariamente, momentos con Dios, instantes santos, donde podamos reconocer la verdad que somos: no somos un ego, somos el Hijo de Dios. Esta segunda parte tiene como propósito que continuemos aprendiendo a escuchar al Espíritu Santo que puede ayudarnos a que nos decidamos, de corazón, a convertir nuestras vidas en un instante santo permanente. Esta segunda parte se propone que avancemos en el proceso de recordar a Dios. Jesús, nos dice que con sólo invocar a Dios toda tentación desaparece y, en lugar de oraciones, sólo necesitamos invocar Su Nombre. Jesús, está seguro que si seguimos este proceso de perdón y de aceptar la Expiación para nosotros mismos llegaremos a recordar a Dios. Para que Dios dé el último paso y nos conduzca al Cielo.
LECCIÓN 221 - Comentario
Jesús, comienza esta segunda parte destacando la importancia de aquietar nuestra mente, es decir, de parar los juicios. Porque los juicios buscan separar, buscan atacar, buscan fomentar el miedo y no el amor. Si estoy en el miedo no puedo llegar a Dios, no puedo tener la paz ”que sólo Tú puedes dar”.
Se trata de confiar en Dios. De confiar de que siempre está con nosotros. Siempre me está hablando, por eso se trata de, en silencio, escucharlo. Se trata de experimentar la paz de Dios que es indescriptible. Para ello necesito perdonar todos los pensamientos de miedo y de ira que surjan que me alejan de la Paz de Dios. En este proceso no estamos solos. Tenemos el Espíritu Santo y a Jesús para que nos ayuden a escuchar a Dios. Y esta paz, este Amor que experimento, no es para quedarme con él. La paz que tengo dentro de mi mente la extiendo afuera, a mis hermanos. Y ya mi relación con ellos será desde el amor y no desde el conflicto.
Para ello tengo que venir en silencio porque me dispongo a escuchar a Dios. No puedo hacerlo si escucho el ruido del ego. Le pido a Dios que me hable y espero en silencio a que lo haga. Tengo como mi único objetivo a Dios y se han acabado las dudas y tengo absoluta certeza de que Dios me hablará, eso sí, si dejo de lado los pensamientos del ego y abro espacio, en mi mente, para los Pensamientos de Dios.
Con relación al tema del perdón
Nos dice Jesús en el tema especial 1 ¿Qué es el perdón?: "El perdón reconoce que lo que pensaste que tu hermano te había hecho en realidad nunca ocurrió. El perdón no perdona pecados, otorgándoles así realidad. Sencillamente ve que no se cometió pecado alguno. Y desde este punto de vista todos tus pecados quedan perdonados”.
En realidad, lo que me hace perder la paz de mi mente y que impide que mis pensamientos se aquieten es mi falta de perdón. No estoy en paz, no por lo que, supuestamente, me ha hecho mi hermano sino por mis interpretaciones. Interpretaciones relacionadas con el maestro que escoja para ver la conducta de mi hermano. En realidad, mi hermano no cometió pecados que requieran ser castigados. Si veo pecados, es decir, ausencia de amor, es producto de mis proyecciones sobre él. El problema no es de mi hermano sino mío. Por eso, necesito perdonar, con la ayuda de Dios, para que pueda decir: Que mi mente esté en paz y que todos mis pensamientos se aquieten.
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Lección 221 Comentada por Kenneth Wapnick
Que mi mente esté en paz y que todos mis pensamientos se aquieten
Como preludio a nuestra discusión de la Parte II, volvemos a la Introducción del libro de trabajo: El libro de trabajo está dividido en dos secciones principales, la primera que trata sobre la destrucción de la manera en que usted ve ahora, y la segunda sobre la adquisición de la percepción verdadera (W-in.3:1).
El propósito de la Parte I, por lo tanto, ha sido deshacer el sistema de pensamiento del ego. Hemos visto repetidamente que Jesús nos presenta las creencias erróneas y correctas de la mente, apelando a nosotros para que elijamos entre ellas. Habiendo consolidado todo lo que hemos aprendido hasta ahora -suficientemente escogiendo en contra de la especialidad del ego- las lecciones y resúmenes de la Parte II nos ayudan con el siguiente paso: adquirir la verdadera percepción. Una vez que el ego ha sido escogido en contra, escucharemos la voz de Jesús más frecuentemente y comenzaremos a ver más claramente.
(1:1-5) «Las palabras significarán poco ahora. Los usamos pero como guías de los que ahora no dependemos. Por ahora sólo buscamos la experiencia directa de la verdad. Las lecciones que quedan son sólo introducciones a los tiempos en los que dejamos el mundo del dolor y vamos a entrar en paz. Ahora comenzamos a alcanzar la meta que este curso ha establecido, y encontramos el fin hacia el cual nuestra práctica siempre estuvo orientada.»
Jesús no espera que estemos a un paso del Cielo, porque ahora que hemos hecho el trabajo introductorio, comienza el verdadero viaje. De hecho, al final del libro de trabajo nos dice: "Este curso es un principio, no un fin" (W-ep.1:1). Así pues, nos invita a recordar que nuestra meta es "encontrar el fin hacia el que siempre se orientó nuestra práctica"; es esta meta la que da sentido a los ejercicios.
(2:1-2) «Ahora intentamos que el ejercicio sea simplemente un comienzo. Porque esperamos tranquilamente a nuestro Dios y Padre.»
Jesús nos pide que estemos callados, incluso en medio de un día ajetreado. Nos centramos en aprender a silenciar el chillido del ego en nuestras mentes. Escuchamos a Dios nuestro Padre "hablarnos" del Amor que es recordado en la quietud de nuestras mentes tranquilas.
(2:3-7) «Él mismo ha prometido dar el paso final. Y estamos seguros de que Sus promesas se cumplen. Hemos llegado lejos por el camino, y ahora lo esperamos. Continuaremos pasando tiempo con Él cada mañana y cada noche, mientras nos haga felices. No consideraremos el tiempo como una cuestión de duración ahora.»
Es obvio que Jesús no está hablando de tiempo, sino de actitud. Es posible estar físicamente ocupado, pero con una mente tranquila. De hecho, esa es la meta, no que estemos físicamente callados las veinticuatro horas del día, sino que estemos mentalmente callados, aunque el cuerpo esté bastante activo. Jesús nos dice que el suyo es un curso práctico, y por eso no está sugiriendo que neguemos nuestras responsabilidades mundanas, sino que nos exhorta a recordar nuestra responsabilidad primaria: elegirlo a él en lugar del ego.
LECCIÓN 221 - Comentario de Kenneth Wapnick
Encontramos de nuevo una referencia al primer versículo del Salmo 46: "Estad quietos y sabed que yo soy Dios".
(1) «Padre, vengo a Ti hoy para buscar la paz que sólo Tú puedes dar. Vengo en silencio. En la quietud de mi corazón, en lo más profundo de mi mente, espero y escucho Tu Voz. Padre mío, háblame hoy. Vengo a escuchar Tu Voz en silencio y con certeza y amor, seguro que Tú escucharás mi llamado y me responderás.»
No puedo acercarme a Dios con ruido en mi mente, o si está llena de pequeñas oraciones pidiendo pequeñas cosas; es decir, cosas específicas en este mundo; ni puedo acercarme a Él pensando que conozco el camino. Yo vengo sólo en silencio, cuando he vaciado mi corazón (es decir, mi mente) de todos los pensamientos del ego. En ese silencio, Dios -a través de Su Voz- me hablará.
(2:1-2) «Ahora esperamos en silencio. Dios está aquí, porque esperamos juntos.»
Llegamos a Dios a través de nuestra relación con Jesús, quien representa la parte de nuestra mente que ha aceptado la verdad de la expiación; no hemos abandonado nuestra Fuente. Unirse a él es, pues, unirse a la filiación, porque la mente del Hijo de Dios es una.
(2:3-5) «Estoy seguro de que Él les hablará y ustedes escucharán. Acepta mi confianza, porque es tuya. Nuestras mentes están unidas.»
Ya hemos visto muchas veces, y también en el texto, que somos como Jesús y que él es como nosotros. La única diferencia es que no conocemos esta igualdad, que él nos enseñará. Así que necesitamos a Jesús como hermano mayor, para que podamos aprender de él que la impecabilidad que percibimos en él hace eco de la impecabilidad en nosotros mismos.
(2:6) «Esperamos con un solo propósito: escuchar la respuesta de nuestro Padre a nuestro llamado, dejar que nuestros pensamientos se queden quietos y encontrar Su paz, escucharle hablarnos de lo que somos, y revelarse a Su Hijo.»
Ahora sólo tenemos una meta, un propósito, una intención: regresar a casa con Jesús, cuya paciencia con nosotros será recompensada. Nuestro silencio refleja nuestra "llamada inequívoca" y nos permite escuchar la respuesta de Dios de unidad con Él: "una unidad unida como uno".
Kenneth Wapnick Libro de Ejercicios - L.221 www.celebrandoelmilagro.com
Lección 221 Comentada por Oscar Gómez Díez
Que mi mente esté en paz y que todos mis pensamientos se aquieten.
*Introducción a la Segunda Parte*
Iniciamos la segunda parte del Libro de Ejercicios, cuyo objetivo es "adquirir una percepción verdadera," pasar del mundo ilusorio al mundo real. La práctica y la dinámica de las lecciones cambian de manera significativa. Ya no tendremos lecciones extensas, sino de media página en promedio. Las palabras apenas significarán nada ahora. Pues lo único que nos interesa ahora es tener una experiencia directa de la verdad. Las palabras pasan a un segundo plano frente a una práctica, cuyos énfasis están en la meditación, la oración y el silencio.
*TIEMPOS DE PRÁCTICA:*
Se nos plantea conservar y profundizar el esquema de tiempo de las prácticas: meditaciones en la mañana y en la noche de media hora o más, recordatorios de unos minutos cada hora, y respuestas a las tentaciones con la idea o la oración del día. Lo que se pretende es disfrutar las prácticas sin estar midiendo el tiempo, dedicando tanto tiempo como sea necesario a fin de lograr el objetivo que perseguimos.
*EL ÚLTIMO PASO:*
A la medida que avancemos en nuestras prácticas de perdón aprenderemos a contemplar todo con la visión de Cristo, transitando del mundo ilusorio al mundo real, hasta situarnos en las puertas del Cielo. Allí Dios dará el último paso y nos recogerá en Sus brazos. Expresaremos las palabras de invitación que Su Voz sugiere y luego esperaremos a que Él venga a nosotros.
*LA ORACIÓN:*
La única manera de acercarnos a Dios es con amor y gratitud, esa es la oración. Una característica que va a diferenciar esta segunda parte es que vamos a encontrar una pequeña oración con la que nos comunicaremos con Dios. "Y ahora aguardamos en silencio, sin miedo y seguros de Tu llegada." Lo único que tenemos que hacer en esta etapa es invocar a Dios, darle gracias por su Amor y bondad y aquietar la mente.
*LECCIÓN 221*
De ahora en adelante el esquema es: idea del día, oración y un breve texto de enseñanza. Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la oración y si logras memorizarla mejor, hazla tuya. Luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta.
No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Oscar Gómez Díez Libro de Ejercicios L.221 www.celebrandoelmilagro.com
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